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La Ilustración Liberal

Reseñas

¿Por qué seguimos en crisis?

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Pocos autores han sabido desentrañar las claves y el desarrollo de la crisis. Por esta misma razón, escasas son las obras que logran arrojar luz sobre el verdadero origen y las profundas causas de la actual situación, que, por desgracia, tantas penurias y dificultades está causando a millones de personas en medio mundo. Aún menos son las que, además, lo hacen con un lenguaje sencillo y comprensible, al alcance de los lectores menos avezados en esta ardua materia, pero, al mismo tiempo, sin descuidar un ápice la imprescindible rigurosidad que requiere en todo momento la aplicación de la teoría económica.

No por casualidad, el doctor Rallo se ha convertido por méritos propios en uno de los analistas económicos más prestigiosos y cotizados del panorama nacional. A él debemos uno de esos pocos libros de que hablábamos, Crónicas de la Gran Recesión (2007-2009), donde desentrañaba el estallido y posterior devenir de la crisis financiera mundial tras la quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers, así como el estrepitoso fracaso que cosecharon las recetas urdidas por los bancos centrales y los Gobiernos de Occidente para tratar de solventar los graves problemas que ellos mismos habían causado años atrás, con la creación de la gran burbuja crediticia a principios de la pasada década. De hecho, tal fue el fiasco que, a día de hoy, casi seis años después, la crisis continúa, especialmente en algunos países de la Zona Euro, como es el caso de España, solo que transformada en una brutal crisis de deuda que amenaza la solvencia misma del Estado.

Secuela de ese volumen es este otro, Crónicas de la Gran Recesión II (2010-2012), compendio de cien artículos, breves y muy concisos, en los que Rallo se centra en explicar lo que él mismo predijo en su anterior obra: la continuación de la crisis en forma de quiebras estatales y estancamiento económico debido a la ineptitud de unos políticos empecinados en repetir, una y otra vez, la errónea y, a la postre, suicida receta keynesiana. Una tragedia que, en el caso concreto de España, lejos de corregirse tras la marcha del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, está perpetuando el no menos socialista Mariano Rajoy.

A lo largo de sus páginas, el lector descubrirá una verdad que no por ser negada insistentemente por la clase política y la inmensa mayoría de economistas y medios de comunicación deja de ser cierta. A saber, que "el libre mercado no causó la crisis" sino todo lo contrario, ya que el origen de todos los problemas deriva del brutal intervencionismo monetario, financiero, fiscal y económico que siguen padeciendo muchos países. La burbuja de la pasada década, que permitió el endeudamiento masivo de empresas y familias, no fue originada por los malvados mercados y especuladores sino por la banca central, que ostenta el monopolio legal de la emisión de dinero, debido a la fijación de unos tipos de interés artificialmente bajos y a una histórica expansión crediticia, a través de un sistema financiero ultrarregulado e hiperintervenido, que no estaba respaldada en ahorro real. Muchos olvidan que el Nobel Paul Krugman, el mayor exponente del keynesianismo actual, recomendaba a principios de la pasada década al entonces presidente de la Reserva Federal de EEUU, Alan Greenspan, que redujera los tipos de interés para generar una gran burbuja inmobiliaria capaz de disparar el crecimiento. Y así fue. De aquellos polvos, estos lodos.

El problema es que, una vez estallada la crisis, los gobernantes aplicaron la misma teoría que causó el desastre y dispararon el gasto público con el fin de reactivar el consumo, cayendo así en históricos déficits que, más temprano que tarde, acabarían poniendo en duda la solvencia de los propios Estados. Dicho y hecho. En lugar de rebajar los impuestos, recortar de forma drástica el gasto público y liberalizar los mercados, la mayoría de los Gobiernos apostó por el camino inverso, elevando impuestos, disparando el gasto y manteniendo restricciones, barreras e intervenciones de toda índole que, bajo la engañosa etiqueta de derechos sociales, han seguido anquilosando las rígidas estructuras productivas de sus respectivos países. Todo ello, nuevamente, constituye un claro ejemplo de libre mercado, sin duda...

