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La Ilustración Liberal

Varia

El asesinato de Paul Nizan

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"Juventud, divino tesoro"

Paul Nizan fue un personaje importante en la vida de Jean-Paul Sartre. Condiscípulo suyo en el Liceo Louis-le-Grand y en la Ecole Normale Supérieure de la Calle de Ulm, abandonó dicha escuela y el cuartito que compartía con aquél (Raymond Aron le sustituiría) para ir a Adén, Arabia, en el actual Yemen. Un hombre de negocios inglés que viajaba allá para sus asuntos le ofreció el cargo de profesor de sus hijos. Después de dudarlo, Nizan aceptó y abandonó para siempre sus estudios universitarios. A Sartre y demás condiscípulos de la Rue d'Ulm, ese viaje al legendario y fascinante Oriente Medio les pareció algo así como una exótica aventura. Al simbolismo colonial ultramarino podía unirse el simbolismo literario, y asimismo ultramarino, de Rimbaud partiendo hacia desérticas y cálidas tierras, Abisinia principalmente, en busca de Dama Fortuna. De hecho se hizo, el poeta, traficante de armas y drogas. "Les femmes soignent ces féroces vieillards, retour des pays chauds", había escrito Rimbaud antes de partir.

Antes de aceptar la oferta del hombre de negocios y poner rumbo a Adén, Nizan consultó con varias personas, entre las que se contaba Georges Duhamel, novelista burgués y médico. Que le dio una respuesta prudente, muy de su época: "Como padre de familia le aconsejaría quedarse aquí y terminar cuanto antes sus estudios. Como hombre, le aconsejaría que fuera. Puede ser una experiencia interesante para usted" (Raymond Aron, Mémoires).

Finalmente, Nizan se fue a Adén, donde permaneció un año como preceptor de unos niños de los que nunca sabremos nada, y volvió con un libro furioso, Aden-Arabie, publicado por primera vez en 1932, en la editorial Rieder, y reeditado en 1960 por François Maspéro, con un largo prólogo de Jean-Paul Sartre.

De familia muy humilde, y muy católica, Nizan fue, antes de abandonar sus estudios, un estudiante brillante. Se hizo amigo íntimo de Sartre y de Aron en la ENS (en aquel entonces Aron consideraba a Nizan un futuro literato, y a Sartre un futuro filósofo). Cuando era aún adolescente, pensó convertirse al protestantismo, pero su familia le amenazó con suprimirle toda ayuda económica si cometía semejante sacrilegio. Y se rajó. "¿Cómo vas a convertirte al protestantismo, si eres ateo?", se extrañó Sartre. "No importa, me gusta su moral". Un poco más tarde, Nizan se hizo secretario de la Liga Antialcohólica.

En un ambiente estudiantil en el que nadie o casi nadie prestaba demasiada atención a su manera de vestir, Nizan despuntó como dandy. Son pormenores sin importancia, y muchos jóvenes tienen pasajeras manías, o aficiones, de esa índole. Aunque parezca increíble, a Sartre y a Aron les dio por el deporte. Nizan encontrará su fe, su iglesia, su fanatismo, e infinitas posibilidades de sacrificio y sadomasoquismo, en el Partido Comunista, al que se alistó muy joven.

Fue un militante abnegado, y enseguida obtuvo cargos de responsabilidad en los "trabajo entre los intelectuales" y en la prensa del PCF. Pasó un año en Moscú sometiéndose al clásico adoctrinamiento marxista-leninista-estalinista, y cuando, en 1938, se creó el vespertino comunista Ce Soir, costeado con dinero robado a la república española, fue responsable del área internacional del mismo, lo cual demuestra que volvió de Moscú con buenas notas. Paralelamente publicó varios libros, además de Aden-Arabie: los ensayos Les chiens de garde y Chroniques de Septembre y las novelas Antoine Bloyé, La conspiration y Le cheval de Troie. Como novelista no vale gran cosa; sus ensayos tremendistas tienen más garra, pero son de un sectarismo bastante cómico.

