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La Ilustración Liberal

XI Jornadas Liberales Iberoamericanas

Razones para una guerra

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Introducción

La Guerra de Irak (2003) o III Guerra del Golfo se ha caracterizado, entre otras cosas, por la división de las potencias occidentales y por el intenso debate político dentro de los estados europeos. Superada ya la fase propiamente militar y enfrentados al reto de la reconstrucción, la división de opiniones continúa y la oportunidad, legitimidad o legalidad siguen siendo objeto de fuerte discusión. En estas circunstancias parece oportuno recapitular cuáles fueron los argumentos que llevaron al presidente norteamericano George W. Bush a decidir la invasión de Irak y los criterios a partir de los cuales se desarrollaría la reconstrucción de este país.

En una democracia, como la norteamericana, o en la sociedad internacional de nuestros días es evidente que unos argumentos tienen mejor acogida que otros, lo que lleva a que los responsables de comunicación condicionen las presentaciones públicas. Eso que el desafortunado David Kelly definió como "hacer más sexy". En la posterior descripción de estas razones voy a hacer caso omiso de su carácter público o reservado, de que se hiciera mayor o menor uso de ellas en las intervenciones de jefes de gobierno o altos responsables gubernamentales. Sencillamente tendré en cuenta aquéllas que nos consta estuvieron presentes en el proceso de discusión que llevó a la toma de decisión del presidente Bush, en la primavera de 2002.

Una de las características de la Administración Bush es la presencia de distintas escuelas de pensamiento en su seno, no habiéndose impuesto ninguna de ellas. El peso político de algunos altos funcionarios con perspectivas distintas y la indefinición del Presidente, un hombre con limitada preparación y experiencia en asuntos internacionales, ha hecho imposible que el Consejo de Seguridad Nacional, dirigido por Condolezza Rice, pudiera cumplir su función primordial: canalizar las distintas perspectivas en una sola política, consistente y homogénea. En estos tres años de existencia y a pesar de que el 11-S actuó como catalizador, el Presidente Bush ha zigzagueado entre las posiciones de unos y de otros, entre los enfoques tradicionales de los distintos departamentos.

El problema político de fondo es la guerra civil latente e inconclusa entre la tradicional escuela "realista" y la emergente escuela "neoconservadora". Para los primeros el ejercicio del poder debe limitarse a la defensa del interés del estado, dejando a un lado "amigos" o el destino de otros pueblos. Para los segundos, la seguridad de Estados Unidos no sólo depende de un decidido ejercicio del poder, sino también de contar con aliados estables y, sobre todo, con la generalización de estados de derecho: democracias, economías de libre mercado, y tribunales independientes. Trasladado este conflicto a Irak, la tensión política gira en torno al compromiso que Estados Unidos debe asumir en la reconstrucción de Irak y del conjunto de Oriente Medio. Si para unos poner fin a un régimen y a unos programas armamentísticos es suficiente, para otros sólo reconstruyendo estados y arraigando culturas democráticas se resolverán los intereses norteamericanos.

Esta falta de cohesión doctrinal en el tratamiento de la cuestión iraquí supuso que los argumentos en favor de la acción militar fueran varios y considerablemente distintos. Todos ellos tuvieron su importancia, aunque gozaron de mayor relieve público aquellos que tenían la condición de ser "mínimo común denominador". A mayor grado de consenso mayor presencia en el discurso, pero no necesariamente mayor peso en el proceso de toma de decisión.

1.- Acabar el trabajo dejado a medias.

