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El Real Madrid o la globalización del fútbol

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El advenimiento de David Beckham

La gira del Real Madrid por China, Japón y Tailandia en agosto del 2003 se diseñó para que el club presidido por Florentino Pérez presentara con la camiseta blanca a su nuevo fichaje, David Beckham, en una parte del mundo harto propicia, puesto que ya le rendía fervoroso culto idolátrico con la camiseta roja del Manchester United. El cambio de camiseta en la caja registradora se desarrolló según lo previsto. Sin embargo, la repercusión mediática de un hecho que en lo deportivo quedaba muy por debajo de la insignificancia fue tan abrumadora, tan espectacular, tan universal que hasta los más escépticos tuvieron que rendirse a la evidencia de un fenómeno, el de la globalización del fútbol, que no es del todo nuevo y que se parece a otros muchos fenómenos empresariales, deportivos y culturales de nuestro tiempo, pero que —justo es reconocerlo— el club español ha sabido sintetizar y multiplicar vertiginosamente en las últimas tres temporadas, que coinciden con los tres primeros años del siglo XXI.

En rigor, si difícil era distinguir el espectáculo de adoración icónica provocado personalmente por Beckham de la tumultuosa y ferviente acogida al equipo de fútbol más famoso y prestigioso del mundo, el único que alinea cada domingo a la mitad de una ideal selección mundial (Ronaldo, Zidane, Raúl, Figo, Roberto Carlos, Casillas, el propio Beckham), resultaba igualmente imposible separar la promoción de la "marca Real Madrid" y la publicidad paralela de todas las marcas comerciales que anuncian las figuras del equipo blanco; pero sin entrar en lo que corresponde a lo particular de cada jugador, y a lo general de su selección nacional y del propio club, lo indudable es el efecto multiplicador: mil millones de personas vieron en directo al Real Madrid sólo en China, número que se duplicaría holgadamente en el resto de Asia y del mundo.

Esos números marcan en sí mismos un hito en la historia del fútbol, único deporte y único espectáculo que puede aspirar fundadamente a la condición de universal, por encima de todas las fronteras políticas, culturales o religiosas. Y si el signo de nuestra época es, convencionalmente hablando, la globalización, quizás ninguna empresa del mundo la representa hoy de forma tan apabullante como el Real Madrid. Conviene recordar que estamos ante una entidad privada, nacida de la libre iniciativa y mantenida voluntariamente, en contrato renovado cada partido, semana o temporada, por cientos de miles, millones de personas de cuatro generaciones, y que ha sobrevivido a guerras civiles y mundiales, a monarquías y repúblicas, a dictaduras y democracias, a cataclismos económicos y sociales, a radicales mutaciones culturales. Y que hoy simboliza el éxito, el prestigio, la popularidad, la belleza física y el dinero. Siendo así, es lógico que los enemigos de la libertad de mercado o simplemente de la libertad, la "infame turba" rubendariana, la populosa horda "antiglobalización", dediquen cada vez más tiempo a este fenómeno del Real Madrid, porque en él ven uno de los más felices símbolos del triunfo individual, de la libre competencia, del mercado universal, pero mucho más difícil de combatir que los Mc Donalds o la Coca Cola. No obstante, lo intentan. Los mismos argumentos políticos, ideológicos y morales de los "globalifóbicos" contra la propiedad, la empresa privada y la economía de mercado se repiten contra el Real Madrid "galáctico". Y otra coincidencia: con los demagogos de fuera, se alinean los demagogos de dentro. En punta de ataque, Georges Soros ¡o Pelé!

