Menú

La Ilustración Liberal

Entonces no había nadie

En 1999 no había internet. Bueno, en realidad sí, pero no en lo que se refería al liberalismo, al menos en español. A finales de año abrió sus puertas Neoliberalismo.com, fundado por el incombustible exiliado cubano Adolfo Rivero Caro, pero casi nadie sabía de sus esfuerzos en España, así que su web no podía servir de ayuda a quienes tuvieran interés en el pensamiento liberal. ¿Qué quedaba, entonces? Una revista en papel, de periodicidad aleatoria, llamada La Ilustración Liberal.

Mi generación y sus alrededores, los que terminaríamos fundando el Instituto Juan de Mariana, nos acercamos al liberalismo por dos vías, no necesariamente excluyentes. La primera pasaba por escuchar a Federico Jiménez Losantos; la segunda, por ser alumno de Jesús Huerta de Soto. La Ilustración Liberal fue especialmente importante para quienes seguimos el primero de los dos caminos, aunque también termináramos por recorrer, siquiera brevemente, el segundo. Porque una cosa es que nos gustaran las ideas y la coherencia con que hablaba Federico en la radio, y otra bien distinta que conociéramos qué había detrás. Éramos, o eso nos parecía, liberales; pero no sabíamos muy bien en qué consistía eso en el fondo.

Muchos, o por lo menos yo, pasamos de Revel y quizá alguna lectura más a La Ilustración Liberal, que nos sirvió para irnos formando. Aprendíamos de Enrique Ghersi que eso de la privatización del mar no sólo no era un imposible, sino que parecía la única solución razonable para explotar los recursos marítimos asegurándonos de que no desaparecieran. Leíamos al propio Federico, a Vidal-Quadras o a Alicia Delibes denunciar los desastres de la educación y aprendíamos por Lucas Beltrán el pensamiento económico del padre Juan de Mariana.

Muchas de estas lecturas las hicimos ya en internet, donde los archivos de la revista esperaban a ser devorados mientras los impacientes acudíamos a los escasos puntos de venta donde tenían el último número en papel, que nunca sabíamos si había salido ya o no, si aún estaba en el kiosco o si el único ejemplar se lo había llevado otro. La Ilustración Liberal ofrecía una manera más sencilla de formarse en los más variados temas, y permitía enfocar las compras de libros en aquellos huecos que dejaba, o en los asuntos que nos merecía más la pena profundizar.

Entre las firmas de aquellos primeros números también había una serie de escritores, como José Ignacio del Castillo, Jesús Gómez Ruiz o Antonio Mascaró Rotger, que, siendo de nuestra misma generación, o al menos algo más cercanos que las primeras firmas de la revista y, ya también, de Libertad Digital, habían seguido una vía bien distinta de acercarse al liberalismo. Escribían sobre economía, globalización o ecologismo con un conocimiento muy superior al que podía tener yo entonces. Ellos habían seguido el otro camino, el duro, el de las lecturas y las clases (con suerte) de Huerta de Soto. Unos y otros acabaríamos compartiendo un proyecto común. Pero eso es adelantarse.

Liberalismo.org

Leía La Ilustración Liberal, Libertad Digital y un número cada vez mayor de libros, y me pareció que estaba aprendiendo demasiado como para no aprovecharlo de algún modo. ¿Y cómo podía hacerlo un informático especializado en internet? No se les ocurre nada, ¿verdad? Pues a mí tampoco se me ocurrió eso de montar una página web de divulgación del pensamiento liberal, claro que no.

Tomando como base una web francesa llamada Catallaxia, que conocí a través de La Ilustración Liberal, definí la secciones que debería tener un sitio web así con la ayuda de un jovenzuelo de 17 años que por aquel entonces discutía con su profesora de economía del instituto por no ser, ella, suficientemente liberal. Lo había conocido en uno de los "Diálogos en Libertad" que Losantos comenzaba a tener con sus lectores de Libertad Digital. Liberalismo.org no sólo debía contener una serie de textos que divulgaran el ideario liberal, con sus infinitas variantes y matices, sino servir como punto de encuentro de todos los liberales hispanohablantes, por lo que abrimos también foros y, dos años después, una serie de blogs. Aquel muchacho estudiaría luego Economía y Derecho y se convertiría en el Juan Ramón Rallo que hoy es jefe de opinión de Libertad Digital y director del Observatorio de Coyuntura Económica del Instituto Juan de Mariana. Pero me estoy adelantando, otra vez.