El fin de la II Guerra del Golfo (1990) fue complejo en el lado norteamericano. Para el sector "realista", encabezado por el entonces consejero de Seguridad Nacional, el general Brent Scowcroft, el jefe de la Junta de Jefes de Estado Mayor, general Colin Powell, y el secretario de Estado, James Baker, la campaña militar debía tener como objetivos la liberación de Kuwait y el fin de los programas de fabricación de armas de destrucción masiva. Creían que debían evitar ir más allá por varias razones. Si destituían a Sadam se harían responsables de la reconstrucción política del país, una empresa compleja. La desestabilización del régimen podría ser interpretada por la minoría kurda como la oportunidad histórica para proclamar la independencia. Una opción con efectos desestabilizadores para el importantísimo aliado turco, en guerra desde tiempo atrás contra el terrorismo de esa nacionalidad. Por último, la historia recogía pruebas suficientes de la dificultad de entenderse con la comunidad chiíta, entonces muy influida por el régimen de los ayatolás en Irán. Este conjunto de argumentos llevó al presidente norteamericano a trasformar la victoria militar en un acuerdo político: Estados Unidos permitiría sobrevivir al régimen baasista a cambio de que respetara la soberanía de sus vecinos y pusiera fin a sus programas de destrucción masiva.

El entonces presidente Bush no consideró las razones de un sector de su administración, con Paul Wolfowitz a la cabeza, que mantenía que un personaje como Sadam continuaría siendo una amenaza y que las condiciones de un hipotético alto el fuego no se cumplirían. El tiempo demostró que Wolfowitz tenía razón. Sadam intentó asesinar a Bush en Kuwait, trató de invadir este país por segunda vez y no cumplió las exigencias en materia de armamento de destrucción masiva. El presidente Clinton se planteó en dos ocasiones la reapertura de hostilidades, lo que no pudo llevar a cabo por la tristemente famosa "crisis de la becaria" y la actual administración republicana acabó asumiendo su inevitabilidad tras el 11-S.

Desde esta perspectiva nos encontramos ante la reapertura de un conflicto hasta entonces congelado en forma de "alto el fuego". No estamos ante "acciones de anticipación" ni ante "guerras preventivas", sino frente al incumplimiento de las condiciones en las que se detiene el uso de la fuerza, pero no la guerra. No hubo armisticio, ni tratado de paz, sólo un "alto el fuego" que finaliza al comprobarse que el enemigo no está dispuesto a plegarse a la voluntad del vencedor.

Para los defensores de este argumento no era necesario recurrir a nuevas resoluciones del Consejo de Seguridad, aunque tampoco estaban necesariamente en contra de que el Consejo asumiera su responsabilidad en este caso. Creían que el marco jurídico era suficiente para reanudar las hostilidades y, esta vez sí, acabar con el régimen político baasista, poner fin a los programas armamentísticos prohibidos y establecer un sistema político representativo.

2.- La exigencia multilateral.

Los vencedores de la II Guerra Mundial crearon Naciones Unidas, y en especial el Consejo de Seguridad, como instrumento para gestionar las crisis internacionales que fueran surgiendo. El legado de Churchill, su crítica a las políticas de apaciguamiento, era el referente doctrinal entonces indiscutible. La crisis de Irak planteaba de nuevo, décadas después, la vigencia de aquellos principios.

El régimen iraquí no había cumplido lo exigido en un conjunto de resoluciones que, a lo largo de doce años, desarrollaron los acuerdos asumidos en el alto el fuego. El gobierno de Sadam Hussein no colaboró con la comisión de inspectores de Naciones Unidas, que tuvo que hacer frente a obstáculos y humillaciones. Aún así, lograron destruir ingentes cantidades de armamento químico y biológico, hasta que se les impidió por la fuerza continuar sus actividades en 1998.

En aquellas circunstancias había dos opciones: imponer por la fuerza lo exigido en las resoluciones o ceder ante Sadam. Países como Estados Unidos, el Reino Unido o España asumieron el legado churchilliano y manifestaron su disposición a hacer uso de la fuerza. Otras naciones, como Francia, Rusia o Alemania estaban dispuestas a ceder, levantando las sanciones y permitiendo la llegada de inversiones extranjeras. En el trasfondo estaban en juego dos ideas. De una parte el miedo a que el descrédito de Naciones Unidas, como ya ocurriera con la Sociedad de Naciones, animara a los dictadores de este mundo a campar por sus respetos con la tranquilidad de saber que Naciones Unidas nada haría contra ellas. De otra, el miedo a que el organismo internacional se convirtiera en el medio para instaurar un imperio global norteamericano.