El pacto nazi-soviético

El itinerario comunista de Nizan fue perfecto hasta 1939, cuando, en agosto, la Alemania nazi y la URSS oficializan su Pacto, secreto desde 1937. Nizan manifestó públicamente su disconformidad y rompió con el PCF. Esto significa que, pese a sus cargos de responsabilidad en la prensa comunista, estaba lejos del primer círculo del Partido, porque si no algo habría sabido sobre las negociaciones secretas nazi-soviéticas, y también demuestra que políticamente no era un águila, puesto que no parece haberse dado cuenta –y eso que trabajaba en el área de política internacional de Ce Soir– de que, muy paulatinamente, la política de "frente popular antifascista", abiertamente opuesta a la Alemania nazi y a la Italia fascista, perdía intensidad. Las cosas, desde luego, eran complicadas, debido, en parte, a la guerra civil española, porque si el PCF, obedeciendo las órdenes de Moscú, saboteaba el envío de armas a la República, su prensa y su propaganda seguían exaltando el "heroísmo del pueblo español en su lucha contra el fascismo". Por otra parte, ese viraje paulatino se manifestaba ante todo en virulentos ataques contra las democracias burguesas y los gobiernos de Francia y el Reino Unido, cuando el Frente Popular, dos días antes, buscaba las más amplias alianzas antifascistas, que incluían a los partidos burgueses. Nizan compartía plenamente este odio antiburgués, como lo demuestra en Aden-Arabia y otros escritos.

Con todo, su condena del pacto nazi-soviético fue más matizada de lo que se ha dicho. Opinaba lo siguiente: "Es posible que en la situación actual, y con los peligros que acechan, Moscú tenga interés en firmar un pacto así, pero nosotros, comunistas franceses, no tenemos por qué saludar este acuerdo como una victoria de la paz y del progreso; debemos mostrarnos reservados, y sobre todo proseguir nuestra lucha contra el nazifascismo". Pese a esos remilgos, y sin esperar a ser expulsado, Nizan rompió públicamente con el PCF.

Inmediatamente, los comunistas desencadenaron una virulenta e infamante campaña contra él. Había cometido dos crímenes imperdonables: el primero y más clásico era haberse opuesto a y criticado públicamente una decisión del Buró Político. Como es bien sabido, eso no se admitía en los partidos de la Internacional Comunista: el totalitarismo exige una férrea unanimidad. El segundo y, hasta cierto punto, más original era haber defendido la tesis de que el PCF podía desarrollar una política, no opuesta a, pero sí diferente, autónoma de la de la URSS. ¡La Herejía absoluta!

A Nizan –y a tantos a todos los comunistas disconformes– no se le acusó de cometer errores políticos graves; de incurrir en "nacionalismo pequeño burgués", por ejemplo. No. Fueron más toscos y tajantes: una hora después de que rompiera con el partido, descubrieron que era un chivato de la policía, y que siempre lo había sido. Había ingresado en el PCF doce años atrás por orden del Ministerio del Interior, y desde entonces había cobrado mensualmente el sueldo de su vil labor. Además, tenían los recibos.

La campaña contra Nizan estuvo encabezada y fue dirigida por el propio secretario general del PCF, Maurice Thorez, lo cual demuestra la importancia que le daban al asunto. Es probable que Thorez y la dirección del PCF temieran que el ejemplo de Nizan cundiera, y que también otros militantes criticaran el pacto. Temores injustificados: nadie siguió el ejemplo de Nizan; en su mayoría, los comunistas se tragaron el sapo del pacto, aceptaron que el principal enemigo, la Alemania nazi, se convirtiera en aliada de la URSS y del proletariado internacional. Está visto que la patria de los militantes comunistas era la URSS; su partido-guía, el PCUS, y su jefe indiscutible, Stalin. Había que obedecer a las órdenes sin rechistar. Además, esos pactos y esas ostias eran triquiñuelas diplomáticas que manejaban los enterados, o sea los dirigentes.

