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La Ilustración Liberal

Varia

El papel de Noruega en los Acuerdos de Oslo

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Un académico noruego llamado Terje Roed Larsen arribó en 1989 a Israel y a los territorios administrados con el objeto de llevar a cabo un estudio sobre las condiciones de vida de los palestinos en Gaza, la Margen Occidental y Jerusalén Oriental. Larsen había estado viviendo junto con su esposa, Mona Juul, en El Cairo, donde ella trabajaba en la embajada noruega. Egipto había sido la primera asignación de la joven diplomática, y su marido decidió aprovechar la oportunidad para investigar la posibilidad de realizar estudios sociales sobre el Medio Oriente. Larsen a su vez era director de FAFO, el Instituto de Ciencias Sociales Aplicadas, que él fundó en 1981. En El Cairo, la pareja noruega contactó con un hermano de Yaser Arafat, el doctor Fathi Arafat, presidente del Cuarto Creciente Palestino y director del Hospital Palestino en El Cairo, quien sugirió que FAFO realizara la investigación sobre las condiciones socioeconómicas en los territorios. Los fondos para la financiación del proyecto fueron suministrados por el Ministerio de Relaciones Exteriores noruego.

En el país nórdico, la comunidad académica y diplomática están estrechamente enlazadas. El entonces canciller era Thorvald Stoltenberg y el viceministro, un joven académico llamado Jan Egeland, quien había trabajado para Amnesty International y la Cruz Roja en Ginebra. Mona Juul era amiga de Egeland y fue elegida por el canciller como su asistente. La hija del canciller, Camilla Stoltenberg, trabajaba con Larsen en FAFO. La coautora del estudio de Larsen fue Marianne Heiberg, una socióloga casada con Johan Jorgen Holst, entonces ministro de Defensa noruego y ulterior sucesor de Stoltenberg. Cuando Holst falleció, en 1993, fue sucedido por Bjorn Tore Godal, exministro de Comercio. En un país de apenas cuatro millones de habitantes, no es raro encontrar tal cercanía entre las elites políticas e intelectuales. Pero el interés de este grupo en asuntos palestinos excedía lo meramente académico. Estas elites representaban la nueva orientación filosófica presente en la política exterior noruega desde principios de la década de los setenta. Uno de los aspectos más curiosos del canal secreto de Oslo radica precisamente en el hecho de que Noruega, un país tan cultural y geográficamente alejado del Medio Oriente y relativamente marginal en la arena de la política internacional, haya logrado dar forma y luego mantener un canal secreto entre nada menos que dos de los actores más centrales en la historia política contemporánea del Medio Oriente. El hecho es que Noruega no era un novato en la región. En las cuatro décadas precedentes había mantenido fluidas relaciones con Israel y durante las dos últimas había cultivado fuertes y cercanos nexos con la OLP.

Noruega mantuvo cálidas relaciones con Israel desde el establecimiento mismo del Estado judío, algo que quedó reflejado en la política exterior del país escandinavo durante las primeras dos décadas de la existencia israelí. Israel era percibida como una nación pacifista en un estado de permanente amenaza existencial, a punto tal que en varias ocasiones el Partido Laborista noruego lanzó campañas proisraelíes con el elocuente eslogan “Dejen vivir a Israel”. Asimismo, la orientación socialista original de Israel, expresada en el movimiento kibutziano (granjas agrícolas socialistas), despertó admiración y simpatía en la calle y el poder noruegos. Pero a partir de finales de la década de los sesenta esta situación comenzó a cambiar. Luego de la Guerra de los Seis Días, la actitud noruega se tornó más crítica respecto de Israel, sobre todo entre los miembros de la nueva generación de políticos de izquierda, quienes veían la causa palestina con mayor simpatía. Especialmente vocal en este sentido fue la organización juvenil del Partido Socialista (AUF), en la cual participaban muchos de quienes en 1992 serían instrumentales en la creación del canal secreto entre israelíes y palestinos. Algunos de ellos eran apasionados defensores de la doctrina de la OLP. Por ejemplo, Bjorn Tore Godal, futuro ministro de Exteriores, en su capacidad de presidente de la AUF aprobó en 1971 el siguiente comunicado:

La AUF apoyará las fuerzas que luchan por la liberación social y nacional del pueblo palestino. La condición para una paz duradera debe ser que Israel deje de existir como Estado judío y que se establezca un Estado palestino progresista, donde todos los grupos étnicos puedan vivir lado a lado en completa igualdad.

Terje Roed Larsen, quien sería luego el padre del canal secreto de Oslo, escribió por su parte en 1977, como miembro del comité editorial de Palestine News:

No a una solución de dos Estados (...) apoyamos la batalla para la liberación de toda Palestina.

Mientras que la tradicional posición proisraelí cedía ante la emergente orientación propalestina, las relaciones con la OLP se expandieron gradual pero significativamente. Durante la primera mitad de la década de los setenta habían acontecido contactos informales con la OLP, pero a partir de la segunda mitad de dicha década fueron activamente promovidos. Especialmente diligente en crear lazos con la jerarquía de la OLP fue Hans Willhelm Longva, desde 1978 embajador noruego en Beirut y posteriormente embajador en Kuwait. Desde su posición en Beirut, Longva estableció contacto con Yaser Arafat, desarrolló una buena relación con el líder palestino y participó en los futuros esfuerzos de mediación. En 1974 Noruega votó a favor de invitar a Arafat a disertar ante la ONU, aunque meses más tarde votó en contra de brindar estatus de observador a la OLP ante el organismo (esto se debió al negativo impacto doméstico que tuvo la primera decisión). A fines de la década de los setenta la tendencia propalestina era visible: políticos, diplomáticos y militares noruegos mantenían reuniones con oficiales de alto rango de la OLP. Hasta tal punto tenía Noruega la intención de cuidar su relación con la organización palestina que cuando, hacia fines de la década de los setenta, en el contexto de las negociaciones entre israelíes y egipcios en Camp David, frente a una demanda de la Administración norteamericana respecto de si Noruega estaría dispuesta a garantizar suministros de petróleo a Israel como alternativa a Irán, la cancillería escandinava instruyó a su embajador en Beirut para que discutiera el tema con Arafat para averiguar cuál era su posición.

