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La 'famiglia'

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El pasado verano, al poco de que Jordi Pujol Soley confesara que había ocultado dinero a Hacienda, los periodistas José Alejandro Vara y Pablo Planas recibieron el encargo de escribir sobre el particular. Tres meses después alumbraban La Familia Pujol Corporation, un instant book que, a despecho de las restricciones que impone el formato, constituye una acerada disección del pujolismo, esto es, del constructo moral que, sustentado en valores como el patriotismo, la laboriosidad o la austeridad, propició la implantación y pervivencia de una trama que tuvo en el presidente de la Generalitat al Gran Corruptor.

Como corresponde a un régimen inconcluso, La Familia Pujol... es un texto inacabado al que, desde su publicación, la actualidad ha ido incorporando adendas. Sirva como ejemplo el pasaje dedicado a Marta Pujol Ferrusola, de profesión arquitecta, y que refiere el sinnúmero de obras públicas que, a lo largo de su vida laboral, le han sido encomendadas, así como el hecho de que hubiera trabajado con relativa frecuencia para el Ayuntamiento de Sant Vicenç de Montalt. Pues bien, hace 10 días se supo que, desde 1996, Marta, segunda de los vástagos de los Pujol Ferrusola, ocupa en Sant Vicenç de Montalt plaza de funcionaria técnica superior de ingeniería sin haber pasado por proceso de selección alguno. Ítem más: por echar unas horillas en su despacho (no más de 9 semanales), cobra 2.264 euros al mes. Lo que viene siendo, salvando las distancias, una errejonada.

Vara y Planas no sólo retratan a padres e hijos (tómese el verbo retratar en su sentido más quevediano). El término familia remite, además de a la consanguinidad, a los lazos que impone la omertà, a esa rijosa maraña de servidumbres que brindó episodios como el del 3%. Así, por las páginas de La Familia Pujol... desfilan adláteres como Macià Alavedra, Antoni Subirà (éste sí, casi cuñado), Manuel Cuyàs, Pilar Rahola, la bruja Adelina o Lluís Prenafeta (del que se dice que, por su afición a la buena mesa y su retórica de comercial de paños, embelesó a "jóvenes periodistas" de la época, en clara alusión a la precocidad de Salvador Sostres).

Por lo demás, la prueba del algodón de que estamos ante un prolijo e informado who's who catalán es la mención de John Rosillo, empresario hispano-estadounidense condenado por fraude fiscal multimillonario y con el que Josep Pujol Ferrusola hizio negocios en Panamá. El reportaje aparecido en el New Yorker que citan los autores lo firmó nada menos que Jon Lee Anderson, y figura en la antología El dictador, los demonios y otras crónicas:

Empezaba a sentir un poco de compasión por aquel hombre, pero entonces me presentó a dos individuos que según él eran "importantes inversores españoles", y no pude menos de preguntarme por el criterio de Barretta. (...) Los dos españoles eran el señor Rosillo, un sujeto gordo, impetuoso y vestido con una chillona chaqueta dorada, y el señor Pujol, bajo, enjuto y de más discreta vestimenta. Barletta los trataba como a auténticas personalidades y había puesto a su disposición un helicóptero para que vieran las propiedades disponibles. Los españoles se sentían claramente incómodos por mi presencia y Barletta abrevió nuestro encuentro. Luego me explicó que el señor Rosillo era un rico empresario hispano-estadounidense, un financiero internacional al que le entusiasmaba la idea de invertir en Panamá. El señor Pujol era una "figura de relieve" en el mundo español de la construcción y solía trabajar con Rosillo en "proyectos internacionales a gran escala". No tardé en saber que los dos, que en realidad eran catalanes, se habían sentido nerviosos mientras yo había estado presente. Resulta que el señor Pujol era Josep Pujol, hijo de Jordi Pujol, presidente del Gobierno autonómico de Cataluña y personaje influyente en la política española. El señor Rosillo, el amigo y socio de Pujol, era ni más ni menos que Juan Manuel Rosillo, o John Rosillo, a la sazón en libertad bajo fianza y en espera de sentencia por un fraude fiscal multimillonario, relacionado con la propiedad inmobiliaria, cometido en España años antes. Poco después de verlo yo en Panamá la Audiencia de Barcelona lo condenó a seis años y medio de prisión, pero apeló y lo último que supe fue que aún seguía en libertad.

Lo extraordinario de La Familia Pujol..., en cierto modo, es que no presente grandes novedades. O lo que es lo mismo: que todo, en efecto, se supiera.

Pablo Planas y J. A. Vara, La Familia Pujol Corporation, Stella Maris, Barcelona, 2014, 270 páginas.

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