Sin embargo, Thorez y el Buró Político desconfiaron de que esa disciplina ciega fuera tan masiva y prefirieron cortar por lo sano: había que machacar a Nizan y cualquier duda que surgiera. Los argumentos fueron los de siempre: Nizan es confidente de la policía y está contra el pacto, por lo tanto todos los que tengan sus dudas, y la intención de manifestar alguna crítica, o son también confidentes o, en todo caso, se dejan engañar por el Gobierno y por la burguesía reaccionaria, que están contra el pacto puesto que quieren la guerra y no la paz. (Las semejanzas con la actualidad son evidentes).

La campaña contra Nizan fue resueltamente apoyada por sus más íntimos camaradas, los intelectuales del partido, quienes descubrieron de pronto que si había podido escribir una novela como La conspiración, que relata una malvada conjura policial contra un grupo de bondadosos comunistas, era porque sabía muy bien de lo que hablaba, al ser él mismo un confidente de la policía.

Las explicaciones posteriores

Sartre siempre fue fiel a su amistad con Nizan, y a su memoria, tras su muerte misteriosa, en 1940. En 1947, junto con su puñado de amigos, quiso obligar al PCF a una autocrítica: debía rectificar y reconocer que Paul Nizan jamás había sido un confidente de la policía. Fracasó rotundamente: el PCF no reconoció nada parecido, pero claro, Nizan había muerto, la guerra había terminado, y el "chivato" ya no estaba de actualidad, por lo que no dieron mucha importancia al asunto ni manifestaron el mismo odio que 1939. En su largo prólogo a Aden-Arabie, Sartre volvió sobre el asunto; y si siempre se manifestó fiel a su amistad, de cierta forma la traicionó al interpretar, según sus propios criterios, lo que hubiera pensado y hecho Nizan de no haber muerto.

En ese texto, y tras presentar a su amigo como un "héroe positivo", militante y gran escritor, Sartre llega inevitablemente a la ruptura de aquél con el PCF. No oculta, en absoluto, la realidad de los hechos, ni la histérica e infamante campaña del PCF contra el "chivato"; sin embargo, pretende que Nizan criticaba a su partido por no ser bastante "maquiavélico", por no haber aparentado estar contra el pacto nazi-soviético y no haber tenido una actitud más autónoma en relación con Moscú. Lo que no subraya es que Nizan seguía siendo firmemente antinazi, y que consideraba la lucha contra Hitler más importante que el sometimiento a Moscú.

A renglón seguido, Sartre cae en el estercolero y escribe: "Hoy conocemos mejor las circunstancias, los documentos, comprendemos los motivos de la política rusa". Cualquiera conoce hoy la importancia catastrófica de ese pacto para Polonia, los países bálticos, etc., y si ciertos detalles, como el acuerdo secreto entre Hitler y Stalin para que Franco ganara la guerra, sólo se dieron a conocer con la apertura limitada de los archivos de Moscú, en 1960 ya se había lo suficiente para que la comprensión y el visto bueno de Sartre al Pacto aparezca como lo que fue: una canallada.

Recordemos que el Pacto estaba compuesto de dos partes: la pública y oficial, que se refería al tratado de amistad y no agresión entre Alemania y la URSS, y las adendas secretas, que contenían lo esencial del mismo: la criminal colaboración entre dos totalitarismos igual de inhumanos. Ya es hora de afirmar que quienes se escandalizaron –o se escandalizan– con motivo del dichoso pacto son imbéciles o algo peor, porque implícitamente consideran que, pese a sus defectos, la URSS era infinitamente mejor que la Alemania nazi, y que por lo tanto no debió aliarse con ese monstruo. ¡Pamplinas! Eran dos monstruos igual de criminales, y era coherente que se aliaran con quien fuera, y rompieran sus alianzas, cuando lo juzgaban conveniente. No se pueden pedir peras al olmo, ni ética a la política de esos totalitarismos. El gran interés histórico del Pacto es, precisamente, que lo deja bien claro para todo aquel que no sea un simio ciego, sordo y mudo.