Para principios de los ochenta, Noruega estaba firmemente encaminada en el sendero marcado por otros partidos socialistas europeos, especialmente Austria y Suecia, en lo relativo a la modalidad de relaciones con la OLP. El titular del Partido Laborista, Reiulf Steen, se reunió con Arafat en diciembre de 1982. Dos semanas después, una delegación oficial laborista visitó Túnez. Entre quienes pasaron el año nuevo en 1982 junto al titular de la OLP estaban Knut Frydenlund, excanciller, y Thorvald Stoltenberg, futuro canciller. En abril de 1983 Arafat viajó a Estocolmo, donde se reunió con la entonces primera ministra noruega, Gro Harlem Brundtland, quien posteriormente se refirió al titular de la OLP de la siguiente manera: “Encuentro en Arafat una persona interesante y conocedora. No me he topado con un extremista”. En enero de 1989 Stoltenberg realizó la primera visita oficial de un ministro noruego de Exteriores a Túnez, donde residían los dirigentes de la OLP. Desde entonces los vínculos se potenciaron. En vista de estas muestras públicas de propalestinismo, no es sorprendente que cuando, en 1991, el partido socialista sueco perdió las elecciones, el canciller saliente, Sven Anderson, hombre con fuertes nexos con la OLP, le dijo a Egeland que Suecia le estaba pasando la antorcha a Noruega. Tampoco sorprende que Arafat haya aprobado la participación noruega en el canal secreto, ni que prominentes figuras palestinas, como Abu Mazen y Abu Ala, “se hayan expresado de manera lírica en sus halagos sobre los noruegos”.

Con todo, Noruega era bien considerada no solo por la OLP, también en círculos diplomáticos israelíes. De hecho, fue en gran medida la imagen de imparcialidad atribuida a su política exterior lo que permitió a la nación escandinava desempeñar el rol de mediador entre israelíes y palestinos e iniciar el canal secreto de Oslo. Noruega no tenía ambiciones globales, en consecuencia no sería vista como un competidor por los Estados Unidos, de quien era un aliado. Su pertenencia a la OTAN le brindaba prestigio, en tanto que su no pertenencia a la Unión Europea aumentaba su imagen de imparcialidad ante los israelíes, en contraste con la actitud generalmente hostil del bloque europeo hacia el Estado judío. Noruega además buscaba promover su imagen como mediador de paz. Anecdótico quizás sea el hecho de que Jan Egeland, ex vicecanciller, escribiera en sus tiempos de estudiante una tesis que abordaba el tema de cómo pequeñas naciones pueden ser exitosas en la facilitación de negociaciones allí donde las potencias fracasan. El anhelo de promover la reputación internacional de una nación está siempre presente en la filosofía política de los Estados, pero el ahínco con el que los mediadores noruegos se volcaron en la construcción, mantenimiento y posterior afianzamiento del canal secreto de Oslo, llevándolo hasta su exitosa conclusión, es un testimonio de la profundidad de sus convicciones.

El origen del canal secreto de Oslo puede remontarse al 28 de febrero de 1992. Aquel día, Abu Ala, responsable de las finanzas de la OLP, se encontraba en Oslo. La situación financiera de la OLP históricamente había estado cubierta por un grueso velo de secrecía tejido por el propio Arafat, pero para principios de 1992 ya era vox populi su precariedad. Para Abu Ala especialmente, eso no era ningún secreto. El oficial palestino se encontraba en Europa presentando un documento en el que esbozaba su visión de la cooperación económica regional en el Medio Oriente. En otras palabras, el plan de salvataje financiero de la OLP.

En junio de 1994 Terje Roed Larsen fue nombrado coordinador especial de la ONU en los Territorios Ocupados por el entonces secretario general, Butros Butros-Ghali. Posteriormente se convirtió en el enviado de la ONU para el proceso de paz. Su esposa, Mona Juul, fue designada embajadora noruega en Israel.

Egeland y Juul quedaron bien impresionados por el documento del financista palestino. Esa misma tarde, Juul telefoneó a su marido a su oficina de FAFO: “Terje, habla Mona; tienes que encontrarte con este hombre que acaba de venir al ministerio. Se llama Abu Ala, de la OLP en Túnez, y yo simplemente sé que ustedes tendrán un montón de cosas en común”. Terje Larsen informó al oficial olpista de su proyecto de investigación y de su interés en desarrollar relaciones entre israelíes y palestinos. De reflejos rápidos, Abu Ala instó al académico noruego a que persuadiera a los israelíes asegurándole que contaría con el apoyo de la OLP. En menos de tres meses, Larsen se encontraba almorzando en Tel Aviv en un restaurante hindú con un joven diputado del Partido Laborista israelí, el Dr. Yosi Beilin. Tal como su par noruego, Beilin era un académico que había fundado su propio centro de investigaciones, la Fundación de Cooperación Económica, dedicada a la promoción de vínculos económicos entre israelíes y palestinos. Larsen explicó al diputado israelí que los palestinos estaban cansados de la intifada y que la OLP estaba dispuesta a tomar contactos con los israelíes. A continuación ofreció su asistencia para crear un canal discreto de contactos entre Israel y la OLP, y señaló que si las próximas elecciones llevaban al laborismo al poder, la oportunidad no debería desperdiciarse. Beilin respondió favorablemente y contactó a Larsen con Yair Hirshfield, profesor de la Universidad de Haifa e investigador en la fundación de Beilin. Larsen facilitó un encuentro entre Beilin y Faisal Huseini en el American Colony Hotel, en Jerusalén oriental, donde discutieron la posibilidad de crear un canal de negociaciones paralelo a las tormentosas tratativas de Washington.

