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La Ilustración Liberal

Libro pésimo

Negri y sus multitudes liberticidas

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Negri es un oscuro pensador italiano de esos que consiguen aburrir a los muertos y evitan a los insomnes la ingesta regular de fármacos. Incomprensiblemente, su libro Imperio obtuvo un éxito enorme. Desde entonces se ha encaramado a cientos de tribunas, desde las que se ha dedicado a propagar, al decir de un famoso autor, el manifiesto comunista de nuestro tiempo.

El Marx del siglo XXI es un viejo politólogo que ya en los años 60 agitaba a las masas para que socavaran el régimen vigente. En lugar de apelar a los obreros, tradicional foco de atención del marxismo, Negri consideraba que había que empezar a pensar que el agente de la revolución lo constituían los excluidos del sistema, como los delincuentes. Ellos serían la palanca con la que él y los suyos moverían el mundo.

Quizás por el entusiasmo con que emprendió su crítica del capitalismo, aunque Italia nunca ha sido, precisamente, el paraíso del libre mercado, se le acusó de haber instigado el asesinato del primer ministro Aldo Moro. Asimismo, en 1979 se le imputó un delito de conspiración para derrocar el Gobierno.

Al parecer, a la mujer de Moro la llamaron minutos antes de que a su marido lo mataran los terroristas de las Brigadas Rojas; la voz que escuchó podría haber sido la del propio Negri. No pudo probarse, y el legendario marxista, en lugar de purgar 30 años de cárcel por asociación e insurrección armada contra el Estado, estuvo confinado durante cuatro años. Tras ese periodo de tiempo, y gracias a su inclusión en las listas del Partido Radical y a su designación como representante del pueblo, logró salir de prisión. El valiente pensador escapó a Francia cuando se iba a discutir su inmunidad parlamentaria. Allí, otro socialista, un tal François Mitterrand, impidió que se le extraditara a Italia. Finalmente volvió a la Bota: debe pasar por comisaría una vez a la semana, y se le tiene prohibido salir del país.

Como suele pasar entre la izquierda, no hay delito que no se perdone. A pesar de su pasado, Harvard University Press publica sus obras, el New York Times se deshace en elogios hacia su persona y la revista Time bendice uno de sus últimos textos como "el libro inteligente del momento". Suponemos que estos dos medios pasarán por alto algunas de sus confesiones, como ésta, de la que se hizo eco El País: "Pese a todo, Stalin logró hacer avanzar a la URSS en términos de productividad, a niveles que los talibanes no han logrado. Y la liberación de la mujer en la URSS no me parece que se pueda comparar a lo que ha ocurrido en Afganistán". ¿Se imaginan qué reacción hubiera suscitado una opinión similar referida a Hitler? Seguro que, al día siguiente de su publicación, asociaciones de todo tipo hubieran clamado contra semejante personaje. Lamentablemente, nadie levantó la voz para lamentar que estas opiniones sean claramente apologéticas de un régimen que asesinó a millones de personas en nombre de una sociedad igualitaria.

En el libro que analizamos Negri sigue la estela de sus obras anteriores, especialmente Imperio y Multitud. Se trata de una antología de escritos y conferencias en la que destacan el odio al capitalismo y los llamamientos a la resistencia, llamamientos que, en más de una ocasión, se pueden interpretar como apología de la yihad. Por ejemplo, cuando Negri confiesa estar "con todos los que resisten a la potencia imperial, (…) con todos los que luchan y mueren resistiendo".

Negri vuelve a la carga contra el "Imperio", "un poder soberano que gobierna el mundo, un nuevo modo capitalista de producción". Habla de la globalización. El poder capitalista por excelencia, es, sin duda, los Estados Unidos, que actúa en colaboración de organismos como el G-8 y el Banco Mundial.

Según el ideólogo de las Brigadas Rojas, las fuerzas del mercado desatadas por estas organizaciones están destruyendo las naciones-estado tradicionales y creando un orden global donde lo único que importa es la economía, donde los ricos cada vez lo son más y donde el resto se encuentra cada vez más esclavizado y anestesiado. Para mantener ese orden, el Imperio dice promover la paz, pero se apoya en la guerra, así que hay que estar contra ésta "en cuanto que contra el capitalismo".

Frente al Imperio se alza un grupo de personas, una "multitud" con conciencia de clase y en la que caben desde revolucionarios hasta radicales islamistas, pasando por cualquiera que rechace los valores burgueses. El objetivo es unir a sus componentes y establecer una organización política alternativa que un día supere al Imperio.

El programa multitudinario incluiría una renta garantizada, la propiedad común de los medios de producción y la ciudadanía global, dentro de lo que Negri denomina "democracia absoluta", un sistema en el que la multitud organiza la vida social, económica y política. Recordemos que Marx decía que "el primer paso de la revolución obrera" lo constituía "la elevación del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia", y que el lugar de la sociedad burguesa sería ocupado por "una asociación en la cual el libre desarrollo de cada cual será la condición para el libre desarrollo de todos".

Con una sociedad como la que propone Negri, los pobres serán más pobres y, sobre todo, menos libres. El marxismo sólo dejó tras de sí un reguero de sangre y miseria. Negri y sus secuaces tratan de volver a las andadas. No nos llamemos a engaño.

Antonio Negri, Movimientos en el Imperio, Paidós, Barcelona, 2006, 270 páginas.
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