Durante aquellos meses de 2001 estuve programando un sitio web que respondiera a los requisitos, mientras escribíamos algunos de los artículos que debía tener antes de abrirlo al público. Y buscando material con el que completar Liberalismo.org comencé a escribir con más esperanza que certezas a diversas personas para que nos cedieran sus textos. En todos estos años no me he encontrado con casi ninguna negativa. Como no lo fueron las dos primeras peticiones: al hoy difunto Rafael Termes, al que no llegué a conocer en persona, y a una dirección anónima de La Ilustración Liberal que resultó estar atendida por Javier Rubio, quien además me propuso, con un valor casi suicida, escribir una columna de internet para Libertad Digital.

No deja de ser sorprendente. A principios de 2001 estaba aprendiendo de los libros, de La Ilustración Liberal y de Libertad Digital. A finales de ese mismo año escribía ya en el diario y había montando una web que se convertiría en una referencia y un punto de encuentro para muchos liberales de ambas orillas del Atlántico.

En pocos meses, y a raíz de una carta al director en que le discutía algunas ideas, Francisco Capella me invitó a acudir al seminario de doctorado de Huerta de Soto, quien me había enviado un lote de libros suyos cuando recibió uno de mis correos electrónicos en que le pedía permiso para reproducir sus artículos en Liberalismo.org. Ahí empezaría a conocer a algunas de las personas de las que tanto había aprendido, como José Ignacio del Castillo o el propio Paco. Y a algunas de las que no tenía noticia, como un canario con más aspecto de galán cinematográfico que de estudioso de la economía llamado Gabriel Calzada o la cara amable del liberalismo hispano, José Carlos Rodríguez.

Mientras tanto, algunas de las relaciones que comenzaba a cultivar a raíz de la web fueron fructificando. Recuerdo una reunión en la cafetería Galaxia a la que acudieron Fernando Díaz Villanueva y Alberto Illán, dos de los liberales virtuales que había ido conociendo merced a Liberalismo.org. O un acto de Reporteros sin Fronteras, donde vi por primera vez a Mario Noya, el señor que actualmente se encarga de La Ilustración Liberal y de un sinfín de cosas más. Sin haberlo planeado en ningún momento, me estaba convirtiendo en una suerte de puente entre un núcleo de liberales que ya se conocían desde hacía años, gracias al seminario de Huerta de Soto y a sus propias reuniones en la cafetería Sotoverde, y un grupo de gente completamente heterogénea que había encontrado en Liberalismo.org un lugar donde no sentirse tan solo por ser liberal.

Red Liberal

Los días que transcurrieron del 11 al 14 de marzo de 2004 supusieron un duro golpe para muchos. El peor atentado de la historia de España, y la fácil manipulación del mismo gracias al descuido de un frente ideológico –el internacional– en el que la derecha jamás ha disputado la batalla a la izquierda, nos dejó a muchos con un sentimiento de tristeza e impotencia. No porque el PP perdiera las elecciones –entre otras cosas porque para un liberal lo esencial no es quién ostente el poder, sino lo que haga con él–, sino por la manera en que sucedió todo. Tuvimos la impresión de que daba lo mismo la realidad: lo importante era la percepción que tuviera la sociedad de la realidad, y ahí poco podíamos hacer los liberales con los escasos medios con que contábamos.

Esa sensación de impotencia podía producir dos resultados bien distintos: la depresión y el abandono o la necesidad de hacer más, mucho más. Y mucha gente optó por lo segundo. En aquellos días, parte de la derecha se movilizó en la red. Los correos-cadena, siempre con fotos y chistes burlándose de Aznar, se llenaron de imágenes, presentaciones en Power Point y textos críticos de ZP y del grupo Prisa (hubo incluso llamamientos al pirateo de sus descodificadores). Una buena parte de la derecha, liberal o no, se quitó esos días sus complejos, dejó por fin de creerse que la izquierda es moralmente superior.

El PP, qué duda cabe, no se aprovechó entonces de ese estado de ánimo. Estaba comatoso, sin capacidad de reacción alguna. En aquellos meses fue la derecha social la que logró que la política sobreviviera. En mi caso, esa necesidad de reacción se tradujo en la creación de Red Liberal, semana y pico después de las elecciones. Víctor Gago le puso nombre, y la idea fue una evolución de una web, llamada Los Liberales, que agregaba lo que escribíamos algunos en nuestros blogs.

El invento cobró cierta notoriedad dentro de la internet española y ayudó al nacimiento de numerosos blogs liberales, pero no fue la única iniciativa surgida en aquellos días. En posiciones distintas dentro de la derecha, aparecieron páginas como El Zapatazo o Grupo Risa, que no hay que confundir con el espacio del mismo nombre de la cadena Cope, como interesadamente hizo el Gobierno en su día. La derecha, que hasta entonces había tenido una presencia en internet y en la blogosfera más o menos reducida, invadió pacíficamente un espacio que la izquierda, especialmente la antisistema, había considerado tradicionalmente suyo.