Tres días más tarde, el laborismo ganó las elecciones en Israel. Isaac Rabín asumió como primer ministro, nombró a Simón Peres ministro de Relaciones Exteriores y Yosi Beilin, vicecanciller. Larsen rápidamente restableció contacto con Beilin, y en septiembre el vicecanciller noruego visitó oficialmente Israel acompañado por Mona Juul. El 12 de septiembre, Larsen, Juul y Egeland se reunieron discretamente con Beilin e Hirshfield en un hotel de Tel Aviv, donde acordaron una secreta reunión en Oslo entre Beilin y Huseini. Este encuentro debió ser postergado, y análoga suerte corrieron otros. Túnez los estaba bloqueando, y de esa forma marcaba su presencia (Huseini, se recordará, pertenecía al liderazgo palestino local). Noruegos e israelíes decidieron incluir seriamente a la OLP en el show. Pero en Israel existía una ley que prohibía contactos entre israelíes y miembros de la OLP; en consecuencia, Beilin trabajó detrás de las cortinas para que fuera revocada y el 2 de diciembre de 1992 la primera lectura de su propuesta fue aprobada por el Parlamento israelí.

Técnicamente la ley aún estaba vigente, con lo cual Beilin no podía oficialmente participar en reuniones con representantes de la OLP, pero sí podían Yair Hirshfield y un colega y exalumno de este último, Ron Pundak, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Mediante los oficios de Hanan Ashrawi (la vocero oficial de la delegación palestina en Washington), Hirshfield se reunió con Abu Ala y Afif Safieh (el representante de la OLP en Londres) el 4 de diciembre a las 10 am en el hotel Cavendish, cerca de Picadilly Circus. El mismo día, a las 8 pm, nuevamente se reunieron Hirshfield y Abu Ala, esta vez en el hotel Ritz, y allí la idea de entablar un canal secreto de contactos en Oslo cobró más forma. Abu Ala regresó a Túnez y presentó un breve informe a Arafat. Si bien Hirshfield aclaró que el encuentro no era oficial, que él era un académico sin autoridad para hablar en nombre de nadie y que sus palabras no comprometían a Israel ante nada, la OLP razonó que difícilmente estuviera actuando por su propia y exclusiva iniciativa y que algún grado de autorización oficial debía de haber recibido. Al tanto de las conexiones de Hirshfield con Beilin, la OLP descartó la posibilidad de estar tratando con un profesor universitario en busca de conocimiento y decidió dar curso al diálogo exploratorio. “No había riesgos para nosotros”, escribió Abu Mazen, director del Departamento de Relaciones Nacionales e Internacionales de la OLP y el segundo en la jerarquía de la organización. “Si el diálogo resultaba ser fructífero, obtendríamos algo que estábamos buscando, y si resultaba ser solamente un diálogo informal con un académico, no podía dañarnos. Así es que no podíamos perder nada”, concluyó. Dos semanas más tarde, Larsen viajó a Túnez a reunirse con Arafat y Abu Ala, quienes dieron el visto bueno para la inauguración del canal secreto en Oslo. Los noruegos telefonearon a Beilin para darle las buenas noticias y él confirmó su disposición a entablar contactos con miembros de la OLP, pero en esta fase solo por medio de los académicos israelíes. Beilin advirtió de que el secreto debía ser absoluto y de que, en caso de que hubiera filtraciones a la prensa sobre los encuentros, él lo negaría todo.

El primer encuentro se produjo al amparo de un encuentro académico organizado por FAFO entre el 20 y el 22 de enero de 1993 en Noruega. La Cancillería noruega se ocupó de solventar los gastos de alojamiento en una mansión de la localidad de Sarpsborg. A esas alturas los únicos que sabían del encuentro eran Yaser Arafat, Abu Ala, Abu Mazen, Hasán Asfur y Maher al Kurd, por parte de la OLP (los dos últimos, acompañantes de Ala); y Yosi Beilin, Yair Hirshfield y Ron Pundak por la de Israel, así como el equipo de académicos y diplomáticos noruegos (la primer ministro y el canciller noruegos habían aprobado la iniciativa). El secreto era un factor crucial para el progreso de las negociaciones. La experiencia de Madrid y Washington era un ejemplo apropiado de cómo un alto nivel de exposición periodística podía llevar todo el emprendimiento al fracaso. Las tratativas iniciadas en Madrid y continuadas en Washington estaban siendo conducidas ante la permanente atención de los medios de comunicación. Cada declaración pública de algún oficial demandaba una retractación o confirmación de sus superiores y una reacción de la otra parte. Una vez que israelíes y palestinos habían hecho públicas sus posiciones, era muy difícil modificarlas posteriormente, lo que derivó en un endurecimiento de las posturas negociadoras y terminó estancando el ejercicio diplomático, al reducirlo al nivel de circo periodístico. Para evitar esta situación, la discreción era fundamental. Un día antes del primer encuentro secreto, el 19 de enero, el Parlamento israelí anuló la ley que prohibíalos contactos con la OLP. La cautela de Beilin en cuanto a mantener el canal informalmente generó ansiedad entre los negociadores palestinos, quienes no lograban determinar hasta qué punto los académicos israelíes representaban al establishment político de su país y temían que, cualquiera fuere el acuerdo alcanzado, sería vetado por el Gobierno israelí sobre la base de que las palabras de los académicos nunca habían sido oficialmente autorizadas. Los palestinos recordaban muy bien el precedente del Acuerdo de Londres de 1987, alcanzado entre el rey Husein y Simón Peres posteriormente vetado por el socio de Peres en el Gobierno, Isaac Shamir, del partido Likud.

