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Santiago Navajas

Los hombres que inventaron el feminismo: Poullain de la Barre

En un ambiente ilustrado, subversivo y rebelde, Poullain de la Barre defiende que el espíritu es idéntico en hombres y mujeres.

Santiago Navajas
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En un ambiente ilustrado, subversivo y rebelde, Poullain de la Barre defiende que el espíritu es idéntico en hombres y mujeres.
Poullain de la Barre | Alamy

Por las mismas fechas que el muy católico Benito Feijóo regaba el árbol del feminismo, que había plantado Cervantes, en España, en Francia lo hacía el muy calvinista (antes católico) Poullain de la Barre. Toda Europa estaba siendo azotada por el vendaval racionalista que había puesto en marcha el también católico Descartes, derribando tradiciones obsoletas, creencias desfasadas y prejuicios arraigados. El orbe intelectual se había puesto a girar alrededor de la discusión, la crítica y la puesta en solfa de los dogmas y mitos que se arrastraban desde antiguo. La creencia en la inferioridad física y moral de las mujeres era uno de esos mitos que habían cristalizado como dogmas.

La Ilustración había llegado también a las mujeres. Si en España habían sido los conventos los que mantuvieron viva la llama del feminismo, de la mano principalmente de Santa Teresa de Jesús y Sor Juana Inés de la Cruz, en Francia fueron los salones literarios los que prendieron el ascua de la reivindicación feminista. Conocidas como las "preciosas" ("poussée précieuse"), por su querencia al estilo elevado y la finura galante, el refinamiento y el elitismo, un grupo de mujeres organizaron tertulias, animaron debates y programaron lecturas que darían lugar a la Academia francesa y a un sin fin de obras filosóficas y literatura epistolar. Serían objeto de burla y mofa por parte de conservadores como Moliere, que en Las preciosas ridículas las tilda de afectadas y superficiales, caprichosas y vanas. Quevedo haría algo parecido en La culta latiniparla, donde se reía de un grupo de culteranas mujeres instruidas englobadas dentro del grupo de "las latinas" (véase el barrio de Madrid en su honor), mujeres cultas entre las que destacaba la hija de Antonio de Nebrija, Francisca de Nebrija, una de las primeras mujeres en impartir lecciones en una Universidad.

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