Naturalmente, aquello no podía ser visto con buenos ojos por el monopolio mediático socialista, para quien todo aquel que esté a la derecha de Gallardón –es decir, todo aquel que sea de derechas y se defina y defienda como tal– es por definición de extrema derecha o, más coloquialmente, facha. Poco después de que Juan Luis Cebrián comentara que había que poner controles para que internet no se desmandara, El País publicó una columna donde se denunciaba el "escoramiento ideológico" hacia "la derecha más reaccionaria" de una red de páginas web. Para su autor, manifestarse frente a las sedes del PP era un ejercicio espontáneo encomiable, y lo que hacían los sitios web de la derecha una "red de pensamiento agitativo". Después harían copias de esa red, pero de izquierdas: su principal éxito ha sido organizar congresos con dinero público.

Sólo habían transcurrido seis meses y Red Liberal ya era mayor de edad. A nuestro siguiente proyecto le costaría un poquito más.

El Instituto Juan de Mariana

Prisa nos metía el cuerno, pero nosotros ya estábamos dando el próximo paso. Desde el verano de 2004 estábamos intentando dar forma a una organización en la que tuviéramos cabida todos los liberales, los de Federico y los de Huerta, que produjera estudios y albergara debates y, al tiempo, cuidara la formación de las nuevas generaciones que estuvieran por venir... y la de las nuestras, que siempre hay cosas que aprender en los campos más variados.

El cerebro, el corazón, las piernas y al menos uno de los brazos de esta nueva asociación fue Gabriel Calzada. El nombre, tras unos escarceos con la posibilidad de que fuera "1812", terminó siendo Instituto Juan de Mariana. El proyecto consistía en dar estructura a algo que llevábamos haciendo ya un par de años: nos reuníamos, exponíamos un tema y debatíamos sobre él, y crecer a partir del grupo que habíamos formado entre los veteranos de Sotoverde y los que nos pegábamos en internet.

La fundación oficial se produjo en marzo de 2005. El IJM inició sus actividades públicas al mes siguiente, con una serie de conferencias sobre el calentamiento global y el Protocolo de Kyoto.

En aquellos momentos en que la crisis aún no había exacerbado el intervencionismo y el derroche estatal, el ecologismo –que no la ecología– era el mayor aliado en el crecimiento del Estado. Un aliado que empleaba la ciencia con fines y métodos bastardos, politizándola hasta la náusea, empleando su nombre para lograr imponer sus fines a los demás. Así que desde el principio fue el blanco principal al que lanzamos nuestros dardos, aunque no fue ni mucho menos el único. De hecho, nuestro primer estudio estuvo dedicado a presentar la sociedad de propietarios como alternativa al paradigma imperante del Estado del Bienestar.

Múltiples artículos, conferencias y apariciones en los medios llevaron a que en octubre de 2007 El País nos dedicara la amorosa definición de "enemigos de la ciencia". Quizá habían aprendido de Losantos que la mejor manera de reducir el impacto de un rival, cuando tienes en tu mano todos los resortes mediáticos, es ignorarlo, de ahí que tardaran bastante más en hacerse eco de nuestra existencia que en el caso de Red Liberal. En cualquier caso, les sirvió de poco. El Instituto Juan de Mariana ya acumula en sus vitrinas los premios Templeton y Fisher, y un estudio realizado por algunos de sus miembro sobre la falacia de que las subvenciones a las energías renovables crean empleo ha llegado a los principales medios del mundo (Wall Street Journal, The Economist, The New York Times…) y obligado a la Casa Blanca a dar una respuesta, tan ridícula que provocó las risas de los periodistas presentes en esa rueda de prensa.

Además de la presencia en la prensa y en la red, la principal tarea del IJM ha sido la formación de los liberales más jóvenes –y también, para qué engañarnos, de nosotros mismos–. Ya vamos por la tercera Universidad de Verano, y son incontables las conferencias en nuestra sede, pequeña pero coquetuela, de la madrileña Calle del Ángel. Tenemos miembros repartidos por toda España y parte del extranjero, y en este año, cuarto centenario de la publicación del Tratado y discurso sobre la moneda de vellón de Juan de Mariana, el primer tratado monetario moderno, no esperamos sino seguir creciendo.

Para muchos de los que participamos de este proyecto, La Ilustración Liberal fue nuestro punto de partida, y todavía hoy esperamos con ilusión la publicación de cada nuevo número. Que después de diez años y cuarenta números siga viva y en perfecto estado de revista (nunca mejor dicho) nos hace confiar también en nuestro propio futuro. ¡Larga vida a la ilustración!