La sospecha palestina aumentaba en función de la generosidad de los académicos israelíes, quienes ya en el primer encuentro expresaron su disposición a negociar el estatus de Jerusalén, algo inadmisible para la cultura política israelí en 1993. Durante el segundo encuentro, llevado a cabo el 11 de febrero, la buena predisposición de los académicos israelíes alcanzó proporciones insólitas. Dijo Hirshfield: “Aquí debo aclarar algunos de los trazos de nuestra nueva política hacia ustedes: se concentra en la necesidad de mejorar las condiciones en la Margen Occidental y Gaza incluso si genera efectos negativos sobre la economía israelí”. Para asegurarse de que sus colegas palestinos comprendieran bien el punto, Pundak insistió: “Otro aspecto de la nueva política se concentra en dar una oportunidad al desarrollo de la economía allí [en los territorios] sin considerar las repercusiones sobre nuestra economía”. Desacostumbrados a tales muestras de generosidad en el Medio Oriente, los negociadores palestinos concluyeron que ese era el marco ideal para la elevación de todas sus demandas. Tal como escribió Abu Mazen: “Notamos que las líneas rojas israelíes apenas habían sido definidas, hecho que permitiría a nuestro equipo plantear todos los temas que consideráramos necesarios en los siguientes encuentros...”. Pero la OLP entendía que si las ofertas israelíes no contaban con apoyo oficial, todo el diálogo sería una pérdida de tiempo, ergo demandaron que el mismo fuera oficializado.

Recién en el sexto encuentro, el 21 de mayo, se unió al canal secreto el primer oficial israelí: Uri Savir, director general del Ministerio de Relaciones Exteriores. Para entonces el canal secreto contaba con el beneplácito del canciller Simón Peres. Para no despertar sospechas, Savir voló de Tel Aviv a París, visitó al embajador israelí en Francia, cumplió con las formalidades diplomáticas e informó al embajador de que no necesitaría escolta diplomática por los siguientes dos días, dado que acudiría al festival de Cannes. Luego se dirigió a la habitación de su hotel, desacomodó las sábanas de la cama, tiró un par de toallas al piso, dejó parte de su equipaje, colgó el cartel de Ne pas dérangez S.V.P. en la puerta y se marchó hacia el aeropuerto Charles De Gaulle a tomar un vuelo hacia Oslo vía Copenhague.

Para cuando Savir se incorporó a las negociaciones, cuatro meses habían transcurrido y un borrador de un acuerdo había sido redactado. La falta de experiencia en negociaciones diplomáticas de los profesores, así como su interés en la economía, más que en aspectos de seguridad, quedó reflejado en el texto del borrador con referencias a proyectos de cooperación económica y joint-business ventures. Rápidamente Savir descubrió que los aspectos de seguridad habían sido completamente ignorados y preparó un informe para Simón Peres. Antes de que Savir regresara a Israel, se decidió que Larsen actuaría de nexo entre Túnez y Jerusalén y se estableció un código de comunicaciones: Arafat era “el padrino”; Abu Mazen, “el fantasma sagrado”; Abu Ala, el “número uno”. Etc. Otro tanto del lado israelí: Rabín era “el padrino”; Beilin, “el hijo”; Savir, el “número uno”, etc.

En Jerusalén, Peres presentó a Rabín el informe armado por Savir, y el premier reaccionó con gran escepticismo. Al tanto de que los académicos no habían recibido entrenamiento como negociadores y de que Savir nunca había participado en negociaciones entre israelíes y árabes, Rabín decidió solicitar la opinión del abogado Yoel Singer, un excoronel del Ejército israelí que trabajó en el departamento legal del Ministerio de Defensa. Singer había participado en las negociaciones con los egipcios en 1979, había trabajado para Rabín cuando éste fue ministro de Defensa y además poseía una formidable reputación de ser firme en las negociaciones. Singer fue contactado en Washington DC, donde trabajaba para el prestigioso estudio legal Sidley & Austin, e inmediatamente tomó un vuelo a Israel para examinar un documento “muy confidencial”, tal como le dijeron. “¿Qué se supone que es esto?”, gritó Singer luego de ver el documento y de arrojarlo contra la mesa. “¡Esto no es el borrador de un acuerdo! ¡Es una pizca de cruda sensiblería!”. Al recordar aquel momento, Singer escribió en 1998:

El borrador de Oslo había sido escrito de manera poco profesional, y en un inglés pobre. Algunas de las ideas me parecían confusas, y otras estaban demasiado inclinadas hacia los palestinos. Yo tenía respeto por Peres, Beilin y sus asistentes, pero temía que, en su entusiasmo por obtener un acuerdo, se hubieran extralimitado. No estaba particularmente impresionado por sus historias de química entre las partes en Oslo. Desde mi punto de vista, la química tenía que ser combinada con la física, es decir, había que posicionar los intereses israelíes lo más firme posible. Así es que les advertí, en los términos más francos, de que no firmaran semejante documento.

Como resultado de las recomendaciones de Singer, Rabín ordenó a Peres detener las negociaciones secretas. Sin embargo, el ministro de Exteriores logró convencer al primer ministro de que revertiera su decisión y, con la condición de que Singer se uniera al club Oslo, Rabín aceptó. “Quiero oír de tus propios labios si la oferta de la OLP es real. Debes ir a Oslo”, dijo Rabín a Singer. El séptimo encuentro en Oslo, el 13 de junio, contó con la presencia de Singer. Al siguiente encuentro Singer presentó los requisitos básicos que deberían preceder a la firma de cualquier acuerdo entre Israel y la organización palestina: que la OLP reconociera el derecho a la existencia del Estado de Israel; que la OLP reconociera las resoluciones de la ONU 242 y 338; que la OLP renunciara al terrorismo y que la OLP proclamara inoperativos los artículos de la Carta Nacional Palestina que contradijeran el espíritu del proceso de paz. Estos puntos fueron introducidos por primera vez el 27 de junio, es decir, cinco meses después del inicio del canal secreto. Fue a partir de este momento que los negociadores palestinos comprendieron que, después de todo, Israel sí tenía sus líneas rojas. Las negociaciones continuaron sobre estos y otros temas a lo largo de otras cuatro reuniones; hasta que en el duodécimo encuentro, el 14 de agosto, una seria crisis estalló y la posibilidad de que el canal secreto cerrara emergió en el horizonte. Peres decidió lanzar una operación de salvataje y el 17 de agosto viajó a Estocolmo a reunirse con Joahn Joergen Holst, el canciller noruego. Las negociaciones continuaron por teléfono con Holst, Peres y Singer en Estocolmo, Rabín en Tel Aviv y Arafat, Abu Ala, Hasán Asfur y Yaser Abd Rabo (un nuevo integrante del club) en Túnez. Después de siete horas y nueve llamados entre Túnez y Estocolmo, más un número similar de llamados entre Estocolmo y Tel Aviv, las restantes diferencias fueron superadas.

