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¿Éramos tan diferentes?

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Citar el nombre de Amando de Miguel constituye una evocación directa de la sociología.
Me consta que hay otros sociólogos y presumo que incluso algunos serán competentes en el ejercicio de su disciplina, pero lo cierto es que ninguno puede pretender provocar esa asociación tan directa que origina Amando de Miguel. En cierta medida, es como pronunciar el nombre de Bahamontes y pensar en el ciclismo o referirse a Zidane y que a uno le venga a la cabeza el fútbol. Seguramente habrá muchos que piensen que esa asociación ineluctable deriva de la presencia de Amando de Miguel en los medios de comunicación y es posible que en ello haya algo de verdad pero, a la vez, las razones son mucho más profundas y entre ellas se encuentra la de habernos acercado a millares a un examen sociológico de este país no sólo enseñándonos sino también -como exigía el clásico adagio- deleitándonos. No hace mucho comentaba que me había arrancado lágrimas su último libro en el que describía con una honradez extraordinaria la infancia que tantos otros han reescrito.

Ahora debo confesar que he disfrutado enormemente con este fresco sobre las ideas amorosas de la España del primer tercio del siglo XX extraídas de algunas de sus novelas de amor. Sin duda, el libro de Amando de Miguel será un manual útil para los que deseen conocer a autores considerados de segunda fila -como Zamacois, Díaz-Caneja, Mora o Trigo- que, no obstante, escribían notablemente bien y que, ¿casualidad?, procedían no pocas veces del mundo del periodismo. No obstante, serán los historiadores, los aficionados a bucear en las vivencias de nuestros antepasados o los amantes de acercarse en serio a la manera en que han pensado y actuado los que nos precedieron los que hallarán una verdadera cantera de materiales jugosos en esta obra.

El adulterio vivido como una relación constante, la imposibilidad de optar por el divorcio para reconstruir una vida desgraciada sentimentalmente, los lugares de encuentro erótico en reservados o palcos, la prostitución como vía para cuidar de una madre viuda o castigo por quedar embarazada del novio resultarán para muchos anacronismos que en ocasiones provocan la risa pero que también pueden arrancar la ira o las lágrimas. Y con todo y reconocer que mucho ha cambiado este país y con él los comportamientos amatorios y eróticos al autor de estas líneas le queda la duda de si realmente somos tan distintos. La seducción mediante la palabra, el ascendiente de los artistas sobre las mujeres, el deseo del novio de poner tierra por medio entre él y la novia preñada, el adulterio como vía de hacer más soportable la desgracia conyugal, la mujer amada en la cama pero considerada pesada y vana fuera de ella, las relaciones que pudieron ser y no fueron a causa de la inoportunidad del momento, el hombre que cuenta su felicidad por el número de conquistas, los matrimonios por interés, incluso la que se prostituye por amor no son situaciones tan distantes de las que ahora podemos encontrar en calles y bares, en plazas y cines.

Puede que ahora se utilicen preservativos, se disponga con más facilidad de un sitio donde acostarse y se carezcan de presión social, pero los protagonistas de esas situaciones continúan existiendo como biotipos fácilmente identificables. Es mérito de Amando de Miguel que en estas páginas no los veamos cargantes, insoportables o dignos de lástima sino envueltos en una belleza, un sentido del humor y una fina delicadeza que quizá ni merecen ni les corresponden pero que muchos, entre los que me cuento, agradecen vivamente.

Amando de Miguel, Historias de amor. Las novelas sentimentales del primer tercio del siglo XX, Madrid, Espasa-Calpe, 295 páginas.

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