Frente a lo que a menudo podemos leer en la prensa española, la diplomacia norteamericana ha dado y continúa dando un papel preponderante a Naciones Unidas en su actuación. Si repasamos las crisis más recientes: Balcanes, Afganistán, Irak, Irán o Corea del Norte en todos los casos el gobierno de Washington ha requerido de este organismo su implicación en la resolución del conflicto. No hay, por lo tanto, unilateralismo en el sentido de restar protagonismo a Naciones Unidas en la resolución de los problemas internacionales. Washington necesita aunar voluntades para defender sus intereses y, como el resto de las naciones, requiere de unas instituciones y unas normas para gestionar las crisis evitando conflictos mayores. En ambos casos la ONU es el medio más adecuado.

El Presidente Bush pronunció uno de sus más destacados discursos ante la Asamblea General de Naciones Unidas el 12 de septiembre de 2002. Allí desarrolló este argumento, a lo largo de un texto con muchas referencias históricas.

"The conduct of the Iraqi regime is a threat to the authority of the United Nations, and a threat to peace. Irak has answered a decade of U.N. demands with a decade of defiance. All the world now faces a test, and the United Nations, a difficult and defining moment. Are Security Council resolutions to be honored and enforced or cast aside without consequence? Will the United Nations serve the purpose of its founding or will it be irrelevant?"

"The United States helped found the United Nations. We want the U.N. to be effective and respected and successful. We want the resolutions of the world's most important multilateral body to be enforced. Right now these resolutions are being unilaterally subverted by the Iraqi regime. Our partnership of nations can meet the test before us, by making clear what we now expect of the Iraqi regime"[1]

La diplomacia norteamericana llevó el problema al Consejo de Seguridad y allí encontró reacciones que, por esperadas, no dejaron de alarmar a su clase dirigente. Aunque no tenían dudas sobre el fracaso de la política seguida hasta entonces, los aliados estaban dispuestos a ceder. Su disposición a convivir con Sadam, su minusvaloración de la amenaza que suponía su pervivencia y la nada disimulada preocupación por el poder norteamericano, que llegaba acompañada de críticas contra el militarismo, afectaron la percepción que desde el otro lado del Atlántico se tenía de la utilidad del vínculo transatlántico. Los márgenes de maniobra para la Administración Bush eran limitados:

"si Estados Unidos se rindiese ante la amenaza de veto francesa, o si Irak se viese animado por la acción de nuestros aliados a evadir las cada vez más reducidas opciones no militares que aún nos quedan, la consecuencia sería una catástrofe para la Alianza Atlántica y para el orden internacional en general. Si la crisis acaba sin cambio de régimen en Bagdad, si Estados Unidos introduce 200.000 soldados en la región y después los retira de nuevo sin haber alcanzado más que una contención poco clara de un régimen que ha trasgredido las directivas de la ONU durante más de una década, la credibilidad del poder estadounidense en la guerra contra el terrorismo y en los asuntos internacionales estará gravemente, quizá irreparablemente, dañada"[2].

La amenaza de veto francés provocaba en Estados Unidos una reacción quizás no deseada: la de afirmación de su propia autonomía. Para la clase dirigente norteamericana Naciones Unidas no sólo debía hacer frente a su obligación de forzar a Irak a cumplir las resoluciones, también debía quedar claro que este organismo, y en especial el Consejo de Seguridad, no se había creado para impedir que Estados Unidos pudiera actuar en defensa de sus intereses. El Consejo de Seguridad era un directorio donde los cinco grandes tenía derecho de veto. El Consejo debía tratar aquellos asuntos que pudieran suponer un riesgo para la seguridad internacional. Una vez estudiados se podían dar dos situaciones: acuerdo o desacuerdo. En el primero de los casos el Consejo actuaría, en el segundo quedaría bloqueado por el mecanismo del veto, dejando vía libre a su solución a través de acciones bilaterales.