Tres días más tarde, el 20 de agosto, el día que Peres cumplió 70 años, el acuerdo fue completado y firmado en Oslo. Para la ceremonia, los mediadores noruegos (con el consentimiento de Peres) trajeron especialmente de un museo la mesa de roble sobre la cual se había firmado la secesión noruega de Suecia, en 1905. El servicio secreto noruego filmó el acto, que comenzó a las 2:45 am. El mismo día, nueve soldados israelíes habían muerto a manos del Hezbola, lo que llevó a Peres a solicitar que la ceremonia tuviera un perfil bajo. “La sangre y el champán no encajan”, señaló solemnemente. Los dictados de la discreción y el secreto, tan cruciales para el éxito de las tratativas, representaron una carga extra para los miembros del club Oslo. Para mantener los encuentros clandestinos lejos de la atención de la prensa y del cuerpo diplomático acreditado en Oslo, los mediadores noruegos modificaban continuamente los lugares de reunión. A su vez, para eludir a los servicios de inteligencia asentados en Europa, los negociadores israelíes y palestinos triangularon sus vuelos y emplearon rutas menos usuales, evitando Fráncfort y Londres, por ejemplo. Se pergeñaron excusas para el caso de que se toparan con algún conocido inesperado. En el Ministerio de Exteriores israelí, los viajes frecuentes al extranjero de Uri Savir fueron explicados aduciendo que estaba negociando discretamente asuntos económicos con gobernantes del Golfo Pérsico. Cuando Savir y Singer viajaron juntos por primera vez a Oslo en junio, el vicecanciller noruego, preocupado, los recibió con un informe de France Presse que decía que se estaban realizando reuniones secretas entre oficiales de la OLP y de Israel en Noruega. Afortunadamente, ese mismo fin de semana escritores israelíes y palestinos estaban reunidos en Oslo, y los mediadores noruegos hábilmente desviaron la atención periodística hacia aquel acontecimiento. En otras oportunidades, algunas indiscreciones de los miembros del club provocaron inquietud. A finales de junio Simón Peres anunció públicamente que era inminente un acuerdo entre israelíes y palestinos, cuando el canal paralelo de Washington no mostraba otra cosa que estancamiento. La OLP expresamente pidió a Peres que controlara su excitación, pues sus declaraciones estaban despertando sospechas en círculos árabes y forzando a la OLP ya no a abstenerse de difundir la noticia, sino a negarla totalmente. Peres respondió argumentando que él necesitaba ir preparando a la opinión pública israelí. El temor a las filtraciones obligó a la OLP a prescindir de asesoría legal a lo largo de todo el proceso. Taher Shash fue el primer abogado en revisar el documento… durante la última sesión en Oslo. Sobre la OLP pendía un delicado dilema: por un lado debía mantener en secreto el canal de contactos para evitar intromisiones de la prensa y, más importante aún, minimizar reacciones hostiles dentro de su propia organización, y en el mundo árabe y musulmán en general; pero, por otro lado, la OLP necesitaba generar el apoyo político regional que garantizara el éxito de las negociaciones.

Aquí la OLP también comenzó a lidiar con algunas de las secuelas de haber generalizado su causa en el pasado. Tal como explicó Abu Mazen: “Al haber considerado la cuestión palestina un tema de [preocupación para] todos los árabes y musulmanes, cualquier facción árabe o musulmana, de cualquier importancia, podía demandar su porción en el proceso de toma de decisiones palestino”. De común acuerdo entre ambas delegaciones, Israel informó a los Estados Unidos y la OLP a Egipto. Por su cuenta, la OLP discretamente puso al tanto de los contactos secretos a Túnez, Arabia Saudita, Marruecos y Rusia. Los rusos protestaron eventualmente la falta de cortesía israelí de haberlos mantenido ignorantes del canal secreto, y los israelíes hicieron saber su desagrado a los palestinos por su falta de tacto diplomático. Quien se sintió verdaderamente ofendido por no haber sido informado fue el monarca de Jordania, a quien ni israelíes ni palestinos hicieron mención alguna del canal secreto. Considerando que casi cien personas sabían del mismo –entre noruegos, israelíes, palestinos, norteamericanos, rusos, egipcios, marroquíes, tunecinos y saudíes–, fue un verdadero milagro que los medios de comunicación no se enteraran de las negociaciones por un período de casi nueve meses… por no hacer mención a los varios servicios de inteligencia estacionados en Europa y el Medio Oriente.

Al contrario de lo tradicional en negociaciones internacionales, en las que un Estado define su agenda y envía luego a sus emisarios a negociarla, los Acuerdos de Oslo sufrieron un proceso inverso: tanto el liderazgo de la OLP como el israelí fueron prácticamente tomados por sorpresa. El secreto significó para Israel que ningún experto en seguridad participara o fuera informado del canal de contactos. Ningún oficial del Mosad, la inteligencia militar o cualquier otra agencia participó en la confección del acuerdo más crucial de toda la historia de la joven nación. Hasta que Singer se incorporó a las discusiones, Isaac Rabín no tuvo el beneficio de una asesoría imparcial, dado que Peres, Beilin, Savir y los académicos eran conocidos por sus tendencias en pro del diálogo con los palestinos, y es razonable asumir que su propio entusiasmo influyera en su comportamiento. Dore Gold, exembajador israelí ante la ONU, lo expresó así:

Para cualquiera de ellos, tras las consultas iniciales, la conclusión de que había que interrumpir el contacto con Arafat hubiera significado enterrar una de las cuestiones de fe más importantes para la izquierda israelí.