Pelé contra las estrellas de fútbol

Pocos días después de finalizar la gira asiática del Madrid, Edson Arantes do Nascimento, más conocido en el mundo del fútbol como Pelé, realizó en México, donde se hallaba promocionando el Viagra, unas declaraciones tan desapacibles como sorprendentes. Dijo de Beckham que era "más una pop star que un jugador de fútbol". Dijo del Real Madrid que "tenía mucho dinero y podía fichar a quien quisiera", pero advirtió que "juntar un grupo de estrellas no supone crear un equipo" y que "por mucho dinero y muchas estrellas que se reúnan, puede no ganarse ningún título y hundirse el proyecto". Al margen de sus declaraciones sobre el Real Madrid, los medios reprodujeron una frase más de Pelé: que él, "afortunadamente", no necesitaba en absoluto del Viagra. Coherencia ante todo.

Aparte del innecesario alarde de virilidad natural, tan difícil de comprobar como absurdo de proclamar cuando se vende un remedio químico para la disfunción eréctil, Pelé parece olvidar o creer que hemos olvidado que todo lo que haga Beckham no será distinto de lo que ya ha hecho el futbolista del Santos y del Cosmos como estrella mediática. De Pelé hemos sabido todo o casi todo desde aquel mundial de Suecia en que con 17 añitos saltó a la fama. Primero fue lo de siempre, la favela, la chabola, la pelota de trapo, la desnutrición superada y, en fin, la samba del fango y del triunfo, tan emotiva y tan comercial. Luego nos hemos ido enterando de más cosas: matrimonios, criaturas, y fotos, muchas fotos con políticos, muchos políticos, y niños, muchos niños. Con el paso de los años, no hemos dejado de enterarnos de las más diversas aventuras genesíacas de Pelé, no sabemos si con ayuda del gingseng, de la viagra selvática o del cuerno de rinoceronte. Entre otras, cabe recordar su historia con la bellísima presentadora de televisión y cantante Xuxa, reina de la chiquillería carioca. En eso, ya le lleva mucha ventaja a Beckham, que no ha salido de Victoria, al cabo la quinta parte de las Spice Girls.

"Quiero ser como Beckham"

Hay una película relativamente reciente, situada en la comunidad hindú de la Inglaterra actual, que trata del fútbol como fenómeno capaz de saltar por encima de todas las barreras, sean éstas de cultura, de clase, de sexo o de religión; y que, tal vez por eso, estaba predestinada a engrosar las arcas o bruñir la gloria del Real Madrid: "Quiero ser como Beckham". En realidad, el capitán de la selección inglesa y jugador del Man-U cuando se rodó el film no aparece siquiera un minuto, es apenas una silueta ostensiblemente doblada en la lejanía de un aeropuerto, al borde del The End. Pero la mera presencia de su nombre en el título supuso un formidable empujón publicitario para el astuto director anglohindú. A nadie se le ocurrió hace treinta años rodar una película que se titulase "Quiero ser como Pelé".

Lástima, porque el cine llegaba entonces adonde no llegaba el fútbol. Pero ahora van de la mano y el filón de imagen, publicidad y mercadeo que ya suponía Beckham y ya albergaba el Madrid, multiplicados al unirse, acabará pasando inevitablemente de la pantalla pequeña a la grande. El último proyecto para el nuevo medio centro del Madrid es "Goal", una trilogía cuyo protagonista sería un niño hispano de Los Angeles que acaba triunfando en la Liga Inglesa, con Beckham al fondo; pero ni el proyecto está cerrado ni el rodaje ha comenzado ni resulta razonable que un niño, hispano por más señas, triunfe con los "reds" en Anfield Road y no con los "galácticos" en el Bernabéu. Victoria Adams dice que su cónyuge estaría muy bien en el papel de James Bond, alegato plausible pero que, de momento, no pasa del estado de opinión. "Becks" todavía está lejos del estrellato cinematográfico alcanzado por Pelé en diversos productos de Hollywood, entre ellos la notable "Evasión o victoria", de John Houston, junto a otros futbolistas de su época, cierto aficionado llamado Michael Caine y un presunto portero apellidado Stallone.

