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La Ilustración Liberal

Libro Pésimo

Marx 'reloaded'

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Aunque no lo crea, alienado lector de algún país occidental, usted vive bajo un "totalitarismo económico", abducido por la "ilusión de la ciudadanía". Se cree usted libre pero no es más que una marioneta de los poderes económicos establecidos, que le obligan a comprar adictivamente, convirtiéndole en un yonki de la producción industrial y del trabajo estajanovista que lo que gana se lo gasta en comprar todos esos productos, de la Xbox al iPad pasando por la cafetera Nesspreso, que realmente no necesita para nada.

Usted cree que hace lo que le da la gana, pero no. De Telecinco al New Yorker pasando por el último estreno de Hollywood o la versión minimalista de una ópera de Shostakovich en el Teatro Real, todo está programado para hacerle pasar el rato; para que mate el tiempo y no se dé cuenta de lo que realmente pasa.

¿Y que qué es lo que realmente pasa? Afortunadamente, Carlos Fernández Liria (CFR) y Luis Alegre Zahonera (LAZ) han optado por tomar la pastilla roja y han conseguido liberarse de la opresión hipnótica de ese sutil y universal Matrix que es la sociedad capitalista. Y ahora han convertido dicha pastilla roja (rojo socialista, claro) en el libro El orden del capital. Por qué seguir leyendo a Marx.

Parafraseando la película de los hermanos Wachovski, la tesis de CFR y LAZ es:

El capitalismo nos rodea. Está por todas partes. Incluso ahora, en esta misma habitación. Puedes verlo si miras por la ventana o al encender la televisión. Puedes sentirlo cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia, cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad.

Para sacarnos del engaño ubicuo y revelarnos la verdad de la buena, los dos filósofos echan mano del espectro filosófico de Marx, el mismo que Felipe González asesinó en el Congreso Extraordinario del PSOE del año 1979. Sin embargo, por causa de la crisis económica que embarga al capitalismo, de Estados Unidos a Japón pasando por la UE, Marx vuelve a estar de moda; por eso filósofos católico-postmodernos como Gianni Vattimo proclaman: "Sólo un ideal fuerte, como el comunismo, puede salvarnos"[1]. Y por eso, junto a documentales sobre la crisis económica keynesianos[2] o liberales[3], se ha elaborado un diagnóstico documental en clave marxista sobre los males económicos que nos asolan: Marx reloaded[4].

En el mejor de los supuestos, a Marx hay que volverlo a cargar porque sus profecías sobre el derrumbe del capitalismo fueron refutadas; entonces se transformó en una espantosa religión fundamentada en una ética del odio de clase, una política de exterminio del enemigo, una ontología contradictoria y una epistemología basada en la fe revolucionaria. Pero para CFR y LAZ, al toro del capitalismo, ese que adorna Wall Street y un día fue potente y feroz, sólo cabe darle la puntilla. Y el estoque de matar tiene un nombre grabado (a sangre y fuego, añadimos nosotros): Karl Marx.

Mientras que los Stiglitz[5] o los Rallo[6] tratan de refundar económicamente el capitalismo, unos desde el Estado y otros desde el Mercado, CFR y LAZ se empeñan en reformular el comunismo marxista con una variación interesante frente a la ortodoxia escolástica del dogma izquierdista: tratan de recuperar los valores éticos y políticos de la Ilustración, despreciada por la tradición de extrema izquierda por "burguesa" y "formal". Para la paleoizquierda, el Estado de Derecho no es sino la racionalización de la opresión de la clase propietaria de los medios de producción sobre la inerme clase trabajadora. Sin embargo, CFR y LAZ inventan un “marxismo republicanista” que trataría de hacer convivir la tensión dialéctica y belicosa de la extrema izquierda proclive al terrorismo como herramienta de acción política con, el Dios de la Crítica de la Razón Práctica les perdone, Kant y su sapere aude. Así, titulan la primera parte "Rescatar a Marx del marxismo". Lo que supone, además, una refutación de sí mismos porque no tratan, entre la cobardía conceptual y la inanidad en la praxis, de alejarse lo más mínimo de esa tradición que ellos mismos sentencian (en el apéndice se ponen la venda antes de que les lluevan las pedradas de su secta filosófica: "Breve apunte como prevención a posibles malentendidos").

