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La Ilustración Liberal

Intelectuales

Marx y la violencia

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El Manifiesto comunista y la Biblia concluyen de una manera similar: con la promesa de un futuro enfrentamiento, violento y depurador, que de un golpe cerrará toda la historia precedente y abrirá las puertas de un reino paradisíaco sobre la Tierra. Se trata, por cierto, de algo más que de una coincidencia fortuita. El pensamiento revolucionario de Marx desciende de la tradición milenarista cristiana, cuyo núcleo está constituido por la gran profecía del Apocalipsis acerca de un Reino de Cristo que surgirá de la batalla final entre el bien y el mal, entre Cristo y el Anticristo, y que durará mil años (de allí el término milenarismo). Estas son las palabras del texto bíblico:

Esta profecía, así como la descripción de la hecatombe que antecederá la instauración del Reino de Cristo, poco tienen que ver con el mensaje de los Evangelios y menos aún con la figura de Jesús, un mesías desarmado y pacífico, que ellos nos han legado. En el Apocalipsis se recupera, con toda su fuerza, el mesías guerrero del Viejo Testamento, dando origen a una gran cantidad de corrientes heterodoxas cristianas que predicarán y se prepararán para el fin inminente del mundo tal como lo conocemos. Muchas de ellas pasarán incluso a la acción revolucionaria, sintiéndose ya parte de los ejércitos redentores y diciendo encarnar el hombre nuevo y liberado del pecado que será parte del orden divino venidero. Los excesos y baños de sangre en que concluyeron estos movimientos milenaristas militantes, como el liderado por Fra Dolcino en Italia y por Thomas Müntzer en Alemania, anunciaban a su manera los terribles avatares de aquel futuro milenarismo ateo que encontró su gran profeta en Karl Marx.

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