¿El resultado? Quiebras soberanas. Primero Grecia, en 2010, debido al mantenimiento de un Estado elefantiásico que, durante algunos años, pudo mantenerse en pie gracias al crédito fácil y barato que propició su pertenencia al euro, convirtiéndolo en un gran "parque temático socialista", tal y como dice Rallo. El socialismo arruinó Grecia, tras acumular una deuda pública superior al 150% de su PIB, un déficit público anual de dos dígitos y un insostenible déficit exterior derivado de su estatalizada economía. El caso de Portugal no es muy distinto al de Grecia. Irlanda, sin embargo, paladín de las políticas liberales en materia fiscal, no cayó por culpa de su sobredimensionada estructura estatal sino como consecuencia de un error monumental: el rescate público de una banca cuyo peso ascendía a ocho veces el PIB nacional. ¿Capitalismo? Dónde. Fue el intervencionismo monetario el que expandió el crédito de forma desaforada, creando una gran burbuja inmobiliaria y la consiguiente quiebra de la banca irlandesa, y fue el intervencionismo estatal el que, posteriormente, acudió al rescate indiscriminado de dichas entidades, repartiendo la factura entre todos los contribuyentes.

Rallo también dedica un artículo a desmontar el mito de Islandia, un ejemplo para muchos por negarse a rescatar a sus bancos, lo cual no es cierto. Los políticos islandeses también nacionalizaron la banca, a costa de robar a los acreedores extranjeros y empobrecer enormemente al conjunto de su población vía devaluación monetaria.

Fue en 2011 cuando, en teoría, los Gobiernos en problemas admitieron que habían cometido un error y prometieron realizar ajustes y reformas para garantizar su solvencia. A partir de entonces, los mismos keynesianos que causaron y agravaron la crisis comenzaron a criticar los nefastos efectos de la austeridad fiscal y a culpar a los especuladores del injusto encarecimiento financiero que sufrían países serios de la talla de España, Italia o Francia. Otro engaño masivo. Rallo desmonta todas y cada una de las extendidas falacias en torno a la falsa dicotomía entre austeridad y crecimiento propia de estos dos últimos años. La austeridad presupuestaria sigue siendo un mito. El gasto, el déficit y la deuda públicos se mantienen en niveles récord en muchos países y los escasos Gobiernos que han aplicado recortes lo han hecho mínimamente, conservando casi intactas las sobredimensionadas e insostenibles estructuras de los años del boom económico. Bajo el irreal mantra de la austeridad, sin embargo, se ocultan inéditas subidas fiscales que, como en el caso de España, tan sólo dificultan la salida de la crisis, ya que desincentivan enormemente la acumulación de ahorro y la generación de riqueza. Y ello sin apenas liberalizar la estructura productiva.

Por tanto, la crisis continúa e incluso se agrava por la sencilla razón de que, hoy por hoy, hay más Estado y menos mercado, es decir, más keynesianismo y menos capitalismo, justo lo contrario de lo que necesitamos. Rallo es muy claro al respecto y los artículos contenidos en esta obra aportan todo tipo de evidencias empíricas sobre los errores e irresponsabilidades que han cometido la mayoría de los Gobiernos desde 2010.

En este sentido, cobra especial relevancia la parte final del libro, en la que Rallo carga sin ambages ni medias tintas contra las políticas de Mariano Rajoy tras su llegada al poder. Un cúmulo de despropósitos los del PP, equivalentes a los del PSOE, que, en caso de no ser corregidos, podrían conducir a España a tres escenarios desastrosos, a cada cual peor: rescate exterior, quita de deuda o salida del euro y devaluación.

Esperemos, por el bien de todos, que no sea ésa la situación a analizar en una hipotética tercera entrega de esta serie del profesor Rallo.

Juan Ramón Rallo, Crónicas de la Gran Recesión II, Unión Editorial, Madrid, 2013, 425 páginas.

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