Si la civilización occidental consiste en Ilustración + Capitalismo = Liberalismo, CFR y LAZ tratan de sustituir en la ecuación el miembro económico por Comunismo (y Liberalismo por su consecuencia lógica, el Anarquismo). El Estado de Derecho no se complementaría con el Mercado como institución de creación y redistribución económica, sino con otra variante burocrática, el Estado Planificador. Para ello han de sortear el flanco débil que terminó por hundir cualquier pretensión científica o pragmática del marxismo: su teoría del valor. Porque si hay algo que finalmente llevó a pique al comunismo fue su incapacidad para, siguiendo la teoría del valor de Marx, transformar los valores de uso en valores de cambio. Que es como saber calcular en una navegación la latitud pero no la longitud: en ese caso, lo más probable es que por mucha pericia que tenga el capitán de la embarcación, finalmente ésta naufrague, dejando un rastro de víctimas y desolación.

Pero el proyecto económico-filosófico de CFR y LAZ naufraga antes de haber salido siquiera a puerto, con un ojo puesto en la contemporaneidad de Hugo Chávez y su revolución bolivariana y otro en el pasado del Terror de Robespierre[7]. Pero como en el caso del terrorista estatal francés, la renovación de Marx que tratan de hacer CFR y LAZ no es sino una mascarada, una vuelta de tuerca a la escolástica marxista más rancia, que sigue racionalizando la violencia como "partera de la historia". Y de nuevo se vuelve a cuestionar la democracia parlamentaria.

Nostálgicos del paraíso nunca encontrado ("¿Qué modelo defendemos? El comunismo"), sin embargo no tienen el desparpajo retórico ni la caradura mediática de reivindicar, como hace Slajov Ži�ek, los "buenos tiempos" del estalinismo (que le llevó al ridículo más gracioso si no fuese patético de defender que Stalin tenía “más pelotas” que Hitler porque el soviético, a diferencia del nazi, sí que intentaba hacer lo imposible, como la colectivización forzada que llevó a la muerte a millones de personas en la URSS[8]. También le parece terrible, eso sí. Imposible y terrible, es decir, heroico, sublime...).

La falta de agallas, por decirlo en la expresión de Zizek, es al menos garantía de que lo que fue una filosofía trágica, la de Marx, se repita reloaded, en la pluma de CFR y LAZ, como simple, anecdótica e inane farsa. Cuando Bertrand Russell comunicó a Gottlob Frege que el proyecto de toda su vida, consistente en fundamentar la lógica en la teoría de conjuntos, era imposible, dado que había descubierto un conjunto contradictorio, el filósofo alemán tuvo la honestidad intelectual, y las agallas, de reconocer su fracaso. Sin embargo, los comunistas, una vez sepultados sus sueños utópicos con la caída del Muro de Berlín, no sólo son incapaces de reconocer su fiasco, sino que tratan de introducir el círculo marxista dentro de la cuadratura kantiana. En definitiva, un libro pésimo porque se refuta a sí mismo, como el conjunto de todos los conjuntos que no se pertenecen a sí mismos.

Carlos Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero, El orden de 'El Capital', Akal, Madrid, 2010, 656 páginas.


[1] V. la entrevista que le hizo Francesc Arroyo y publicada por El País el pasado 5 de diciembre.

[2] Inside Job, de Charles Ferguson. V. mi crítica en Libertad Digital: "El timo de la estampita capitalista" (1-IV-2011).

[3] Fraude, del Instituto Juan de Mariana. Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=_KG4c9n30Xg

[4] Marx reloaded, de Jason Baker. Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=fMAf8AMF8Zs

[5] Joseph E. Stiglitz, El precio de la desigualdad, Taurus, Madrid, 2012.

[6] Juan Ramón Rallo, Una alternativa liberal a la crisis, Deusto, Barcelona, 2012.

[7] En este sentido, también es paradigmático que desde la izquierda se trate de reivindicar de nuevo a Robespierre. Véase, por ejempo, la novela de Javier García Sánchez Robespierre o la biografía de Peter McPheee Robespierre, una vida revolucionaria, ambas con una aproximación revisionista al dictador que escribió: "Si el resorte del gobierno popular en tiempos de paz es la virtud, el resorte del gobierno durante la revolución es, al mismo tiempo, la virtud y el terror; la virtud sin la cual el terror es mortal; el terror sin el cual la virtud es impotente".

[8] Slavoj Zizek, Visión de paralaje, FCE, 2006.

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