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La Ilustración Liberal

España

Radiografía de la historia reciente de Cataluña

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¿Para qué sirve la historia? El celebrado historiador británico Tony Judt dice en Thinking the twentieth century (2012) que distorsionar el pasado es el método más antiguo para controlar a la sociedad. El que controla la interpretación del pasado controla el presente. Por eso una democracia debe cuidar la enseñanza de la historia. Eso mismo decía también George Orwell ya en 1943 y precisamente sobre Cataluña:

En España, por primera vez vi reportajes de prensa que no guardaban ninguna relación con la realidad, ni siquiera la relación que se sobreentiende en una mentira normal y corriente (…) Sé que está de moda decir que gran parte de la historia escrita es mentira. Estoy dispuesto a creer que la historia es en su mayor parte inexacta y sesgada, pero lo peculiar de la época en que vivimos es la renuncia total a la idea de que la historia podría escribirse con arreglo a la verdad. (…) Esta perspectiva me aterra mucho más que las bombas. Y tras las experiencias de estos últimos años, no es una afirmación frívola1.

Cuando se trata de la situación catalana, es útil preguntarse cuáles son los interrogantes fundamentales. Uno tiene que ver con la verdad histórica. ¿Es verdad que se debe considerar que Cataluña es un territorio colonizado? Otro es político: ¿conviene a los españoles que viven en Cataluña y a los demás españoles la actuación de los nacionalistas? Otro más es social y cultural: ¿se puede separar una reivindicación catalanista legítima de la propaganda de los nacionalistas? La historia reciente de Cataluña muestra similitudes inquietantes con regímenes de memoria nefasta. Se puede pensar en la salida masiva de docentes y la imposición de un pensamiento nacionalista a través de la educación y de los medios de comunicación, algo que recuerda lo que en los años 30 en Alemania se llamaba Gleichschaltung, imponer términos especiales para dificultar al opositor pensar fuera del marco conceptual del poder, un proceso descrito por Victor Klemperer (2002). Combinar la propaganda y la desinformación con dar un nuevo significado a los términos crea una confusión en la mente de la gente y debilita su resistencia.

Cuatro autores catalanes han querido llamar a reflexionar a sus conciudadanos sobre el uso de la propaganda nacionalista, la manipulación de los términos, la tergiversación de la historia y el acoso moral. (Por haber evitado la violencia física, el nacionalismo catalán ha despertado menos protestas que el del País Vasco). Entre los cuatro textos, el más personal es El manicomio catalán (2013), del periodista Ramón de España. En un lenguaje cotidiano y humorístico, el autor cuenta su experiencia personal presentándose como un socialista de toda la vida que está harto y quiere protestar contra la actuación de los partidos políticos tanto en Cataluña como en el resto de España. El mensaje se resume en el fotomontaje de la tapa, que representa a Pujol vestido a lo maoísta. El autor constata que Pujol domina por completo todos los ámbitos de la vida catalana a través de la TV3, Catalunya Ràdio, La Vanguardia, el fútbol, la educación y la policía. Toda la sociedad y también el lenguaje se han hecho convergentes. El nacionalismo catalán ha logrado convencer a muchos de que el catalanismo significa progresismo, razón y bondad, y ha convertido en obligatorio rendir homenaje a la cultura catalana.

El autor es extremadamente crítico con los suyos, los partidos de izquierda. Constata que el Partido Socialista de Cataluña se ha llenado de nacionalistas que además temen no ser suficientemente catalanistas. Aceptan la ideología nacionalista, que dice que español es igual a fascista mientras que catalán equivale a progresista. Con todos los problemas que existen en el mundo, el autor sabe que el nacionalismo catalán es irrelevante, pero aun así le entristece lo que está pasando con el ambiente cultural de Barcelona, su ciudad. Le parece que Barcelona, que había sido el centro cultural más importante en España en los años 70, se está convirtiendo en Lloret de Mar, y las Ramblas en una mezcla del Bronx y Benidorm en la que ladrones y proxenetas hacen su agosto; y que, en vez de un imán cultural, la ciudad es más bien "una inmensa playa para turistas internacionales, ociosos profesionales, estudiantes Erasmus y ciclistas psicóticos" (pp.176-177).