"Clearly multilateralism has different meanings on either side of the Atlantic. Most Europeans believe in what might be called principled multilateralism. In this view, gaining U.N. Security Council approval is not a means to an end but an end in itself, the sine qua non for establishing an international legal order. Even if the United States were absolutely right about Iraq, even if the dangers were exactly as the Bush administration presents them, Europeans believe the United States would be wrong to invade without formal approval. If the Security Council says no, the answer is no".

"Not many Americans would agree. Most Americans are not principled multilateralists. They are instrumental multilateralists. Yes, they want to win international support. They like allies, and they like approval for their actions. But the core of the American multilateralist argument is pragmatic. As Baker puts it, "the costs will be much greater, as will the political risks, both domestic and international, if we end up going it alone." This would seem unarguable. But Baker's multilateralism is a cost-benefit analysis, not a principled commitment to multilateral action as the cornerstone of world order"[3].

En ningún caso el veto francés podría ser interpretado como el derecho a intervenir sobre la política norteamericana. No lo fue cuando Rusia amenazó con vetar la intervención en Kosovo y no lo debía ser ahora. La opción multilateralista no implica la dejación de autonomía cuando no se logra acuerdo en el Consejo de Seguridad. No todo el mundo en Washington piensa de la misma manera sobre el papel que la diplomacia norteamericana debe dar a Naciones Unidas, pero el grado de consenso sobre sus aspectos fundamentales es grande.

"So the real debate in the United States is about style and tactics. Some of the administration's critics, such as Holbrooke and Joseph Nye, say the United States should build goodwill by working hard for Security Council support. When that fails, the United States can go ahead and do what it wants, but the good-faith effort to accommodate allied concerns will have won the United States Brownie points. Some Bush administration strategists believe, on the con-trary, that the best way to bring the allies along is by making clear that the United States will go it alone if necessary. They figure that key allies such as Britain and France won't want to be left behind, looking helpless and irrelevant"[4].

3.- La amenaza de las Armas de Destrucción Masiva.

Los inspectores de Naciones Unidas reconocieron que no habían podido destruir el conjunto de armas químicas y biológicas en posesión del régimen de Sadam. Quedaba en pie una estructura formada por fábricas, científicos, "precursores" (elementos a partir de los cuales se produce el arma) y arsenales. El problema ya no era sólo si se había producido un incumplimiento de los acuerdos del alto el fuego –primer argumento-, o si ponía en evidencia la inutilidad de Naciones Unidas –segundo argumento-. La preocupación se centraba en el efecto de esas armas sobre la seguridad internacional.

La disponibilidad de armas químicas y biológicas, junto con misiles de medio alcance, permitía al régimen de Sadam Hussein:

  1. Disuadir a sus vecinos, en especial a Irán, de iniciar un ataque. En realidad Irak representaba una amenaza mucho mayor para la seguridad de los estados colindantes que a la inversa. El crecimiento de los arsenales conocidos y la perspectiva de que lograra reconstruir su casi lograda capacidad nuclear empujaba a sus vecinos a una carrera armamentística de gravísimas consecuencias. La inestabilidad regional, los importantes problemas internos del conjunto de estados de la zona, el crecimiento del islamismo... unidos a estas armas creaba un panorama estratégico de muy alto riesgo.
  2. En el caso de que un estado vecino no pudiera o quisiera desarrollar armamento capaz de disuadir a Irak, podría darse un fenómeno de "finlandización". Convencido el segundo gobierno de su incapacidad para resistir militarmente un ataque iraquí, adaptaría sus políticas a los intereses de Bagdad.
  3. Disuadir a las grandes potencias de iniciar una campaña militar, por el alto coste que tendría en vidas de combatientes, al sumar las bajas por medios convencionales a las que previsiblemente resultarían del armamento de destrucción masiva. Con ello se garantizaría el mantenimiento de políticas condenadas por la comunidad internacional, como por ejemplo el apoyo a grupos terroristas palestinos.
  4. Sadam podía volver a usar estas armas contra los propios iraquíes, como ya hiciera con los kurdos en 1987 y 1988[5] con el armamento químico, con el objetivo de someter la resistencia de kurdos o chiítas.
  5. Igualmente, podría utilizarlas contra sus vecinos, como también hiciera desde 1982 en la campaña contra Irán, en la que murieron más de 40.000 soldados por efecto de distintas sustancias químicas[6]. El interés por conquistar Kuwait no había disminuido y las dificultades en las relaciones con algunos otros estados vecinos eran evidentes.
  6. Ante la obvia dificultad y el alto coste político de enfrentarse militarmente a Estados Unidos y sus aliados, cabe suponer la posibilidad de que Sadam empleara a grupos terroristas para utilizar estas armas en territorio enemigo. Un caso que estudiaremos con detalle más adelante.

