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La Ilustración Liberal

Reseñas

Mitos, fraudes, mentiras y negocios

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Cada época tiene sus mitos. Podría pensarse que, en la era de la tecnología y la información, las certezas fruto de la razón y los avances científicos iban a acabar con la oscuridad de los tiempos antiguos, en que las construcciones irracionales suplían la necesidad humana de aprehender lo desconocido. No es así. Hoy en día siguen esparciéndose entre la población todo tipo de doctrinas absurdas, que son asumidas como una verdad revelada, que no son sometidas al escrutinio de la razón.

Los medios de comunicación de masas son, a estos efectos, los principales responsables de que en torno a las más candentes cuestiones sociales se haya construido una especie de razonamiento circular en el que, con un lenguaje vacío, se dice a los consumidores de información qué o qué no deben pensar en torno a cada uno de los problemas actuales.

Esta es, grosso modo, la tesis que Javier Barraycoa sostiene en su último libro, con la que no cabe más que estar de acuerdo, a poco que se examinen con detenimiento algunos de los ejemplos en los que la denuncia del autor resulta más pertinente.

Como denuncia Barraycoa, la dictadura de lo políticamente correcto imperante en los medios convencionales actúa como una ordenanza reguladora de los términos en que la información ha de ser mostrada al público. El llamado cambio climático es, tal vez, el asunto en que más se ha desbordado la imposición de la corrección política: cualquiera que cuestione desde posiciones racionales la existencia y gravedad de este supuesto fenómeno se enfrenta a una condena moral. En estos casos no se examinan las razones científicas de quienes discrepan de lo que dice el cotarro político-académico, sino que directamente se hace un juicio sobre la calidad moral de esos insensatos que se atreven a discutir lo que el mundo moderno ha convertido en una verdad revelada no susceptible de fiscalización.

En torno a esta nueva empresa mundial de construcciones mitológicas hay quien ha sabido encontrar un hueco para convertir el mercado del irracionalismo contemporáneo en un lucrativo negocio. Si a principios de los noventa las ONG españolas manejaban unos 40.000 millones de pesetas, hoy en día tienen un presupuesto anual de 2.000 millones de euros. En poco más de una década, estas instituciones han visto multiplicado casi por diez el dinero que controlan, lo que da una idea de la magnitud del fenómeno. En estas circunstancias, resulta inevitable que aquellas asociaciones de voluntarios que se dedicaban a la filantropía sobre el terreno se hayan convertido en multinacionales infestadas de profesionales burocratizados, a cuyo abrigo florecen todo tipo de negocios no siempre relacionados con el objetivo declarado en los correspondientes estatutos, en virtud del cual exigen dinero al Estado; dinero que aportamos todos los contribuyentes, estemos o no de acuerdo con los principios de la ONG de marras y con su forma de llevarlos a la práctica.

No es nada desdeñable la cantidad de instituciones filantrópicas dedicadas a fines políticos que proliferan en las economías occidentales, casi siempre financiadas con dinero público. Se trata de organizaciones con una agenda política muy definida que han llegado a protagonizar verdaderas revoluciones en algunos países con situaciones sociales convulsas. El autor cita el ejemplo del entramado de organizaciones fundadas por el multimillonario George Soros, cuya principal misión fue financiar los movimientos opositores al poder constituido durante la Guerra de los Balcanes, o más recientemente en Georgia, donde una de estas organizaciones pantalla consiguió poner en tela de juicio el resultado de las elecciones legislativas de 2003 a través de lo que se llamó "la revolución de las rosas".

En este libro el lector encontrará múltiples ejemplos de cómo se organiza esta nueva casta profesional para fagocitar la riqueza ajena, en aras de una solidaridad interpretada según sus propios cánones, que no tienen por qué ser compartidos por quienes obligatoriamente nos vemos obligados a mantenerla con nuestros impuestos. En los breves capítulos se analizan los principales mitos contemporáneos que la intelectualidad occidental ha ido construyendo, y la forma en que han sido impuestos por los medios de comunicación de masas para explotar en los ciudadanos comunes un sentido de culpabilidad absolutamente injustificado.

Especial atención deberá prestar el lector al capítulo dedicado a la organización Greenpeace, quizás el icono actual del ecologismo y la sostenibilidad (sea esto último lo que sea), cuyas actividades se encuentran muy próximas al eco-terrorismo de baja intensidad promocionado por Dave Foreman y su grupo radical Earth First!, el mismo que se opuso tenazmente a la ayuda internacional para Etiopía cuando la sequía diezmaba a su población con el argumento de que era necesario dejar que la naturaleza buscara su propio equilibrio(sic).

Las andanzas de McTaggart, uno de sus fundadores, cuya biografía previa a su toma de control de Greenpeace aparece trufada de numerosos escándalos financieros, darán al lector una idea precisa de la calidad moral de quienes han hecho del lavado de conciencias un negocio floreciente. De igual forma, resulta muy interesante la investigación llevada a cabo por el autor para desvelar a qué dedica la citada organización la ingente cantidad de recursos, en su mayor parte de carácter público, que cada año inundan sus arcas. Dos de sus empleados canadienses desvelaron a la prensa, con total ingenuidad, que sólo un cinco por ciento del dinero es destinado a campañas, mientras que el noventa y cinco por ciento restante se diluye en el nebuloso concepto gastos de organización. Ambos fueron despedidos fulminantemente.

El negocio que subyace bajo la parafernalia de los salvadores de la humanidad y el escaso nivel ético de los mismos es el principal yo acuso de este libro. Si alguien continúa teniendo un cierto complejo de culpabilidad ante la avalancha de campañas que la casta de ungidos lanza sobre nuestras cabezas continuamente, debería leerlo sin falta. La verdad es a menudo ingrata, pero mucho peor es vivir en la mentira y, encima, con mala conciencia. En Los mitos actuales al descubierto tiene el lector una excelente vacuna.

Javier Barraycoa, Los mitos actuales al descubierto, Libros Libres, Madrid, 2008, 166 páginas.

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