Como resultado de una excesiva dependencia de académicos que no tenían experiencia diplomática y que avanzaron posiciones que contravenían la filosofía tradicional de la política exterior israelí, una vez que las discusiones fueron elevadas a nivel oficial los negociadores israelíes debieron pasar los siguientes cuatro meses haciendo concesiones tan solo para desconocer algunos de los puntos que los palestinos y los profesores israelíes ya habían acordado. El temor a que información sobre el canal secreto trascendiera a la esfera pública creó una presión adicional por finalizar el documento. “Estábamos histéricos por las filtraciones”, dijo Uri Savir. El apuro quedó reflejado en el acuerdo. Luego de ver el borrador, el primer abogado israelí en estudiarlo acotó: “Lo lógico hubiera sido tirarlo y empezar todo de nuevo”. Pero Singer recibió instrucciones de no hacer modificaciones significativas: “Tal como me explicaron en la cancillería, las negociaciones se habían prolongado durante seis meses y los palestinos estaban ansiosos por firmar en uno o dos encuentros. Si yo introdujera cambios sustantivos, dijeron, todo el proceso podría colapsar”. Revelador de este hecho es el siguiente diálogo mantenido durante la sesión final del canal secreto, el 20 de agosto de 1993. Aquí Singer intentó, en vano, lograr que la OLP emitiera un llamamiento público a la interrupción de la intifada.

El diálogo tuvo lugar once horas después de que las iniciales hubieran sido puestas sobre la Declaración de Principios (el documento firmado, en inglés DOP):

–Singer: Respecto a los siete puntos, sé que el texto está en árabe ¿tiene un texto en inglés?
–Abu Ala: Bueno, tenemos una traducción no oficial.

–Singer: ¿Puede pasarnos el texto traducido?
–Abu Ala: Será mejor que lo lea [leyó lentamente].

–Singer: Entiendo, a partir de su conversación con Savir e Hirshfield, que ustedes rechazan nuestra demanda de que detengan la intifada, que ustedes no pueden garantizar que será detenida.
–Abu Ala: La intifada no puede ser detenida con una decisión. Mire lo que está sucediendo en Egipto. El Estado toma decisiones, pero hay grupos que trabajan en su contra. Por ende, no se trata de un tema de decisiones. Es necesario que trabajemos juntos para ganar el favor del pueblo; pero no tomar una decisión que nos ponga en confrontación con el pueblo. Esto no servirá a la paz que estamos buscando. Y, tal como usted notó en el texto que leí, hay una clara mención a la seguridad y a la paz. La intifada es una forma de resistencia a la ocupación y a la injusticia. Las razones por las que la intifada estalló deben ser removidas.

– Singer: No estamos autorizados a discutir ahora el texto o sus borradores, ergo tan solo podemos reflexionar. ¿Hay una fecha específica en la cual la intifada pueda terminar?
–Abu Ala: Cuando haya progreso práctico y genuino que consolide el proceso de paz, la gente misma cambiará de conducta, pero no puede ser detenida por una decisión. La intifada no es un feriado.

–Singer: ¿Puede Túnez emitir una proclama que llame al fin de la intifada?
–Abu Ala: No, eso no es posible. La intifada continúa porque sus causas continúan y, a menos que haya progreso tangible, continuará.

–Singer: ¿No puede la OLP pedir al pueblo que sea positivo y ponga término a la intifada por otros medios? ¿Decirles que vayan a trabajar en lugar de cargar piedras y reemplace la violencia con la cooperación?
–Abu Ala: No hay lugar para eso en el comunicado. El comunicado menciona el terrorismo, al que nos oponemos, y la seguridad, que apoyamos. El progreso debe estar en la práctica. Permítame hacerle una pregunta: ¿quieren a una OLP débil o fuerte?

–Singer y Savir: La queremos fuerte.
–Abu Ala: Bien, pongámonos de acuerdo con el comunicado que contiene vuestras garantías. Cuando haya progreso en la práctica, automáticamente pediremos a nuestro pueblo que se oriente hacia lo constructivo.

–Singer: ¿Puede decir que la continuación de la intifada es incompatible con la DOP que hemos acordado?
–Abu Ala: La intifada no es un edificio que pueda ser demolido, pero podemos agregar al comunicado que estamos entrando en una nueva fase, por ejemplo.

–Singer: Quedé muy bien impresionado por su discurso de apertura. Contiene palabras y expresiones que pueden ser mencionados en el comunicado. La DOP está llena de expresiones que significan paz y cooperación. ¿Por qué no puede la OLP decir: “Detengan la intifada”?
–Abu Ala: La DOP es un paso fundamental hacia la paz y refleja el cambio en la política de la OLP. En consecuencia, el actual comunicado y el documento son suficientes.

–Singer: Usted ha mencionado a Uri Savir el borrador de otro comunicado que incluye puntos sobre estos temas y cuestiones que hemos planteado. ¿Puedo tener una copia?
–Abu Ala: Lo leeré [leyó el comunicado]. Estas son las ideas de nuestra parte. Espero que tengan presente que ustedes no quieren solamente un pedazo de papel, ni presionar a la OLP. Ustedes necesitan una OLP fuerte. El test real es nuestra cooperación y la implementación de la Declaración de Principios.