Este conjunto de escenarios por sí mismo suponía para muchos una razón suficiente para hacer uso de la fuerza contra Irak y poner fin al régimen baasista responsable de la existencia de estos programas, de su utilización pasada contra iraníes y kurdos y de su probable uso futuro.

4.- La amenaza terrorista.

Desde el 11-S hemos asistido a la aparición de una nueva acepción del concepto "Guerra antiterrorista", mucho más amplio del tradicional. Así, la administración norteamericana se refiere a él cuando habla de la amenaza que supone la proliferación de armas de destrucción masiva o los "estados fallidos". Por mi parte voy a utilizar el término "terrorismo" en un sentido más clásico y restringido, como acto de fuerza realizado por una persona o grupo contra población civil con un objetivo político.

Desde hace algunos años los analistas norteamericanos vienen llamando la atención sobre la creciente importancia de la amenaza terrorista en el Islam. La razón residiría en el fracaso de las estrategias convencionales. De la misma manera que los palestinos se concentraron en las acciones terroristas tras perder cuatro guerras contra Israel y convencerse de que no lograrían la victoria en una quinta intentona, los iraquíes recurrirían a esta forma de empleo de la fuerza seguros de no disponer de otro medio más eficaz de atacar a su enemigo. Es lo que habitualmente denominamos "estrategias asimétricas", que parten del principio clásico de que hay que concentrar la fuerza sobre el flanco más vulnerable del enemigo, nunca sobre el más poderoso. La proliferación de armas de destrucción masiva (en adelanteWMD) hace más fácil que grupos terroristas puedan llegar a disponer de este armamento, potenciando su capacidad de destrucción.

"The gravest danger to freedom lies at the perilous crossroads of radicalism and technology. When the spread of chemical and biological and nuclear weapons, along with ballistic missile technology – when that occurs, even weak states and small groups could attain a catastrophic power to strike great nations. Our enemies have declared this very intention, and have been caught seeking these terrible weapons. They want the capability to blackmail us, or to harm us, or to harm our friends – and we will oppose them with all our power"[7].

La lógica de esta hipótesis sumada a la existencia de WMD llevó a una intensa vigilancia por parte de la inteligencia norteamericana. El resultado hasta la fecha ha sido limitado. Se ha comprobado que el régimen baasista:

  • ha dado asilo a dirigentes de organizaciones terroristas palestinas;
  • ha respaldado y justificado actos terroristas;
  • ha enviado dinero a las familias de terroristas suicidas palestinos;
  • ha mantenido contactos de alto nivel con Al Qaeda;
  • ha dado refugio temporal y asistencia médica a dirigentes de Al Qaeda;
  • ha entrenado comandos suicidas.

El Presidente Bush se refirió expresamente a la amenaza terrorista que el régimen baasista supone:

In 1991, the U.N. Security Council, through Resolution 687, demanded that Irak renounce all involvement with terrorism, and permit no terrorist organizations to operate in Iraq. Iraq's regime agreed. It broke its promise. In violation of Security Council Resolution 1373, Irak continues to shelter and support terrorist organization that direct violence against Iran, Israel, and Western governments. Iraqi dissidents abroad are targeted for murder. In 1993, Irak attempted to assassinate the Emir of Kuwait and a former American president. Iraq's government openly praised the attacks of September 11th. And al Qaeda terrorists escaped from Afghanistan are known to be in Iraq[8].