Xavier Horcajo es periodista especializado en la economía. Ha seguido durante muchos años lo que ha sucedido en Cataluña y no bromea en La pasta nuestra. 33 años de poder convergente en Cataluña (2013). Otros se oponen al nacionalismo por razones políticas, pero Horcajo enumera razones económicas y jurídicas. La corrupción y el clientelismo caracterizan la vida pública catalana desde hace tantos años que se debe hablar de impunidad. En la tapa hay un fotomontaje de un billete con la cara de Pujol emitido en Cataluña.

El libro está lleno de ejemplos de corrupción, tantos que el lector puede sentirse mareado. El autor pide disculpas por la enumeración pero dice que la corrupción no tiene estructura. Menciona escándalos asociados a nombres como Estevill, Duran Lleida, Pallerols, Prenafreta y Millet, y habla de contratos de construcción, blanqueo de capitales y dinero en Liechtenstein. Los hijos de Pujol se han convertido en multimillonarios sin haber hecho nada en particular. Horcajo subraya la responsabilidad del Gobierno central por no haber frenado la corrupción catalana.

Horcajo constata que Cataluña tiene serios problemas económicos, como el paro, la deslocalización de empresas y la deuda pública, pero la reacción de los políticos catalanistas ha sido desviar las miradas de lo que hacen ellos y echar la culpa a Madrid, provocando un frenesí de nacionalismo. El único político de relevancia que se atrevió a oponerse al catalanismo, Alejo Vidal-Quadras, fue sacrificado en 1996 por un PP que buscaba una alianza con Jordi Pujol para poder gobernar a nivel nacional.

El profesor y exdiputado Antonio Robles nos entrega La historia de la Resistencia en Cataluña al nacionalismo lingüístico (en prensa). Aparecen en su libro los mismos nombres que en los otros libros pero con un énfasis en la lengua, la educación y la traición de los partidos de izquierda. Robles se llama ingenuo por pensar que la falta de reacción de la ciudadanía se debía a una falta de información. A mediados de los años 90 escribió un libro en el que contaba el acoso, un libro que causó algo de revuelo pero cambió nada. Su nuevo libro trata de los diferentes pasos del camino hacia la hegemonía del nacionalismo y su propia lucha incansable para hacer que el público reaccione.

El catalanismo llama "inmigrantes" a los catalanes procedentes de otras partes de España, y Robles subraya que esto es fundamentalmente un problema de la izquierda, porque las bases de los partidos y sindicatos de izquierda (PSA, PSC, PSUC, ICV, EUiA, UGT y CCOO) eran casi todas de procedencia andaluza y del resto de España en los años 70. Desde 1980 hay familias en Cataluña que reclaman sin resultado una educación en castellano para sus hijos. Robles considera que se debe hablar del catalanismo como de un racismo encubierto que confunde a los observadores porque se presenta como víctima. Ha logrado imponer a la sociedad una cadena de asociaciones como las siguientes: catalanismo = democracia = progresismo = libertad = Cataluña; mientras que la correspondiente cadena negativa reza: lo español = españolismo = franquismo = ultraderecha = dictadura. Las cadenas de asociaciones son claramente falsas, pero ya que la propaganda las ha repetido tantas veces han terminado por ser consideradas como verdaderas. La palabra catalán se utiliza frecuentemente en el sentido de catalanista y los líderes se pronuncian en nombre de Cataluña, usurpando la representación de personas que no piensan como ellos. En este juego de poder, una herramienta esencial de los catalanistas ha sido negar lo que están haciendo a la vez que estigmatizan y expulsan de la vida social a los no nacionalistas. Esta política ha sido muy exitosa. El terrorismo vasco ha producido rechazo social pero el victimismo catalán despierta simpatía. Otra cadena de asociación es fútbol = Barça = Camp Nou = canción protesta protesta = lo popular = lo divertido = lo atractivo. Todo esto se refuerza con un fuerte clientelismo, porque hay subvenciones públicas para todo lo que tenga un toque catalanista.

El profesorado ha sido la clave de la catalanización de la sociedad. En 1978 se creía en la buena fe de todos, pero ya en 1981 el catalanismo se había hecho con la esfera pública y un profesor no catalanista no obtenía ningún puesto. En 1981 el autor oyó decir en público que estaría terminada la catalanización de la educación en once años, y así ha sido. Es decir, que se trata de un proyecto político cuidadosamente planificado. La terminología que ocultaba esta limpieza lingüística utilizaba palabras como normalización y recuperación. Se pedía un bilingüismo que primero se quería equilibrado pero más tarde asimétrico a favor del catalán. Se hablaba de la inmersión como un método de aprender una lengua, pasando a usar la inmersión para sustituir a la lengua materna de la mitad de los alumnos. Ante las protestas, se decía que estaba en peligro la cohesión social. Se calcula que salieron de Cataluña unos 14.000-15.000 profesores alrededor del año 1983, toda una limpieza lingüística. El autor ha seguido de cerca lo que ha sucedido en las escuelas y ha observado que la rápida catalanización se ha hecho sin apenas decretos escritos, y así ha sido casi imposible reclamar.