La excitación de los negociadores con las tratativas y la premura por obtener un acuerdo con los palestinos restringieron el margen de maniobra de Singer. “Si alguien que no es un médico está practicando una operación de apéndice y en medio de la misma se la pasa a uno, uno no puede simplemente empezar desde el principio”, explicó Singer, ilustrando la razón por la cual la DOP tiene tantos agujeros legales, al punto de que el propio Rabín admitió que se parecía a un queso suizo. Las minutas recién citadas también exponen una táctica palestina, ya presente durante las negociaciones, que pendería luego sobre todo el proceso de paz durante la fase de implementación: el uso de la amenaza de violencia como carta de negociación (en este caso, no detener una revuelta violenta “hasta que haya progreso tangible”, como dijo Abu Ala). Al mismo tiempo, la delegación palestina no podría haber accedido al pedido israelí de frenar la intifada, dado que hubiera sido el equivalente a una admisión de responsabilidad en la administración de la revuelta popular. Solo si presentaba la intifada como un levantamiento espontáneo, no artificial y de perpetuación podía la OLP evitar dañar la naturaleza genuina de la “guerra de las piedras”, a la vez que mantenerla como una carta de negociación.

El 29 de agosto de 1993 –luego de catorce encuentros clandestinos y varios borradores de la DOP–, la prensa israelí publicó la noticia del canal secreto. Israel estaba en shock. En Túnez, Arafat ajustó su seguridad personal y convocó una agitada reunión del Comité Ejecutivo de la OLP. En Gaza y la Margen Occidental, el rumor empezó a circular y los palestinos comprendieron que su futuro cambiaría radicalmente. En Oslo, Holst y Egeland dieron una conferencia de prensa para informar sobre el canal secreto ante un azorado público. En Washington, las delegaciones palestina e israelí recibieron la noticia con asombro y con igual cuota de furia; habían estado conduciendo un circo en las principales capitales del mundo mientras las negociaciones reales eran llevadas a cabo en los bosques de Noruega.

El canal de Oslo fue un éxito fabuloso en la historia de la diplomacia secreta. El 30 de agosto Rabín presentó el acuerdo ante el asombrado Gabinete israelí y aclaró que ningún tipo de modificación podía ser efectuada. Una de las voces más escépticas fue la del jefe del Estado Mayor Conjunto, general Ehud Barak (años más tarde se convertiría en primer ministro), que argumentó que lo de proteger a los colonos israelíes mientras al tiempo que se cedía territorio a los palestinos iba a ser una empresa difícil. El servicio secreto perdería margen de maniobra, y si el experimento fracasaba la reacción internacional impediría a Israel retomar las zonas cedidas a la OLP.

Al final, salvo dos abstenciones, todo el Gabinete votó a favor del acuerdo. La autoridad que desprendía la figura de Rabín contribuyó significativamente a la favorable recepción del mismo. Tal como observó el analista David Makovsky, su pragmatismo y sus credenciales militares lo convertían quizás en el único líder capaz de vender la DOP al Gabinete y al público israelíes. A su derecha, políticos como Benjamín Netanyahu tenían credibilidad, pero no la voluntad para reconocer a la OLP y realizar concesiones territoriales. A su izquierda, políticos como Shimón Peres tenían la voluntad, pero no gozaban de la credibilidad. Rabín poseía ambos atributos.

Mientras tanto, la OLP e Israel aún debían discutir los términos del reconocimiento mutuo. Durante los primeros días de septiembre, los negociadores se reunieron en París para ultimar detalles. Israel reconocería a la OLP sí y solo sí la organización palestina reconociera el derecho a la existencia israelí en paz y seguridad, revocaba los artículos de su Carta Nacional que llamaban a la destrucción de Israel, aceptaba las resoluciones 242 y 338 de la ONU, renunciaba al terrorismo y ponía término a la intifada. Ninguna de estas cuestiones había sido acordada en la DOP. Respecto al primer punto, la OLP respondió que reconocería el derecho a la existencia de Israel en “fronteras seguras y reconocidas”. Israel protestó por la ausencia de la palabra paz e insistió en que fuera incorporada. En cuanto al segundo punto, la OLP no aceptó la formulación en el sentido de que la Carta “no está en efecto y no es operativa” y se limitó a conceder: “No está en efecto”. “¡Es lo mismo!”, dijo Abu Ala. “La Carta no ha estado operativa por años, y ciertamente no está en efecto. Hemos decidido reconocer a Israel en 1988”. Los israelíes no comprendían la razón de la actitud palestina. Si era lo mismo, ¿por qué no decirlo, simplemente? (Se recordará además que en la declaración de 1988 Israel fue definida como colonialista, racista y fascista, un reconocimiento no del todo convincente). Los palestinos adujeron además no tener una copia en inglés de la Carta, con lo cual no podrían conjuntamente determinar qué artículos específicos debían ser anulados. Los israelíes presentaron copias en inglés de la misma y finalmente la OLP accedió a la demanda israelí y se comprometió a modificar la Carta a futuro. La OLP aceptó las resoluciones de la ONU, renunció formalmente al terrorismo y Arafat prometió llamar a su pueblo a orientarse en el sendero de la normalización de las relaciones con los israelíes, pero sin nombrar la palabra intifada.

Dennis Ross, diplomático norteamericano muy involucrado en negociaciones de paz entre israelíes y árabes, recomendó que la carta en la que la OLP declarara su renuncia al terrorismo incluyera una frase de que aquella no solo renunciaba a la violencia, sino que disciplinaría a los individuos o grupos que recurrieran a ella, algo que estaría en concordancia con el Acta Antiterrorista norteamericana. Singer rápidamente abrazó la sugerencia. La OLP, por su parte, demandó correspondencia en el reconocimiento y además quería un compromiso israelí de que instituciones palestinas en Jerusalén Oriental no serían cerradas. Israel accedió al primer pedido y aceptó el segundo con la condición de que dichas instituciones tuvieran un carácter no político y no estuvieran asociadas a la OLP o la Autoridad Palestina (el organismo creado para gobernar a los palestinos). Peres dio el visto bueno, pero pidió que esta promesa israelí no fuera hecha pública. Abu Ala exigió un compromiso escrito, el cual se materializó en una carta enviada por Peres a Holst, que Abu Ala aceptó no publicar.