Pero, por ahora, no se ha podido encontrar ninguna prueba de colaboración operativa con Al Qaeda, el escenario que más preocupaba a la administración norteamericana. A menudo se ha afirmado que Sadam y Osama ben Laden representa dos formas distintas e incompatibles de entender el futuro del Islam, que están más llamados a combatir entre sí que a entenderse. Sin embargo, la existencia de un enemigo común puede llevar a acuerdos temporales, como se está demostrando actualmente en Irak. El régimen baasista puede proporcionar armas de destrucción masiva a Al Qaeda para que las utilice contra Occidente y esta posibilidad ha sido una de las razones por las que la Administración Bush convirtió a Irak en su objetivo principal tras la caída del régimen talibán en Afganistán.

5. O antes o nunca.

"For much of the last century, America's defense relied on the Cold War doctrines of deterrence and containment. In some cases, those strategies still apply. But new threats also require new thinking. Deterrence – the promise of massive retaliation against nations – means nothing against shadowy terrorist networks with no nation or citizens to defend. Containment is not possible when unbalanced dictators with weapons of mass destruction can deliver those weapons on missiles or secretly provide them to terrorist allies" [9].

La disuasión fracasó con Sadam, como antes había resultado ineficaz con los talibanes afganos o con Milosevic en Yugoslavia. La disuasión es absolutamente inútil con un terrorista que ha decidido sacrificar su vida en un acto que implica su propia muerte. Cuando la disuasión fracasa o cuando el enemigo es un grupo terrorista no hay más opción que llegar antes y golpear primero. En caso contrario sólo quedará la opción de hacer justicia, pero a los muertos no se les podrá devolver la vida.

"(...) our security will require all Americans to be forward-looking and resolute, to be ready for preemptive action when necessary to defend our liberty and to defend our lives"[10]

En términos militares se entiende por pre-emptive aquella acción de fuerza que se realiza cuando el enemigo ya está desplegado en el campo de batalla y tiene voluntad de atacar. De forma incorrecta se ha traducido este concepto al castellano como "guerra preventiva", expresión militar que hace referencia a acciones de otro tipo, cuando lo correcto es "acciones de anticipación". Cuando el teatro de operaciones no es convencional y, por lo tanto, el enemigo no despliega sus divisiones sobre un espacio geográfico determinado, tenemos que utilizar el concepto en sentido figurado[11]. En el caso de la WMD el despliegue se dará por realizado cuando hay voluntad de utilizarlas. En cuanto al terrorismo, en el momento en que una célula se organiza.

Para muchos analistas norteamericanos la existencia de WMD y/o amenaza terrorista proporcionaba un nuevo argumento para actuar. Resultaba necesaria una acción de anticipación que aprovechara la situación de relativa debilidad del régimen de Sadam -aislado, con sus ingresos disminuidos y sometido al control de la aviación británica y norteamericana- para destruir sus arsenales y acabar con su régimen político. De otra forma, el tiempo jugaría a favor de Sadam, que podría ampliar sus capacidades y desarrollar sus lazos con las organizaciones terroristas. En una perspectiva puramente militar y descontado el fracaso de las estrategias de contención, había llegado el momento de actuar y poner fin a la amenaza que Sadam Hussein venía creando desde hacía más de una década.

6.- Parte o todo.

Para un sector de los realistas y para el conjunto de los neoconservadores la crisis de Irak sólo se podía comprender y afrontar como parte de la crisis general de Oriente Medio. Irak representaba una amenaza en sí, pero era necesario valorar la acción a tomar en función de su efecto sobre su entorno. Las diferencias entre escuelas y análisis eran importantes a la hora de definir la amenaza que suponía Arabia Saudí, Irán o Siria, pero todos estaban de acuerdo en establecer una política que obligara a estos países a alterar sus políticas. La campaña en Irak sería, por lo tanto, el primer paso en una estrategia de reordenación regional, un acto clásicamente imperial, asumido con normalidad y sin ignorar los riesgos que se corrían. No se realizaba desde un optimismo ingenuo, como se ha repetido desde la prensa europea, sino desde una visión pesimista de la evolución política, social y económica de la región. En esas circunstancias no hacer sería peor que hacer, con todas las incertidumbres que la segunda opción implicaba.