Para Robles, los nacionalistas se quitan la careta el 11 de septiembre de 2012, cuando ya no disimulan su independentismo. Antes había disfraces y mentiras, como que el nacionalismo sólo quería recuperar la lengua y la cultura. Atribuyen una y otra vez a otros lo que están haciendo ellos, como cuando hablan de un complot de Madrid o se refieren a los no nacionalistas como "españolistas" o "franquistas".

Ha sido desafortunado que la Constitución confiara una parte de la educación a las autonomías. En su momento, muy pocos se daban cuenta del peligro que suponía aquello. También fue desafortunada la Logse, pues dejó en manos de los nacionalistas buena parte del currículum y otorgó a los consejos escolares un gran peso. Estos consejos fueron controlados inmediatamente por los padres nacionalistas.

En los medios de comunicación, subraya Robles, el catalanismo no admite discusión o argumentación, sino que la táctica es usar calificativos insultantes contra los adversarios, satanizarlos para desautorizar sus ideas y reivindicaciones. El recurso preferido es identificarlos con el término facha. Es muy difícil que se dé cuenta cabalmente de este acoso, por ejemplo, un periodista que viaja a Cataluña desde otra región española o desde el extranjero.

Las dos iniciativas más conocidas de protesta contra el catalanismo no provienen de los partidos de izquierda en defensa de los obreros, sino de dos asociaciones en defensa del derecho a hablar y educarse en castellano, la Asociación por la Tolerancia y el Foro Babel. Entre otras cosas, han presentado recursos ante los tribunales para reivindicar la posibilidad de educarse en castellano. En 1994 un dictamen del Tribunal Superior no prohibió expresamente la inmersión, pero en 2010 sí, es decir, treinta años después de las primeras protestas y con casi dos generaciones de alumnos catalanes educados en el odio a España. No hace falta añadir que estas asociaciones han sufrido un acoso constante por parte de los nacionalistas.

El libro del profesor Francisco Caja sobre La raza catalana (2013) habla de diferentes ideólogos que han contribuido a la ideología catalanista actual. El autor empieza constatando que ha habido personas con un ideario nacionalista en Cataluña durante mucho tiempo, pero que siempre han sido considerados unos excéntricos sin importancia, totalmente minoritarios. El autor ha recopilado el pensamiento de diferentes nacionalistas, la mayoría de la primera parte del siglo XX y varios de ellos sacerdotes. Su libro viene a ser un manual de la historia de la ideología catalanista.

Como todos, señala que la figura de Pujol es absolutamente central y que el objetivo fundamental de éste ha sido la solución a dos problemas catalanes: qué hacer con el bajo nivel de natalidad que amenazaba la demografía en Cataluña y qué hacer con los españoles de otras regiones, hispanohablantes, afincados en Cataluña. Pujol encontró la solución perfecta: convertir a los llamados charnegos en catalanistas. El aporte de Pujol a la ideología catalanista pasa además por desligarse de los elementos abiertamente racistas presentes en el catalanismo anterior en favor de un discurso más aceptable de derecho a la diferencia, un derecho que incluiría el derecho a dar preferencia a la lengua y la cultura catalanas. Así, el catalanismo se insertaba en el multiculturalismo.

Pujol fue encarcelado por nacionalista entre 1960 y 1962, lo cual le benefició políticamente porque pudo leer y escribir, elaborando más su teoría nacionalista, y además le confirió un enorme prestigio entre los suyos. Ya en 1976 escribió La inmigración, problema y esperanza de Cataluña. Distingue entre los obreros hispanohablantes, a los que se puede catalanizar, y los funcionarios hispanohablantes del Estado, que probablemente no se dejarían catalanizar y a los que, por eso, se debe echar. Pujol cree que los inmigrantes serán la masa o el cuerpo de Cataluña, mientras que los catalanes de nacimiento serán la cabeza. Pujol crea y elabora la idea, después repetida una y otra vez, de que hay dos comunidades distintas en Cataluña, una castellana y otra catalana, y que eso pone en peligro la cohesión social.

