Menú

La Ilustración Liberal

Libro pésimo

Adoctrinamiento total

0

La asignatura Educación para la Ciudadanía ha generado uno de los más enconados debates de los últimos años. En palabras del senador popular Ignacio Cosidó, se trata de una materia que va "más allá" de su pretendido propósito porque introduce un "sesgo ideológico" en la instrucción de los escolares y "violenta" la libertad de los padres a la hora de elegir la formación moral de sus hijos. Ahora bien, lo cierto es que ese "sesgo" es inherente al sistema público de educación: en muchas comunidades autónomas se enseña nacionalismo en las escuelas, y socialismo en todas (o prácticamente en todas).

Lo que hace Educación para la Ciudadanía es insistir en esta senda sectaria, para que no haya forma de salir del colegio sin dominar los mantras habituales de la izquierda.

El manual de Akal que pasamos a comentar es prueba de ello. La nostalgia del comunismo impregna cada una de sus páginas, y los autores ni siquiera tratan de ocultar sus filias con cierta elegancia, como hacen, por ejemplo, Chomsky o Negri. Las viñetas que acompañan al texto (que comienza ensalzando a Sócrates y a Platón por su preocupación por lo público y por su afán de buscar la verdad) están cargadas de un odio acérrimo hacia la economía de mercado. En una de ellas aparece un trabajador leyendo el Wall Street Journal y diciendo: "Parece que la empresa no está obteniendo los beneficios que debiera, ¡pues no se hable más: mañana mismo me despido sin indemnización ni nada! ¡Y como se me ocurra protestar, llamo a los antidisturbios y que me abran la cabeza!". En otra, el dibujante Miguel Brieva presenta la fiesta de la democracia, en la que unos jóvenes llevan el símbolo del dólar a modo de esvástica y comentan: "Lo bueno de la dictadura de mercado es que tiene todo lo bueno de los fascismos precedentes pero sin el mal rollo ese de los desfiles y las marchas militares, y además, la de juguetitos que han pensado para que nos lo pasemos bomba". Mientras, los militares se preparan para contener al populacho, y de los altavoces brotan las palabras compre, obedezca, no piense, trabaje.

Los autores de Educación para la Ciudadanía... tratan en las primeras páginas de no asustar, pero no acaban de conseguirlo, sobre todo por los dibujos de Brieva. Después, se relajan y muestran abiertamente su verdadera faz. Cuando hablan de tiranos omiten los nombres de Castro, Stalin, Pol Pot, Mao y demás jerarcas comunistas, porque con los de los dictadores que martirizaron Chile, Argentina, Uruguay, Chile y España el recuento es más que suficiente. Cuando hablan de injusticias inciden en la cantidad de pobres y negros que hay en las cárceles y en la de "productores de armamento, traficantes de armas, cómplices de agresiones militares como la perpetrada en Irak [y] directores de Banco" que están en la calle. Es decir, que dan en comparar a un traficante de armas con un empleado de banca, o a un presidente democrático con un asesino de ETA, por ejemplo. Digo ETA porque en la cárcel, aparte de pobres y de negros (especialmente en los Estados Unidos, donde, como no tienen reparo en señalar, hay más población reclusa que en la tranquila Cuba, donde sólo hay "alrededor de 300 presos de conciencia", una cifra prácticamente irrisoria cuando se compara con el número de presos en Norteamérica: 2.000.000), hay también pederastas, violadores y terroristas. ¿O no?

A estas alturas, si el estudiante no ha tirado la toalla, harto de los pesados que han escrito el libro, es que es más bien masoca o extremadamente paciente. Si sigue adelante se encontrará con que Bill Gates es un millonario que no debería serlo, porque su fortuna es "incompatible con la forma de la ley". La culpa la tiene el Derecho, que funciona como "un instrumento de los poderosos para ser aún más poderosos, un instrumento de los ricos para ser aún más ricos y un instrumento (…) para extirpar cualquier brote de rebeldía o de resistencia por parte de la ciudadanía". ¡Cuán necios y ciegos hemos sido para no habernos dado cuenta de que Gates es el amo del mundo y de que vivimos en un Matrix regido por los multimillonarios!

Tampoco somos conscientes de la explotación a que se nos somete. No somos propietarios porque se nos ha condenado a la condición de asalariados. Se nos ha proletarizado para que el capitalismo pueda pervivir. Se trata de una condición "sine qua non" para su existencia.

Así que lo que se impone para progresar es... dar marcha atrás. "Marx consideró que era una locura mantener al ser humano dependiendo a vida o muerte de un sistema tan estrictamente inhumano. Precisamente por eso, Marx era comunista", afirman. Y añaden: "Ha sido el capitalismo el que ha dejado sin propiedad privada al 90% de la población. Los obreros trabajan y trabajan, y no por ello se hacen propietarios de los productos de su sudor". No, no están de broma, no es éste un libro de humor. (Y no es éste el lugar para refutar la teoría de la plusvalía de Marx; de todas formas, ya lo hizo Böhm Bawerk. A este respecto, véase el magnífico trabajo publicado por José Ignacio del Castillo en el número 8 de esta revista).

En Educación para la Ciudadanía... se vierte la enormidad de que la propiedad privada capitalista es "la propiedad privada sobre las condiciones de trabajo de los demás". Hombre, lo cierto es que quien lohace es el Estado, que nos quita un porcentaje del fruto de nuestro trabajo y, como diría Robert Nozick, un autor que supongo no conocerán estos señores, nos somete a una especie de régimen de esclavitud.

Junto con semejantes cantidades de marxismo a palo seco, los componedores de este mamotreto nos endilgan una ración de críticas igualmente zafias y mendaces al enemigo público de la izquierda española, Federico Jiménez Losantos, a quien tachan de racista militante...

En fin, que este libro es más de lo mismo: anticapitalismo, odio a Occidente y a los Estados Unidos y jerga marxistona, a la mayor gloria de la izquierda más rancia y antiliberal.

Muchos profesores se han dedicado durante muchos años a propagar estas ideas, y muchos medios de comunicación las repiten cada día. La derogación de Educación para la Ciudadanía no mejoraría sustancialmente la situación, porque el mal está ahí, en el sistema público de educación, que permite que gente como ésta manipule las mentes de las generaciones más jóvenes.

Carlos Fernández Liria, Pedro Fernández Liria y Luis Alegre Zahonero, Educación para la Ciudadanía. Democracia, capitalismo y Estado de Derecho, Akal, Madrid, 2007, 239 páginas.

0
comentarios