Para los realistas, con Rumsfeld y Cheney a la cabeza, se trataba de realizar un acto de fuerza que acabara con Hussein y que dejara claro a los países antes citados que Estados Unidos estaba en condiciones de proyectar sus ejércitos y de acabar con cualquiera de sus regímenes si se convertían en una amenaza, por desarrollar WMD o por amparar a grupos terroristas. Para los neoconservadores, con Wolfowitz y, cada vez más, Rice y el propio Bush, la implantación de una democracia en Irak actuaría como un faro que irradiaría una benéfica influencia en la región. La libertad, la justicia, la educación... son valores universales que la mayor parte de la gente desea. No sería facil su implantación en una zona como Oriente Medio, pero si se actuaba con decisión y constancia al final se lograría el objetivo.

Diferencias a parte, todos coincidían en que la intervención sobre Irak debía actuar sobre el régimen iraní animando el proceso democratizador y poniendo fin al programa nuclear; debía hacer recapitular a la monarquía saudita sobre la necesidad de combatir el islamismo y al baasismo sirio sobre la colaboración con el terrorismo libanés y palestino. En caso contrario, sería la primera de una serie de campañas militares.

No había acuerdo sobre los objetivos últimos, pero sí sobre la necesidad de actuar sobre el conjunto de Oriente Medio para crear condiciones que permitieran frenar el islamismo, acabar con el terrorismo, asegurar la independencia de Israel y el desarrollo político, económico y social de los estados.

7.- Injerencia humanitaria.

Ya en el siglo XVI los estudiosos de la Escuela de Salamanca consideraron el derecho a levantarse contra el tirano. Desde entonces mucho se ha reflexionado sobre el tema, pero poco se podía hacer contra el sagrado principio de no injerencia en los asuntos internos de un estado. No era un postulado moral sino práctico, era una forma de ordenar la vida internacional evitando conflictos de consecuencias desastrosas. Sin embargo el tiempo fue erosionando este pilar del derecho internacional por la sola razón de que la opinión pública occidental dejó de asumirlo. La ciudadanía consideró inmoral e inaceptable ver día tras día terribles imágenes en televisión sin hacer nada. La gota que colmó el vaso fueros las crisis balcánicas y, especialmente, Kosovo. Los movimientos forzados de la población albano-kosovar llevaron a la promulgación de un principio nuevo, el de injerencia humanitaria. Cuando se sometía a la ciudadanía a una violación muy grave de sus derechos, la comunidad internacional tenía derecho a intervenir para poner fin a esa situación. La mayor parte de los especialistas en derecho internacional reaccionaron con escándalo, lo que en esa disciplina académica es costumbre, y muchos estados pequeños o de comportamiento poco ejemplar temieron que la nueva figura pudiera ser utilizada para actuaciones neocoloniales por parte de las grandes potencias. El problema se agravó con la amenaza de veto ruso en el Consejo de Seguridad y la actuación militar fuera del paraguas de legalidad de Naciones Unidas.

La guerra concluyó y comenzó una reflexión sobre las implicaciones del nuevo principio. ¿Por qué se aplicó en Balcanes y no se hizo antes en la mucho más sangrienta crisis de los Grandes Lagos? ¿Es sólo válido este principio para Occidente o tiene validez para el conjunto del planeta? La oposición iraquí, como otras formaciones políticas de otros países, comenzó a exigir que este principio se empleara con el gobierno de Bagdad. Dejando a un lado la amenaza que pudiera suponer para sus vecinos, Sadam había realizado sucesivas masacres tanto con la población chiíta como con la kurda. En el segundo caso, como ya comenté con anterioridad, había llegado a utilizar armamento químico. Los argumentos eran de peso y determinados sectores del establishment norteamericano empezaron a considerarlo. Entre los republicanos los neoconservadores fueron los más interesados. Su disposición a remodelar la región tenía un fundamento moral y democrático y aquella situación resultaba un buen punto de partida argumental. Pasado el tiempo continúa siéndolo:

"No, Irak is no picnic to pacify and rebuild, yes some of us did romanticize the Iraqis beforehand, no we have not found WMDs. But we have found torture cells, execution sites, mass graves; and the moral significance of those swamps all the rest. Wasn't that the whole point of the 20th century?".

