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La Ilustración Liberal

Reseñas

Un profundo, pero lúcido, amor a la Justicia

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Después de ofrecernos el punto de vista del juez en Los pasos perdidos, y desde la serenidad que le aporta la relativa distancia de la amargura de su calvario, reflejado en Desde el banquillo, Javier Gómez de Liaño adopta esta vez el lugar del observador imparcial para ofrecernos una radiografía de las muchas miserias y de las grandezas —que también las hay, como él mismo demostró en el ejercicio de su profesión— de nuestra Justicia.

Juicios sumarísimos es, en palabras de su autor, "una bienintencionada guía judicial (...) un lexicón que trata de poner al alcance de todos múltiples voces de significado al menos confuso y, con frecuencia, desconocido", escrito para "peritos, aprendices y profanos". Pero es mucho más que eso: el nuevo libro de Gómez de Liaño es el cierre de una trilogía dedicada a la Justicia; de la que, a pesar de todo, sigue declarándose enamorado. Eso sí, con un amor maduro que no idealiza al objeto amado y que lo toma tal y como es, con todos sus defectos; pues ese amor ya ha pasado por los ásperos tamices de la rutina, la traición y el desengaño.

Efectivamente, en el libro hay excelentes definiciones, con abundantes citas de los clásicos de la Filosofía y el Derecho, que justifican plenamente la calificación que le da su autor de guía judicial o lexicón. Pero tras las definiciones y las citas, vienen los certeros aforismos, extraídos de una filosofía del Derecho propia elaborada durante sus treinta años de jurista en ejercicio. El Poder, la forma de Estado, la división de poderes, el uso alternativo del Derecho, los males de la Justicia (lentitud, errores, politización, jueces "estrella"), la selección de los jueces y magistrados, las cárceles, el jurado, el periodismo jurídico, todos los entresijos y recovecos relacionados con el mundo de la Justicia y sus aledaños merecen un lúcido comentario del autor, muchas veces con protagonistas en la sombra de todos conocidos (Polanco), y algunas directamente con nombres y apellidos, como los de Bacigalupo, Garzón o su biógrafa, Pilar Urbano.

Pero lo que más destaca en las trescientas páginas de Juicios sumarísimos es un largo y triste lamento por la politización de la Justicia —articulada en torno a las asociaciones de jueces y fiscales— y por la sumisión de no pocos jueces y magistrados al poder político o económico de turno. Estos son los cánceres que, en opinión de Gómez de Liaño y más aún que la crónica lentitud de los tribunales, han contribuido a debilitar, desvirtuar y desacreditar la administración de Justicia ante los ojos de los ciudadanos. Sobre todo en lo que toca a las más altas instancias judiciales. Una politización y sumisión a los poderes fácticos cuyas consecuencias sufrió en propia carne el autor; quien, a pesar de todo, afirma convencido que la gran mayoría de los jueces y magistrados aman su profesión con la fuerza que confiere la verdadera vocación de "dar a cada uno lo suyo". Son sólo unos pocos —pero muy activos— quienes, cumpliendo los designios de sus amos, manosean con ánimo perverso a la doncella de la espada, la balanza y los ojos vendados: el correlato alegórico de la inquebrantable independencia que, como señala el autor, debe ser el primero, principal e irrenunciable activo de todo juez. Especialmente cuando, como Javier Gómez de Liaño, se tiene verdadero amor y vocación por la Justicia.

Javier Gómez de Liaño. Juicios sumarísimos. Ed. Temas de Hoy; 307 p. Madrid-2003.

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