Sartre, pues, opina que su amigo Nizan se equivocó. El Pacto se justificaba, escribe, pero todo el mundo puede equivocarse de buena fe, y el PCF se portó muy mal con él cuando le acusaron de ser un confidente de la policía. Deberían pedir perdón, esos traviesos comunistas... Además, añade, "de haber vivido, Nizan hubiera participado en la Resistencia y se hubiera, obligatoriamente, reconciliado con su partido". Como si los comunistas hubieran sido los únicos resistentes.

Como colofón a las tétricas sandeces que escribió Sartre sobre su amigo Nizan en el prólogo de marras elijo esta frase deliciosa: "Tenía el alegre placer de destruirlo todo, para el bien de la Humanidad". Pol Pot no fue el único a destruirlo todo, para el bien de la Humanidad.

Los tiempos modernos

Si el caso Nizan sólo interesaba a Sartre, a un puñado de amigos de ambos y a ciertos historiadores, la verdad sobre el pacto nazi-soviético siempre interesó a más gente, aunque no a "las masas". En los años setenta, los equipos de Les Temps Modernes y de Il Manifesto de Roma vivieron una luna de miel, bajo el común referente del maoísmo y del comunismo revolucionario. Celebraron multitud de reuniones conjuntas, se intercambiaban artículos: fue una colaboración relativamente breve pero intensa. Pues bien, la benemérita Rossana Rossanda (tan apreciada en su día por los claudinistas madrileños: una contradicción más, porque ni eran maoístas, ni eran revolucionarios) escribió, en el número 32 de Les Temps Modernes (marzo de 1974), lo siguiente: "¿Qué hacer una vez que se ha comprendido? Ignoramos cómo hubiera respondido Nizan a esa pregunta; es probable que –sin las infamias con las que le cubrió su partido–, después de la guerra, y como muchos militantes que se habían alejado en 1939, se hubiera vuelto a adherir al mismo. El famoso apretón de manos entre Stalin y Von Ribbentrop había sido rescatado, incluso enterrado, por Stalingrado, por los millones de muertos, por la toma de Berlín. Todas las cuestiones que parecían plantearse durante el drama de 1939: la relación entre revolución y poder de Estado, entre Estados socialistas y movimientos comunistas, entre defensa estratégica dela URSS y táctica a escala mundial, todo ese enrevesado entresijo difícil de solucionar, se aclaró con la guerra".

O sea que, según Rossanda, la tan brillante representante de la intelectualidad comunista europea, si la Alemania nazi hubiera ganado la guerra, eso hubiera "enterrado" Auschwitz. Pues no, como la victoria de la URSS (pese a lo que opinan tantos comunistas, no combatió sola a la Alemania nazi, y la aportación militar de los USA fue predominante) no entierra ni aclara el Gulag, el totalitarismo, ni siquiera el Pacto.

Por cierto, en 1960, y más aún en 1974, los "documentos" a que misteriosamente aludía Sartre demostraban los contrario de lo que afirmaba; concretamente, que después de haber saludado por unanimidad la magnífica aportación del Pacto a la paz y el progreso de la Humanidad, las secciones de la Internacional Comunista cumplieron a rajatabla con el espíritu de aquél y, cuando Francia y el Reino Unido declararon la guerra a la Alemania nazi, hicieron de los gobiernos democráticos occidentales su peor enemigo y lanzaron una campaña contra la guerra "imperialista" (la guerra contra la Alemania nazi, recordemos). Llegaron incluso a cometer atentados contra industrias de guerra francesas. Eso hizo que el Gobierno francés les aplicara toda una serie de medidas represivas por "colaboración con el enemigo", y que varios dirigentes y militantes comunistas fueran detenidos. (Thorez no: se fugó a Moscú).

Cuando, en 1940, los alemanes conquistan Europa, y ocupan Francia, y de paso hacen prisionero a la práctica totalidad del ejército francés, que se negó a combatir, los comunistas franceses se propusieron para colaborar con los nazis. Podrá resultar curioso a los analfabetos que pululan por ahí, y no sólo en las calles de Soria, el caso es que los comunistas detenidos por el Gobierno Daladier en 1939 fueron liberados por los nazis en 1940...

