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La Ilustración Liberal

En la muerte de Milton Friedman

Un apasionado de la libertad

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Ha muerto uno de los más importantes defensores del liberalismo del siglo XX. Milton Friedman, además de premio Nobel y líder de la Escuela de Chicago, ha sido uno de los pocos economistas con renombre en todo el mundo. El fenómeno de la estanflación (inflación sin crecimiento económico) en la década de los 70, algo imposible según la teoría de Keynes, entonces dominante, permitió que las ideas liberales de Friedman y los economistas de su escuela empezaran a tener oídos entre algunos gobernantes. Reagan y Thatcher, que devolvieron el vigor económico a las economías de sus países e influyeron en las políticas de buena parte del resto de Occidente, tuvieron en las ideas del intelectual judío el origen de buena parte de sus éxitos.

Si Adam Smith inmortalizó la metáfora de la "mano invisible" para explicar cómo múltiples acciones llevadas a cabo en interés propio en el mercado redundaban en el bien común, Friedman explicó que las actividades de los gobiernos eran más habitualmente guiadas por un "pie invisible" que aplastaba los sueños de los ciudadanos y destruía sus sueños. Pese a ser conocido como economista, lo cierto es que empleó buena parte de sus energías como activista político a causas como la abolición del servicio militar o, durante sus últimos años, el cheque escolar. Liberal de los pies a la cabeza, consideraba la libertad económica una parte importante de la libertad individual, que era la causa por la que vivía.

Gran divulgador, en Estados Unidos son especialmente recordados sus artículos en Newsweek, escritos entre 1966 y 1984, además de su serie documental Libertad de elegir (emitida en la televisión pública española cuando gobernaba la UCD), que más tarde transformó en uno de los mejores "primeros libros" que debe acometer cualquier interesado en el pensamiento liberal. Sus críticos le acusaron de apoyar el régimen de Pinochet, cuando lo cierto es que él se limitó a dar consejos sobre la política económica que debía seguir Chile, convencido de que las libertades económicas acaban trayendo las políticas, como terminó sucediendo. Contaba, divertido, que hizo lo mismo en China en la misma época (sin que allí le hicieran ningún caso), pero que ningún socialista se lo echó jamás en cara.

Quizá uno de los mejores tributos se lo brindó este mismo año Mat Laar, el primer ministro estonio que revolucionó la economía de su país –la de mayor éxito entre los países que abandonaron la tiranía comunista durante los 90– aplicando las ideas de Friedman. Al recibir el premio que lleva el nombre del economista, Laar reconoció que cuando llegó al poder, en 1992, el único libro de economía que había leído era Libertad de elegir, y que lo que en él se decía le pareció de sentido común. Aunque los economistas de su país le dijeron que reformar Estonia eliminando los aranceles, poniendo un impuesto de tipo único y privatizando todas las empresas públicas era tan imposible como caminar sobre las aguas, no les hizo ni caso, para bien de los estonios.

Milton Friedman era, en definitiva, un apasionado de la libertad individual, y creía que los mercados eran la mejor forma de coordinar a los hombres libres para que fueran prósperos. Un credo en el que, sin duda, todos los liberales nos vemos reflejados.

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