Se escribieron cuatro cartas que especificaban estos asuntos, y que legalmente complementan a la DOP: el reconocimiento del Estado de Israel por parte de la oLP (en una carta de Arafat dirigida a Rabín), el reconocimiento de Israel a la OLP (en una carta de Rabín dirigida a Arafat), el llamamiento de Arafat al pueblo palestino a renunciar a la violencia (en una carta de Arafat dirigida a Holst) y un compromiso israelí de no cerrar instituciones palestinas no vinculadas a la OLP en Jerusalén Priental (en una carta de Peres a Holst, luego revelada por Arafat en un discurso en Johannesburgo). Con indicaciones de Rabín, Arafat debía firmar sus cartas como “Titular de la OLP” y no como “Presidente de Palestina”, tal como acostumbraba hacer desde 1988. Además, Rabín indicó que no había necesidad de agregar la palabra estimado en la correspondencia israelí hacia Arafat. Arafat decidió hacer otro tanto.

La Administración norteamericana anunció que la ceremonia formal de la firma de los acuerdos sería efectuada en la Casa Blanca el 13 de septiembre. Peres lo haría en nombre del Estado de Israel. La contraparte palestina, Faruq Qadumi, se oponía a los acuerdos, ergo no los firmaría. Este atisbo de complicación diplomática cobró mayores magnitudes cuando Arafat dejó saber que él quería participar en la ceremonia, lo que demandaría que Rabín esté también presente. Luego de intensos contactos a 48 horas de la ceremonia, ambos fueron invitados. Abu Mazen fue seleccionado como el oficial que firmaría el acuerdo en representación de la OLP.

El 12 de septiembre, la delegación israelí partió de Tel Aviv rumbo a Washington, mientras que el contingente palestino abordó un avión de Túnez con destino a la capital norteamericana. A último momento Arafat decidió que su esposa no lo acompañaría. Abu Mazen temía que Suha capturara la atención de la prensa norteamericana a expensas de Arafat y compartió esta inquietud con su jefe, quien determinó que Suha viera la ceremonia por televisión desde Túnez.

A las 5 am del 13 de septiembre –a seis horas del inicio formal de la ceremonia de tres mil invitados, con personalidades del mundo diplomático, político y cultural, y millones de televidentes–, el teléfono sonó en la habitación de Aviv Gill, secretario de Simón Peres. Al otro lado de la línea estaba Hasán Asfur, quien le informaba de que Arafat no firmaría el acuerdo a menos que se introdujera un “cambio cosmético”. Arafat quería borrar el párrafo en que su agrupación era referida como parte de la “delegación palestino-jordana”, y también que la expresión “equipo palestino” fuera sustituida –a lápiz– por las iniciales “OLP”. Ahmed Tibi, ciudadano israelí asesor de Yaser Arafat que actuaba como intermediario, trasladó la respuesta israelí a la OLP: la primera demanda fue rechazada, la segunda aceptada. Dado que Israel había reconocido a la OLP, Rabín había decidido mencionar a la OLP como signataria del acuerdo, pero solamente al final del documento. Como Peres explicó, el Gabinete israelí había aprobado la DOP letra por letra, por ende era imposible efectuar cambios. Arafat notificó su desagrado y ordenó a Tibi informar a Peres de que regresaba a Túnez. “Si ese es el caso”, respondió Peres, “déjennos saber cuándo se marchan, así también nos vamos nosotros”.

A las 8:45 am los miembros de la delegación palestina se reunieron en la suite de Arafat para discutir el tema. A las 9:35 am Hanan Ashrawi señaló que se estaba haciendo tarde para llegar a tiempo a la Casa Blanca. Al final, Peres dijo a Tibi que las iniciales de la OLP serían insertadas en el documento. Luego Tibi se las ingenió para extraer una concesión más: que la corrección fuera tipeada en lugar de ser escrita con lápiz. A las 10:10 am Tibi telefoneó a Arafat para informarle de la “buena nueva”, a lo que el titular de la OLP respondió enviando dos besos, uno para Tibi y uno para Peres.

La comitiva palestina arribó a la Casa Blanca media hora antes del inicio de la ceremonia, y Arafat y Abu Mazen fueron introducidos en un hall. Mientras, Hayel al Fahum, miembro de la delegación palestina, bajo instrucciones de la OLP solicitó al jefe de protocolo ver el texto del documento. Para su sorpresa, los cambios acordados no habían sido implementados, las iniciales de la OLP no figuraban en ninguna parte. El oficial palestino informó al asesor legal norteamericano de que tenía estrictas instrucciones de no presentar la DOP a Abu Mazen si no incluía las modificaciones. El asesor legal consultó a Simón Peres, quien confirmó la autenticidad del cambio y sugirió que Abu Mazen tachara “delegación palestina” y la reemplazara con las iniciales de la OLP antes de firmar el documento. Los palestinos aceptaron, indicando que en ese caso Peres debería firmar el documento después que Abu Mazen para que la modificación quedase legalmente aprobada, pero el asesor legal norteamericano respondió que, según las normas del protocolo, Peres debía firmar primero. Al final, la última página de la DOP fue velozmente retipeada y agregada a todos los originales, en tanto que el cambio fue hecho a mano en el preámbulo, y las iniciales de Yoel Singer y Hayel al Fahum, agregadas al margen.

A las 11:10 am, con una demora de diez minutos, la ceremonia de la firma del primer y ultrafamoso acuerdo palestino-israelí comenzó.

Bibliografía

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Savir, Uri. The Process: 1.100 Days that Changed the Middle East (Nueva York: Vintage Books, 1998).

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