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Cincuenta años recordando el Holocausto

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La tentación de olvidar la Shoah (el Holocausto) ha estado presente casi desde el primer momento en el que se conoció el asesinato por los nazis de seis millones de hebreos en un demencial intento de acabar con el pueblo judío.

Es más, hay quienes no se conforman con no recordar. Pretenden negar su existencia. En una última deshumanización de las víctimas, la negación de que estas estuvieron vivas en el pasado y fueron asesinadas.

Sin embargo, esas personas se movieron sobre la tierra del Viejo Continente, aunque muchos de ellos lo hicieran por pocos años o incluso algunos días. Un millón y medio de niños judíos fueron asesinados por la Alemania nazi. Esa infancia desaparecida, como sus padres y abuelos también asesinados, eran seres de carne y hueso. Ante la magnitud de las cifras es fácil no recordar que se trataba de personas con rostro y familiares que, si tuvieron la suerte de sobrevivir, quedaron marcados de por vida. Por ese motivo nació hace cincuenta Yad Vasehm. Esta institución, situada en el rebautizado como Monte de la Memoria de Jerusalén, tiene como función el estudio y el mantenimiento del recuerdo de la Shoah.

Más de dos mil personas procedentes de todo el mundo acudieron el martes 16 de septiembre en Jerusalem a la ceremonia de inauguración del Jubileo de Yad Vashem. El acto contó con la participación de las más altas autoridades del Estado de Israel. Al igual que en las actividades de la institución que cumple ahora medio siglo, el acto miró al pasado pero también al futuro.

Cuando en 1953 el Parlamento israelí aprueba la Ley del Holocausto y el Heroísmo, por la que se fundó Yad Vashem, el objetivo de la Knesset no es tan sólo que el resto del mundo recuerde el Holocausto. Los legisladores pensaban en especial en su propia nación, un país en el que en aquella época un tercio de los habitantes eran supervivientes de la Shoah. Aunque por otros motivos, el peligro del olvido también era real en Israel. Quienes habían vivido la tragedia evitaban hablar de sus experiencias. Los nacidos en el territorio del mandato británico o que habían vivido en él desde antes de la II Guerra Mundial, quienes conformaban la elite fundadora del país, identificaban a las victimas con el máximo representante del "viejo judío europeo" frente al "nuevo judío" israelí que había aprendido a defenderse y no mantener una actitud pasiva ante la desgracia.

Yad Vashem consiguió su objetivo. En el plano interior, la sociedad de Israel (un país que fue el refugio para miles de judíos liberados de los campos de la muerte y no tenían dónde ir) reconoció como propios a los supervivientes y lleva honrando durante décadas la memoria de las víctimas. Respecto al resto del mundo, los investigadores de cualquier país tienen un lugar donde acudir para tratar de comprender unos hechos que representan el Mal absoluto.

No todo son archivos, centros de documentación y aulas. La parte más conocida, y con una función fundamental, es sin duda el complejo museístico y los memoriales. Yad Vashem es un cementerio sin tumbas. Se recuerda a unos muertos que no están ahí. Como dijo este miércoles el director del Instituto Cervantes, Jon Juaristi, en una conferencia ofrecida en esta institución, los nazis destruyeron los cuerpos de sus víctimas y así impidieron su enterramiento y los ritos de luto judío. Sin embargo, en el Monte de la Memoria se les sigue recordando. El Memorial del Holocausto es escenario de numerosas ceremonias de recuerdo y homenaje a las víctimas, como la celebrada hace unos días por un grupo de escritores, editores y periodistas españoles.

En Yad Vashem se alzan más monumentos. Entre ellos se pueden destacar el Memorial de los Niños o el Valle de las Comunidades, en el que el visitante se enfrenta a un impresionante laberinto que reproduce el mapa europeo y en el que se pueden leer los nombres de los cientos de comunidades judías destruidas por la demencia criminal del nazional-socialismo y el silencio cómplice de muchos otros europeos. No solo se recuerda a las víctimas, también a aquellos no judíos que con riesgo de su propia vida ayudaron a miles de hebreos que de esta manera consiguieron sobrevivir. Cada uno de ellos, 19.000 personas reconocidas como "Justos entre las Naciones", es recordado con un árbol. Tan solo dos tienen nombres españoles, son los dedicados a dos diplomáticos y la esposa de uno ellos.

Número 17

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