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La Ilustración Liberal

Historia

Wagnerismo catalanista

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En el principio fue el verbo. En concreto, el verbo en lengua catalana, que, tras cuatro siglos de apartamiento, comenzó a ser recuperada como lengua de categoría literaria a mediados del siglo XIX de modo paralelo a lo que sucedía en el resto de Europa con otras lenguas de alcance regional, como el provenzal con el que Frédéric Mistral acabaría consiguiendo el premio Nobel en 1904. Pero ni a Aribau, ni a Rubió, ni a Balaguer ni a Verdaguer se les pudo pasar por la cabeza que el cultivo de la lengua catalana tuviera ninguna dimensión política, y mucho menos aún hostil a España, a cuya grandeza consideraban estar colaborando con su obra literaria.

A la lengua se le irían sumando la exaltación del pasado medieval, tan de moda en la Europa de Walter Scott, Víctor Hugo y Viollet-le-Duc, el deseo de conservar el derecho civil regional, el interés proteccionista y la reivindicación descentralizadora. Con estos componentes se elaboró el cóctel que, hasta entonces minoritario, acabaría explotando en 1898. Porque a partir de aquel triste año, a muchos catalanes, envanecidos por su prosperidad en una España deprimida, les tentó la idea de continuar su camino por separado. Y por eso llegó el momento en el que no pocos intelectuales comenzaron a sembrar todo tipo de diferencias, reales o imaginadas, para justificar ideológicamente el proyecto secesionista.

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