Como los demás comentaristas, Caja observa que la izquierda se autodestruye intentando ser más nacionalista que los nacionalistas. El cálculo no les ha salido, ya que, desde las primeras elecciones autonómicas, Pujol ha ido ganando. Los nacionalistas gobiernan la autonomía desde hace unos treinta años sin apenas interrupción, repitiendo que España ha ocupado y colonizado Cataluña, que los de fuera desprecian a Cataluña y que quieren dominarla, un toque victimista. Para Caja, como para otros, ha sido decisivo que ningún partido o sindicato de izquierda se haya opuesto al nacionalismo. Todos los partidos de izquierda se han pronunciado a favor de la inmersión lingüística, ideada por sociolingüistas y adoptada por la escuela progresista catalana.

Históricamente el nacionalismo catalán ha estado asociado a ideologías muy diferentes, subraya Caja. El nacionalismo es una ideología camaleónica que se adapta a diferentes corrientes de pensamiento, pero todas antiliberales. La idea fundamental del nacionalismo es que los catalanes son una nación porque son una nación, es decir, la idea es tautológica. Otra idea es que habría una correspondencia entre la tierra y la lengua, una idea curiosa porque la lengua es una construcción. Los nacionalistas venden a la iglesia la idea de que una Cataluña independiente sería más católica, que la descatalanización habría sido una descristianización, y eso a pesar de que el nacionalismo de izquierda tiene a la iglesia en su lista de enemigos. Se trata de un nacionalismo cristiano, similar al de Franco. Otra fantasía es la de una invasión y un expolio de Cataluña por parte de los castellanohablantes. Un ideólogo cree que la raza catalana está desequilibrada por la influencia de los españoles y en particular por la inmigración andaluza. Otro combina el catalanismo con el comunismo, proponiendo que Cataluña invada España para liberarla, convirtiéndola en comunista. Hay también un ecorracialismo, una ideología que parte de los argumentos a favor de la biodiversidad para exigir que la cultura y la lengua catalanas se guarden para que no se pierda riqueza cultural.

Estos cuatro ensayos sobre el nacionalismo revisten una importancia que va más allá de las fronteras de Cataluña porque denuncian algo que ha sucedido en un país democrático y de bienestar y a la vista de todos. Lo triste es que sería más adecuado decir no "a la vista de todos" sino "con la participación de todos". Han participado los partidos de izquierda y de derecha, buscando ventajas electorales. Ha participado, por su pasividad, el Gobierno central, que no ha intervenido a pesar de la corrupción comprobada y denunciada. Han participados los sindicatos obreros y los sindicatos docentes. Ha participado la Universidad, a través de lingüistas e historiadores a sueldo. Ha participado el sector de la cultura, que ha recibido subvenciones para hacer películas y organizar conciertos y funciones de teatro. La Constitución votada en 1978 no ha servido para el fin que se votó: descentralizar para crear un mayor entendimiento entre españoles. Después de tres décadas, vemos que ha servido para lo contrario, algo no previsto ni por los padres de la misma ni por los votantes.

¿Por qué no se habla más de esta situación en el resto de España? Quizá por miedo a los ataques de los nacionalistas, quizá por la mala conciencia o quizá porque se piensa que es demasiado tarde para intervenir. Sin embargo, la historia nos enseña que lo malo siempre puede empeorar.

Bibliografía

– Caja, Francisco, La raza catalana II. La invasión de los ultracuerpos. Madrid, Encuentro, 2013.

– España, Ramón de, El manicomio catalán. Reflexiones de un barcelonés hastiado. Madrid, La Esfera de los libros, 2013.

– Horcajo, Xavier, La pasta nostra. 33 años de poder convergente en Cataluña. Madrid, Sekotia, 2013.

– Judt, Tony; Snyder, Timothy, Thinking the 20th century. London, Heinemann, 2012.

Klemperer, Victor, LTI La lengua del Tercer Reich. Apuntes de un filólogo. Barcelona, Ed. Minúscula, 2002.

– Robles, Antonio. Historia de la resistencia en Cataluña al nacionalismo lingüístico. En prensa.

– Rovira, Rogelio, "La suplantación de la historia es una forma de ateísmo", en Falsos saberes. La suplantación del conocimiento en la cultura contemporánea, (ed. Arana, Juan). Madrid, Biblioteca Nueva, 2013.


1 V. Rovira (2013).

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