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Manuel Pastor

¿Derecha trumpista en España?

Las candidaturas de Donald Trump en 2016 y 2020 fueron el paradigma de un populismo positivo y efectivo, liberal-conservador.

Manuel Pastor
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Las candidaturas de Donald Trump en 2016 y 2020 fueron el paradigma de un populismo positivo y efectivo, liberal-conservador.
EFE

El pasado día 4, nada más conocer los resultados de las elecciones en la Comunidad de Madrid, Pablo Iglesias afirmó: "El éxito de la derecha trumpista y la consolidación electoral de la ultraderecha es una tragedia, pero es lo que ha votado la mayoría con una participación histórica".

Trataré de interpretar (a modo de obituario político) sus palabras:

  1. Con "derecha trumpista" parece referirse al Partido Popular.
  2. Con "ultraderecha" (en otras ocasiones, durante la campaña, algo equivalente a "fascismo") parece referirse a Vox.
  3. El voto de la mayoría en una democracia le parece "una tragedia" (supongo que para él, para Podemos y para sus aliados).

Mi amigo el politólogo y excanciller de la Universidad de Minnesota Steven J. Rosenstone publicó, con sus colaboradores, un estudio empírico sobre los terceros partidos y candidatos en los Estados Unidos cuyo subtítulo resumía muy bien la tesis de la obra: Third Parties in America. Citizen Response to Major Party Failure (PUP, Princeton, 1984).

Frente al fracaso de los partidos del establishment, la originalidad y mérito de Trump, siguiendo las pautas precedentes de Ross Perot, Pat Buchanan, Newt Gingrich y el Tea Party, será no crear un tercer partido sino penetrar y transformar el Partido Republicano, la gran coalición liberal-conservadora existente.

No voy a ser exhaustivo, pero el trumpismo, a mi juicio, se caracterizó esencialmente por una valiente política pro-vida, una enérgica guerra cultural y retórica contra la corrección política y por su decisión de resolver la tríada de problemas que destacó Lou Dobbs en The Trump Century (2020): Jobs, Immigration, China.

Son aleccionadores los porcentajes en las elecciones autonómicas de Madrid. El establishment partitocrático o bloque anti-Trump lo componen PP, Cs, PSOE, MM, UP-IU… casi el 90 por ciento de los votos (todos perfectamente ubicables en el amplio espectro ideológico del Partido Demócrata norteamericano actual, desde los centristas Joe Manchin y Kyrsten Sinema, pasando por Mike Bloomberg, Joe Biden, los Clinton y los Obama, hasta Bernie Sanders, Kamala Harris, AOC, BLM y Antifa).

Es decir, no solo las formaciones convencionales del bipartidismo imperfecto (PP y PSOE tradicional), sino toda la serie de aspirantes a centristas (bisagras o veletas, vivos o zombis) y populistas de izquierdas (UP-IU, MM, sector podemizado del PSOE) infectados por el viejo comunismo, que siempre aspirará a la superpartitocracia de un Partido/Estado totalitarios.

Vox, el modesto y castizo trumpismo español (por su firme actitud contra el aborto y la eutanasia, así como contra la inmigración ilegal), solo representa un 9 por ciento.

Con la posible excepción de Isabel Díaz Ayuso, en el PP se han pronunciado claramente como antitrumpistas una mayoría de dirigentes y notables, como, por ejemplo, Aznar, Casado, García Egea, Feijóo, Fernández Lasquetty, García Margallo, Rupérez, etc.

El absurdo delirio izquierdista de identificar al trumpismo con el fascismo ha contado con el apoyo irresponsable de ciertos intelectuales progresistas, como el idiota político (descanse en paz, no cuestiono sus méritos en literatura comparada) Harold Bloom, que banalizó el término y lo empleó como insulto contra el Tea Party y el trumpismo. El papanatismo antifa español ha llevado a todas las izquierdas a usar el mismo insulto contra Vox y a veces incluso contra el sector ayusista del PP.

Fue patético que el profesor Gabilondo lo hiciera en algún momento, como el silencio de Ciudadanos ante tales insultos.

Cuando, en marzo de 2016, dije en una entrevista para La Razón que Trump podía ganar, y a partir de 2017 hasta 2021 publiqué varios artículos favorables a su presidencia, muchos de mis amigos en el grupo-red Floridablanca, que presidí discretamente hasta 2018 (lo había fundado en 2012, con Florentino Portero y otros, como instituto universitario), pensaron que era un excéntrico o que me había vuelto un poco loco.

Algunos de los que así pensaban abandonaron el PP en el que militaban y están hoy en la órbita de Vox, dándome la razón.

Las candidaturas de Donald Trump en 2016 y 2020 fueron el paradigma de un populismo positivo y efectivo, liberal-conservador, frente al elitismo del establishment y el sectarismo de la partitocracia (sistemas donde anida la corrupción en las democracias occidentales). En España estamos muy lejos del porcentaje del electorado estadounidense (casi 75 millones de votos) que apoyó el trumpismo el pasado noviembre. Por sospechas fundadas de fraude electoral masivo, no estamos todavía seguros de poder llegar a conocer el porcentaje que realmente votó a Joe Biden.

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