En ese ambiente de semieuforia entre nazis y comunistas, el PCF maniobró para que portavoz oficial, L'Humanité, que había sido prohibido por el Gobierno francés, pudiera circular legalmente. No lo logró porque Hitler había exigido la disolución, en todos los países de la Nueva Europa –capital Berlín–, de todos los partidos, sindicatos, asociaciones –incluso las de boy scouts– del antiguo régimen; pero nazis y comunistas se pusieron de acuerdo para sacar conjuntamente un diario: La France au Travail (Francia trabaja), muy obrerista, antiparlamentario y, sobre todo, furiosamente antisemita. El antisemitismo fue la baza utilizada por los comunistas galos para congraciarse con los nazis.

La invasión de la URSS por parte de la Alemania nazi lo cambió todo de la noche a la mañana: todas las secciones de la IC se lanzaron a la lucha, a veces armada, contra los nazis y en defensa de la URSS. Todo y nada había cambiado: Moscú seguía mandando.

Para Jean-Paul Sartre, Rossana Rossanda, los peceros y bastante más, todo ese periodo turbio, colaboracionista, quedó "enterrado" por Stalingrado y la guerra. Apabullante conformismo. Pero ¿y Nizan? ¿Qué pensó al ver que el PCF, su ex partido, se lanzaba a una campaña derrotista, objetivamente favorable a los nazis? No voy a hacer como Sartre e interpretar por mi cuenta sus pensamientos, ni a decidir, como todos esos canallas, que de todas formas la URSS tenía razón, puesto que "ganó la guerra".

Aden-Arabie

No soy un admirador beato de la obra de Paul Nizan. Leí, hace ya bastantes años, Antoine Bloyé y La conspiration, que no me entusiasmaron; y Aden-Arabie, que me irritó (confieso que mucho más hoy que en 1960). En este último libro denunció con frases rabiosas lo que del colonialismo pudo ver en aquella región. Pero me da la impresión de que la suya era una mirada superficial, turística, por así decir. Ahora bien, al revés de tantos turistas que se pirran por visitar países pobres y fotografiar niños mendigos, descalzos y harapientos, pues los consideran sumamente folclóricos, Nizan se enfurece y, de lo poco que ha podido ver de la realidad desde las ventanas de la mansión del hombre de negocios británico, saca conclusiones radicales, la condena del colonialismo, el capitalismo y la burguesía.

Todo eso, escrito por un joven comunista al comienzo de los años treinta, es políticamente correcto, perfectamente conformista y totalmente erróneo. Si Nizan, en este sentido, es del montón, tal vez despuntó por su tono, sus dotes para la polémica, aunque en esa misma época varios surrealistas, como André Breton y Benjamin Péret, también demostraron talento en su intento de destrucción sistemática de los valores burgueses. Pero si Benajamin Péret vivió casi siempre como un vagabundo, al borde de la mendicidad, Paul Nizan, de familia muy humilde y muy conservadora, vivió como un joven burgués modélico. No fue el único. Fue un estudiante empollón, eligió la Escuela Normal Superior, de donde salía la élite de la enseñanza burguesa. En la edad en que tantos jóvenes cometen las más locas locuras, él sólo pretende hacerse protestante (¿luterano o calvinista? No es lo mismo), milita en la Liga Antialcohólica (¡!), se casa lo más burguesamente del mundo (los testigos fueron Jean-Paul Sartre y Raymond Aron), etc. Incluso cuando se lanza a la aventura, cuando se marcha a Adén, lo hace como profesor de cultura burguesa para hijos de la burguesía inglesa. O sea, que hay pocos estudiantes menos, no digamos siquiera "revolucionarios", bohemios que él.

Hasta que ingresa –muy joven, es cierto– en el PCF, lo que él considera una ruptura con su mundo burgués. Pero no lo es. Es algo peor: de estudiante burgués perfectamente conformista, se convierte en burócrata comunista perfectamente conformista. (Dicho sea de paso, y por si las moscas: hace años que reivindico con orgullo ser un burgués liberal).

