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La Ilustración Liberal

Antisemitismo

Un sentimiento camaleónico: el antisemitismo

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Como antisemitismo se denomina un conjunto de sentimientos y acciones de muy diversa índole que van desde la desvalorización o la discriminación legal hacia los judíos hasta los actos violentos e inhumanos que se realizaron en la Shoa (Holocausto).

El nacimiento del antisemitismo tiene sin duda que ver con la lucha entablada a partir de la separación de la Iglesia y de la Sinagoga, proceso emprendido a partir del segundo siglo E. C.

La eliminación por los cristianos de un conjunto de prescripciones de la religión judía, entre ellas la circuncisión y las reglas dietéticas, sustituyéndolas por la fe en una serie de dogmas teológicos de difícil comprensión para la mentalidad judía, tales como la Trinidad y la Eucaristía, impulsó la expulsión de la Iglesia del Judaísmo y generó la pretensión eclesial de ser el Verdadero Israel.

La separación (que tuvo para ambos conjuntos repercusiones no suficientemente estudiadas) provocó una guerra ideológica que se saldó con el siguiente resultado: la Iglesia no fue el Verdadero Israel sino ante sí misma, el cristianismo fue la religión oficial del Imperio Romano y el pueblo judío fue estigmatizado.

El estigma que afrentaba al judío fue salvable inicialmente a través de su conversión al cristianismo. En la historia de España tenemos clara constancia de conversiones que permitieron la integración del judío en la sociedad cristiana en plena igualdad con los cristianos viejos: paradigmáticas en este sentido pueden ser las conversiones de Pedro Alfonso y de Santa María de Burgos. Más tardíamente, al final de la Edad Media, el estigma ya no pudo eliminarse con la conversión, sino que continuaba siendo patente después de la misma. Este hecho hace comprensible la dramática historia de la minoría judeoconversa española a partir de las matanzas de 1391.

Son sin duda de carácter psicológico y sociológico, y poco tienen que ver con el carácter religioso del conflicto que lo generó, las razones que explican que un estigma originado inicialmente para afrentar de modo condicional pasara a ser permanente y aún hereditario.

A partir del siglo XVIII, a través de la colusión de sus intereses con los de las clases privilegiadas del antiguo régimen, la Iglesia utilizó el estigma para designar como judíos a francmasones y liberales, y en general a todos los que ponían en peligro el equilibrio sociorreligioso existente. Esta utilización social del estigma que afrentaba al judío fue aprovechada por los grupos políticos reaccionarios, incluso alejados de la Iglesia, generando así el antisemitismo moderno. No puede decirse que nazismo y fascismo sean doctrinas cristianas, pero integraron ampliamente el antijudaísmo en su ideología, hasta el punto de convertirlo en uno de sus motores, provocando una de las mayores tragedias de la historia humana, la Shoa (Holocausto).

En la izquierda totalitaria también funcionó la socialización del estigma del judío. La purga estalinista de 1937 o la de los médicos de Checoslovaquia de 1952 tuvieron sin duda un carácter antisemita, pues si bien no se atacó a los judíos como tales, la mayoría de los "cosmopolitas" afectados fueron judíos. La estigmatización del judío funcionó en el grupo en el poder, y numerosos judíos, temerosos del antisemitismo ambiental, hicieron lo posible para hacer olvidar u ocultar su identidad, del mismo modo que lo intentaron sus hermanos en las sociedades fascistas y nazis.

Esta situación discriminatoria hubiera permanecido agazapada en el interior de los países comunistas, si no hubiese ocurrido la polarización entre el mundo soviético y los Estados Unidos en el conflicto árabe-israelí. Israel pasó a ser un enemigo del universo comunista, un "lacayo" del "imperialismo norteamericano", y el antisemitismo pudo vestirse un nuevo traje más moderno. El estigma del judío, inicialmente de carácter religioso, que había pasado en la época moderna a tener un carácter social, reverdeció en nuestros días con un carácter marcadamente político.

Si antaño se acusó a los judíos contrarios a la sacralización de la doctrina estalinista de "cosmopolitas", se les pudo acusar de sionistas tras la guerra de los Seis Días de 1967 en gran parte de la prensa de extrema izquierda. Se pudo votar en las Naciones Unidas que sionismo es racismo. Y se pudieron dibujar esas viñetas - no se sabe si salidas de filias comunistas o nazis - que han llenado numerosos periódicos europeos del año 2002, para vergüenza de muchos, que muestran a judíos crucificando, a judíos siendo verdugos nazis, a judíos representando el mal, sin reflejar ni por asomo el deseo de los judíos de que se alcance la paz.

En este escenario teatral en que a veces se convierte nuestro mundo, poco importa el análisis racional de los conflictos, ni ayudar con la reflexión y el esfuerzo social a su solución. Esto es verdad también para el conflicto árabe-israelí, hoy fundamentalmente palestino-israelí. El público parece sentir la necesidad de hacer de unos actores los buenos (aunque sean grupos sin ninguna dirección democrática ni deseos de democracia) y de otros los malos (aunque vivan democráticamente y cambien a sus dirigentes cada vez que el pueblo lo manifieste con su voto libre). Y los autores de la rancia comedia, que en buena medida son hoy algunos medios de comunicación con muy respetables excepciones, parecen sentir la necesidad de contentar a ese público.

Lo malo es que en la comedia de hoy seguimos los judíos interpretando el papel de siempre. Lo malo es que continúa funcionando el viejo estigma. Pérfidos judíos, heréticos judíos, librepensadores judíos, francmasones judíos, capitalistas judíos, bolcheviques judíos, cosmopolitas judíos, judíos sionistas,... malvados judíos.

Número 15

Editorial

Antisemitismo

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Reseñas

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comentarios
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Al conocimiento por el análisis.
Mariano

Qué pobre,qué lamentable, qué injusto, qué peligroso es llegar a posturas intransigentes, radicales o definitivas, sin analizar sin conocer sin tener elementos de juicio.
Cuanto más analizo, más conozco y más sé mejor juzgo y tengo opinión más completa.
Cuanto más les leo, más conozco. Gracias?