¿Cuántas fotos supuestamente benéficas, cuántas películas realmente publicitarias, cuántas imágenes al servicio de cuántas marcas habremos visto de Pelé en los últimos treinta años? Dentro de un cuarto de siglo, es inverosímil que Beckham mantenga su actual fulgor mediático, como sigue intentando Pelé. ¿A qué viene, pues, eso de criticar a la "pop star"? ¿A severa reflexión moral? ¿A honda inquietud deportiva? ¿O a simple envidia de actriz madura, de estrella que se resiste a envejecer, de "Has been" melancólica, perdida en el área chica de Sunset Boulevard?

En el principio, fue Di Stéfano

El advenimiento de Beckham al Real Madrid "galáctico" de Florentino Pérez coincidió con el cincuentenario de la llegada de Alfredo Di Stéfano al club de Santiago Bernabéu. Para los amantes de las coincidencias o los devotos de la superstición pitagórica, tan habituales en el fútbol, fue precisamente en el cincuentenario de la fundación del club cuando Bernabéu vio jugar por primera vez al argentino, estrella del River Plate, y empezó a rumiar su contratación. No fue el único que lo pensó en el palco madridista: el ex-jugador y directivo barcelonista Samitier, invitado por Bernabéu, también quedó maravillado por la clase y la entrega de "la saeta rubia", seguramente el mejor futbolista de todos los tiempos, y comenzó a preparar su fichaje. Así empezó un culebrón deportivo y político, el de la disputa del Madrid y el Barça por Di Stéfano, que ha venido alimentando la rivalidad entre los dos clubes y las dos ciudades más importantes de España.

Pero, al margen de las coincidencias curiosas y del birlibirloque de los números, las diferencias entre blancos y azulgranas en 1953 y 2003 son abismales. Como hace cincuenta años... pero al revés. El nuevo presidente del Barcelona, Joan Laporta, que como Bernabéu entonces trata hoy de sacar de su postración al club catalán, intentó adelantarse al Madrid en el fichaje de Beckham, incómodo en el Manchester por sus diferencias con Ferguson, y hasta ganó las elecciones al favorito Lluis Bassat con ese reclamo, pero Beckham, la única estrella mundial comparable a las de Florentino, se fue al Madrid. En 1953 se hubiera ido al FC Barcelona, que había construido en torno a Kubala (birlándoselo con no muy buenas artes al Real Madrid, que ya lo tenía fichado) el mejor equipo de España y acaso del mundo. En la temporada 1951-52 el Barça de Kubala había conquistado el "triplete": Liga, Copa del Generalísimo (Franco) y Copa Latina; en la 52-53, el "doblete": Liga y Copa del Generalísimo. Si la Copa de Europa hubiera empezado un año o dos antes, probablemente las primeras hubieran viajado también a España, pero a Barcelona y no a Madrid. Los azares de la historia y la acción individual de los hombres cambiaron el guión de los acontecimientos, porque nunca nada está escrito de antemano. Y en el fútbol, menos.

Para el FC Barcelona de 2003, Beckham debía ser el nuevo Kubala sobre el que construir un equipo tan brillante como aquel que le metió 0-5 al Madrid en el Bernabéu, con Cruyff como estrella y que en los años 70 maravillaba a cuantos lo veíamos en el Nou Camp con una alineación inolvidable: Sadurní; Rifé, Torres, Gallego, De la Cruz; Marcial, Asensi, Juan Carlos; Rexach, Cruyff y Sotil. O, mejor aún, con el que construir otro dream team, como el entrenado por Cruyff que ganó la única Copa de Europa en las vitrinas del Barça con gol de Koeman. Pero aquel Barça triomfant de los 90, presidido por José Luis Núñez, el Bernabéu catalán nacido en Baracaldo, era un modelo de gestión empresarial y financiera. O sea, lo que es hoy el Madrid de Florentino.