Además, hay algo en lo que escribe Nizan que me irrita profundamente. Da la muy relativa casualidad de que para cargarse a la burguesía eliga como primer y principal cabeza de turco al profesor de filosofía Léon Brunschvicg, que tuvo su importancia, y al que Raymond Aron apreciaba. "Entre ellos [los canallas burgueses], un gran pensador: Leon Brunschvieg –escribe–. Ese vendedor de sofismas tenía un físico de mayordomo a quien se le hubiera autorizado tardíamente a llevar barriga y barba. La astucia se le escurría por la comisura de sus ojos, y guiaba en el espacio gris los cortos movimientos de sus dulzarronas manos de negociante judío". Todo queda dicho: en Francia, izquierda y derecha, que tanto se afrentaron, tienen un punto común: el antisemitismo –y el amor al camembert.

A fin de cuentas, el primer y último acto de rebeldía de Paul Nizan fue, en 1939, no aceptar el pacto nazi-soviético, hasta el punto de que rompió con su tan querido partido. Fue novelista mediocre, un comunista sectario, un funcionario del aparato, pero, pese a todo, fue un hombre que supo decir "no". Prefirió su conciencia a su partido. No fueron tantos. Por eso le asesinaron.

Un crimen perfecto

El 23 de mayo de 1940 los gendarmes encontraron el cadáver de un hombre vestido con el uniforme del ejército francés. Fue un enigma, lo sigue siendo. En esa zona no había combates, no se oyeron tiroteos. "En esa zona"... ¿Qué zona? ¿Dónde, exactamente, se encontró el cadáver de Paul Nizan?

Hace tiempo que me llaman la atención la imprecisión y las contradicciones que he leído sobre los detalles de la muerte de Nizan. Hablo de una confusión evidentemente voluntaria para ocultar el crimen. Que yo sepa, cuando se trata de su caso nadie emplea expresiones como "muerto por la Patria", "muerto en el frente", "muerto con las armas en la mano", o "asesinado por el ejército nazi". Nada de eso: en el caso de Nizan sólo se dice: murió en tal fecha y en tal lugar, que no siempre es el mismo. Annie Cohen-Solal, biógrafa de Jean-Paul Sartre[1], habla largo y tendido de la amistad de ambos, pero se limita a dar la fecha de la muerte de Nizan, y como precisión geográfica pone "(Dunkerque)", así, entre paréntesis. La enciclopedia Larousse se limita a las fechas de nacimiento y muerte, y localiza ésta en la aldea de Audruicq, en Pas-de-Calais. No está lejos, pero no es lo mismo. Y todo es igual de impreciso.

En esa zona hubo combates, desde luego. Pero después del asesinato de Nizan, cuyo cadáver apareció, repito, el 23 de mayo de 1940. La famosa y tremenda –para el ejército francés– batalla de Dunkerque se desarrolló entre el 27 de mayo y el 4 de junio. Pocos días después, las tropas alemanas entraban en París.

Recordaré que en aquel mes de mayo Nizan seguía siendo para los comunistas, oficialmente, un confidente de la policía, por lo que su ejecución se justificaba plenamente. No fue el primer asesinato comunista, ni el último asesinato. Lo que no puedo precisar, teniendo en cuenta la confusión voluntaria (también se habló de una balle perdue, de una muerte accidental), es si algún camarada, obedeciendo órdenes de la Internacional Comunista, cumplió con su deber de matón profesional, o si fue un espontáneo quien decidió, por su cuenta, ajusticiar al chivato.

El caso es que a Paul Nizan le asesinaron por haberse rebelado contra el Partido. Pero eso, claro, no lo podía concebir el filocomunista de Jean-Paul Sartre.



[1] Annie Cohen-Solal, Sartre, 1905-1980, Gallimard, París, 1985. Previamente, en 1980, había publicado, en colaboración con la vida de Nizan, Henriette, el libro Paul Nizan. Comuniste impossible (Grasset).

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