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Conviene desregular, a pesar de Enron

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La desregulación eléctrica ha sido culpada del colapso de Enron y de los apagones en California durante el verano del año 2000. Creo que eso es no ver la realidad.

Enron había sido promovida como el tipo de compañía con bajos activos fijos y grandes innovaciones, modelo de la Nueva Economía. Por eso su quiebra sorprendió y molestó tanto a muchos funcionarios reguladores, economistas, contadores, asesores de inversiones, periodistas, etc. que habían creído en la vocinglera autopromoción de sus ejecutivos. Pero el fracaso de Enron fue el reflejo del colapso de la burbuja creada por infladas valoraciones de muchas otras empresas tecnológicas.

Enron había sido un participante menor en el negocio de los gasoductos hasta que se dio cuenta del gran potencial del mercado de derivados basado en las fluctuaciones de los precios al mayor de la energía. Los derivados energéticos son contratos de opciones utilizados para protegerse del riesgo de fluctuaciones en los precios de electricidad, gas natural y demás precios de energía. Avanzando agresivamente, Enron se convirtió en el mayor negociante de derivados de electricidad y gas, especialmente en el mercado no bursátil.

Enron conocía muy bien el papel de esos nuevos valores en el mercado desregulado de la energía. Pero la empresa logró esconder de los inversionistas y reguladores su mala administración y posible corrupción, mientras promovía descaradamente su imagen. Entre sus dudosos procedimientos, contabilizaba el valor total de sus transacciones como ingresos. Eso la convirtió artificialmente en una de las mayores empresas de Estados Unidos. Los operadores de bolsa en Wall Street sólo contabilizan el margen como ingreso, no el valor total de la transacción. Además, Enron exageraba sus utilidades con una contabilidad poco exacta y aparentemente fraudulenta. Para lograr respetabilidad, la empresa apoyaba generosamente los proyectos comunitarios en Houston y contrató a intelectuales con puntos de vista diferentes a los de su junta de asesores.

La empresa contribuyó a las campañas políticas de ambos partidos, pero más a los republicanos para tratar de fomentar una mayor y más rápida desregulación de los mercados de electricidad estatales y nacional, especialmente cuando ello convenía a sus subsidiarias. Ese activismo político de Enron reforzó la idea que las contribuciones de empresas a las campañas políticas son nocivas, haciendo que el Congreso nuevamente discutiera la reforma de las leyes que rigen tales contribuciones.

En su defensa debemos decir que aunque lo hacía en beneficio propio, esas actividades de Enron en general beneficiaban a la economía. La empresa promovió una mayor competencia en electricidad. Enron le dio la pelea a estados y a empresas locales opuestos a la desregulación para preservar así sus monopolios. Los desembolsos políticos de Enron resultan mínimos comparados con los beneficios potenciales para los consumidores de una mayor competencia en los mercados de energía.

Es demasiado temprano para evaluar los efectos sobre los precios y el servicio en los estados de mayores costos como California y Pennsylvania que desregularon parcialmente sus mercados energéticos. Pero la evidencia es positiva en países como Australia, Gran Bretaña y parte de Escandinavia donde desregularon aceleradamente. Por ejemplo, los precios al mayor de la electricidad en Australia se redujeron en más de un tercio desde que comenzó la desregulación en 1993. Los consumidores británicos también lograron mejores tarifas y mejor servicio. Y, por último, es una buena señal de la nueva flexibilidad existente en el mercado energético de Estados Unidos que una empresa tan grande como Enron haya quebrado sin interrumpir el flujo de electricidad y gas.

La crisis energética de California es un buen ejemplo que demuestra que una desregulación mal diseñada puede ser peor que no hacer nada. Los precios minoristas de la electricidad en California se mantuvieron fijos luego de procederse a liberar los precios al por mayor, dejando a estos fluctuar según la oferta y la demanda. Se prohibieron los contratos a futuro por parte de los distribuidores de electricidad y a esas empresas se les prohibió también ser dueñas de empresas generadoras. En consecuencia, tales empresas distribuidoras fueron aplastadas cuando aumentaron los precios a los que compraban la energía, sin poder ajustar sus tarifas.

No hay duda que la debacle de Enron exige reglas contables más estrictas y mayor supervisión del Impuesto sobre la Renta. Pero la bolsa ha respondido castigando a Enron severamente por sus transgresiones y los inversionistas analizan con más escepticismo los "nuevos" métodos contables. La respuesta ha sido que muchas empresas han dado los pasos para ofrecer mayor transparencia a sus costos e ingresos.

Si los estados hubiesen desregulado completamente sus mercados de electricidad, se hubiera evitado gran parte del escándalo político producido por Enron. La empresa no hubiera podido aprovecharse del sistema incitando a los políticos a desregular lo que le convenía. Mi conclusión es que los precios flexibles y la competencia son maneras mucho más efectivas para mejorar los mercados de energía que permitirle a los burócratas y a los políticos determinar la velocidad y la dirección de la desregulación.

© AIPE. Gary S. Becker fue premio Nobel en 1992, y enseña Economía de la Universidad de Chicago

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