"Was our intervention pragmatically right, was it essential in self-defense? Yes; but reasonable people can differ. Was it morally right? No one can dispute that. No one who has ever had the faintest brush with moral reality can fail to answer yes. (The very first story in the Bible after the end of Paradise: "Your brother's blood cries out to me from the earth!") With the discovery of those torture cells and mass graves, the moral question was closed forever: We were right to fight"[12].

Sería exagerado afirmar que el principio de injerencia humanitaria fue un argumento suficiente para decidir al gobierno norteamericano a iniciar una guerra a miles de millas de distancia, pero es un elemento importante para comprender la posición de una parte de la opinión, tanto republicana como demócrata. Para aquellos convencidos de que no había más opción que asumir la responsabilidad de reorganizar la región, los terribles abusos cometidos por Sadam eran una prueba de la necesidad de intervenir para evitar males mayores y poner las bases de un estado más justo.

Conclusiones

Siete razones para comprender una decisión presidencial arriesgada. Ninguna de ellas bastó para resolver, pero sumadas convencieron a un hombre que había iniciado su mandato tratando de evitar verse arrastrado por conflictos militares. No hubo una posición común en la Administración sobre por qué ir, qué hacer o cuándo abandonar. Las distintas corrientes no se mezclaron dando forma a una sola doctrina. Todavía hoy las disonancias predominan, pero el debate no ha terminado.



[1] BUSH, George W. President Bush Addresses United Nations General Assembly The Office of the Press Secretary. Washington September 13, 2002.

[2] KISSINGER, Henry A. "La Alianza Atlántica en sus crisis más grave" en ABC 13 de febrero de 2003.

[3] KAGAN, Robert "Multilateralism, American Style" in The Washington Post September 13th, 2002.

[4] KAGAN "Multilateralism..."

[5] Iraq’s Weapons of Mass Destruction. A Net Assessment. International Institute of Strategic Affairs. London, 2002. pag. 48.

[6] Iraq’s Weapons... pag. 47.

[7] BUSH, George W. President Bush Delivers Graduation Speech at West Point. Remarks by the President at 2002 Graduation Exercise of the United States Military Academy West Point, New YorkThe Office of the Press Secretary, Washington, June 1, 2002

[8] BUSH, President Bush Addresses...

[9] BUSH President Bush Delivers Graduation Speech...

[10] BUSH President Bush Delivers Graduation Speech...

[11] Para un análisis del concepto ver The National Security Strategy of the United States of America Washington, September, 2002. Pag. 19.

[12] GELERNTER, David "Bush's Rhetoric Deficit: In making the case for the war, he downplays his strongest argument: America's duty". The Weekly Standard, October 6, 2003.

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comentarios
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Richard A. Clarke
Javier Bardavío

Uno de los libros de este verano ha sido Contra los Enemigos de Clarke, exconsejero en materia de terrorismo de varios gobiernos USA.
Clarke argumenta en contra de la invasión de Iraq por no tener pruebas definitivas sobre la vinculación de Al Qaeda y este país. Sus razones parecen de peso, pero en dos o tres ocasiones hace referencia a esa bella y pacífica religion que es la musulmana y no menciona lo que el Sr Portero argumenta a la perfección en este artículo sobre la evidencia de la existencia y uso de armas de destrucción masiva y la influencia que ello podía generar en una región dominada por millones de musulmanes, en su mayoría radicales, que odian vehementemente a los infieles.
Este es el más completo documento y mejor estructurado que he leído para entender los motivos que empujaron a la administración Bush a tomar una decisión de tanta trascendencia.
Gracias por el esfuerzo realizado.?