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Alfonso García Nuño

Santayana, con placa y sin calle

Cuando alguien pierde su identidad es más fácilmente dominado y sometido, resulta más sencillo modelarlo, esclavizarlo o destruirlo.

Alfonso García Nuño
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Cuando alguien pierde su identidad es más fácilmente dominado y sometido, resulta más sencillo modelarlo, esclavizarlo o destruirlo.
Jorge Santayana. | Wikipedia

Cuando un ayuntamiento le quita a una calle el nombre de alguien que nada tuvo que ver con Franco y se pone como pretexto directa o indirectamente la vinculación con aquel régimen y la noticia se comenta haciendo notar la ignorancia de quienes lo han llevado a cabo, no se hace sino excusar, disculpar o edulcorar el hecho. No creo que se trate de un caso de ignorancia, por muy iletrados que los protagonistas de la noticia sean; lo que parece que se pretende es borrar la identidad de alguien, en este caso, de una nación. Cuando alguien pierde su identidad es más fácilmente dominado y sometido, resulta más sencillo modelarlo, esclavizarlo o destruirlo.

Ahora bien, no solamente se quita el nombre a las calles. Aunque por otras razones, también sufrimos el mal inverso, síntoma de falta de aprecio por uno mismo. Esto viene a colaborar en que la identidad esté ayuna de contenido. Acción y omisión vienen a converger, en este caso, en el mismo punto.

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