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La Ilustración Liberal

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Reencuentro con un economista brillante

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Schumpeter dijo de él que fue «el periodista económico más brillante que haya existido jamás». Daniel Villey escribió: «Aún no existe una introducción a la economía política que resulte más atractiva y fértil que su obra». En la primera página del manual con el que inician sus estudios la mayoría de los estudiantes de economía en el mundo anglosajón se le recuerda así: «Nadie demostró con más mordacidad lo ridículo e inconsistente de hacer túneles en las montañas que dividen a los países, con objeto de facilitar los intercambios, y al mismo tiempo poner barreras aduaneras en cada extremo de esos túneles».

Si la misión de los colegios todavía fuese enseñar a razonar, sus ensayos serían asignatura obligatoria y evaluable. Si no hubiera muerto hace 154 años, cualquiera podría pensar que se refería a ZP cuando afirmó: «Lo imposible bien se puede prometer, pero no cumplir (…) El nuevo Gobierno busca ganar tiempo, que le hace falta para madurar sus vastos proyectos». Quiere ser filántropo sin subir los impuestos, por lo que sólo le cabrá «usar del crédito, es decir, devorar el porvenir; se ensayará hacer un poco de bien en el presente a expensas de provocar un gran mal en el futuro». Y si Unión Editorial no hubiese agrupado sus escritos más brillantes en el pequeño y exquisito volumen que acaba de publicar, nadie en España podría gozar ahora de todo el ingenio y la lucidez de Fréderic Bastiat, que se comprimen en las páginas de Obras escogidas.

Por primera vez dispone el lector español de una recopilación sistemática y exhaustiva del demoledor arsenal intelectual que construyó Bastiat en su corta pero intensa vida. Se pone así a su alcance un sinfín de armas letales para hacer frente a todos y cada uno de los sofismas y prejuicios económicos de los enemigos de la libertad. Porque contra todos los José Bové que en el mundo han sido redactó la célebre «Petición de los fabricantes de velas a los señores diputados», incluida en esta selección. Una premonición visionaria en la que se adelantó dos siglos a las conclusiones de los foros de Porto Alegre y Barcelona, las incubadoras actuales de exigencias de leyes que prohíban las ventanas para que el Sol no siga compitiendo deslealmente con los mercaderes de candiles.

Todo en Bastiat es sorprendente e inesperado. Siendo economista domina el rarísimo arte de hacerse entender por la gente corriente en sus exposiciones sobre los aspectos más anti intuitivos de los modelos teóricos de la producción y distribución de los bienes y los servicios. Por eso, es uno de los escasos representantes de su oficio del que se puede certificar que no transgrede la máxima de Popper que aconseja a cualquiera incapaz de expresarse de forma sencilla y clara que no diga nada, y que siga practicando en su casa hasta que sea capaz de hacerlo. Pero hay más. Porque siendo francés, incurrió en la temeridad de difundir casi toda su producción intelectual en un periódico, Le Journal des Economistes, que en sus principios fundacionales se declaraba nacido para combatir «la ignorancia, los monopolios, la reglamentación, la protección aduanera, la centralización exagerada y la burocracia». Se entiende que muriera joven, a los 49 años.

De todos modos, lo que más impacta al lector de estas Obras escogidas es la inopinada actualidad de las irónicas reflexiones que le aguardan en cada una de sus 275 páginas. Así, el goce intelectual de sumergirse en Lo que se ve y lo que no se ve, uno de los textos más citados y menos leídos de todos los tiempos, se multiplica hasta el infinito si, como me ocurrió a mí, en el televisor de la sala cierto Carlinhos Braun y el alcalde de Barcelona bailan samba en un carnaval pacifista con cargo a los contribuyentes. Fue una experiencia memorable mirar de reojo la convulsión caótica de los michelines de Joan Clos, justo al llegar a la página en la que Bastiat sentencia: «Cuando un funcionario gasta en provecho propio cinco francos más, es porque un contribuyente gasta en provecho propio cinco francos menos. El gasto del funcionario se ve, porque se verifica; pero el del contribuyente no se ve, porque, ¡ay!, se le impide realizarlo».

Y es que como resalta Francisco Cabrillo, el responsable del excelente estudio preliminar y de la selección de la antología, Bastiat es absolutamente contemporáneo. Y más desde hace un par de meses, cabría añadir. Porque ya sea en la Francia de Napoleón o en el Madrid de Pepe Montilla, la tentación de los gobiernos antiliberales de utilizar su poder para impedir la competencia en beneficio de los grandes grupos de presión es intemporal y universal. Por eso, su célebre definición del Estado como «una gran ficción a través de la cual todo el mundo se esfuerza en vivir a expensas del prójimo» parece emitida desde la contemplación reflexiva de un telediario cualquiera. Como, por lo mismo, es muy difícil sustraerse a la impresión de que no estamos ante un libro recién escrito cuando leemos: «La quimera de nuestro tiempo consiste en enriquecer a todas las clases a costa de las demás; se trata de generalizar la expoliación con el pretexto de organizarla». Imprescindibles estas Obras escogidas.

Frédéric Bastiat, Obras Escogidas. Edición y estudio preliminar de Francisco Cabrillo. Unión Editorial. 275 páginas, 15 euros.

Número 19-20

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