El "Caso Di Stéfano"

El último libro publicado sobre el Real Madrid en el año de Beckham se titula Todos los jefes de la Casa Blanca, de Julián Palacios a Florentino Pérez (Ed. Pearson-Alhambra. Madrid. 2003. 429 pp.). Su autor, Ginés Pasamontes, es un muy notable periodista barcelonés que acaso por haber nacido en Madrid o pertenecer a la amplia minoría de "merengues" en territorio "culé", como su brillante prologuista Arcadi Espada, resume la abundante pero desigual bibliografía que sobre los presidentes del Madrid propició el centenario del club (lo mismo sucedió con el del Barça) y presta especial atención al "caso Di Stéfano" y a Santiago Bernabéu, el genio de la hazaña.

Baste un breve resumen para ver lo poco que han cambiado las cosas del fútbol aunque haya mudado tanto su tamaño. Después de su brillante presentación con el River en el Bernabéu, la crisis económica del fútbol argentino y el default o suspensión de pagos de los clubes llevó a Di Stéfano y a su mentor, Pippo Rossi, a Colombia, donde el bogotano Club de los Millonarios lo recibió como a un héroe. Tenía pendiente contrato con el River, pero el futbolista se consideraba libre por los incumplimientos del club y firmó otro con el club de Bogotá. Cuando Madrid y Barça empiezan las gestiones para ficharlo, el enviado del Barcelona no consigue el acuerdo con los colombianos, pero marcha a Buenos Aires y firma el traspaso con el River Plate por la gruesa cantidad de dos millones de pesetas, de las de entonces. Bernabéu envía a Saporta a Colombia y consigue firmar con el Millonarios la misma cesión de derechos por un millón muy largo. Sin embargo, Néstor, presidente del club colombiano, le advierte de que sus derechos caducan en 1955, con lo cual sólo podría jugar una temporada completa o temporada y media en España. Bernabéu acepta pensando que el Barça no esperará tanto tiempo. Hubo, pues, dos contratos, dos pagos y dos derechos legítimos, si bien difícilmente compatibles, porque el futbolista era genial pero sólo uno. La clonación no existía ni siquiera como fantasía popular, vagamente científica.

A partir del controvertido hecho jurídico, se suceden las escenas rocambolescas, como había sucedido dos años antes con el fichaje de Kubala. Según algunas versiones, el acuerdo del húngaro con el Real Madrid era total y sólo faltaba la firma, pero unos astutos agentes del FC Barcelona lo emborracharon —cosa no muy difícil entonces en el genial jugador— y lo convencieron de que estaba en Madrid y firmando por los blancos, cuando estaba en Barcelona, y firmando por los azulgranas. Luego, la contratación de su suegro Fernando Daucick, al que se negó el Madrid, acabaría de convencer a Kubala. En la llegada a España de Di Stéfano, los lances de enredo no son menores. Un directivo de origen catalán del Santa Fe bogotano, acérrimo rival del Millonarios, convence al irascible argentino, que se ha largado a Buenos Aires, para que no vuelva a Colombia y viaje a Barcelona. Así lo hace, previo paso raudo y de incógnito por Madrid. Se presenta como futuro futbolista del Barça en algunos partidos amistosos y hasta entrena en Las Corts. Sin embargo, su rendimiento es mediocre y no debuta en competición oficial con la camiseta blaugrana. Fernando Daucick, el suegro de Kubala, hace un informe muy negativo, aludiendo al mal carácter del argentino (aunque acaso celoso de su protagonismo frente al de su yerno) y ambos clubes llevan su litigio a la Federación Española de Fútbol. El fallo de ésta es genialmente salomónico: jugará en el Madrid las dos primeras temporadas 1953-54 y 54-55 (unos meses más de lo que cubrían los derechos colombianos) y las dos siguientes en el Barcelona (hasta el final de los derechos del River). Tras los cuatro años, los dos clubes deberían ponerse de acuerdo sobre el futuro del jugador, si es que lo tenía. Di Stéfano iba a cumplir 28 años y nadie podía saber que lo respetarían las lesiones. Menos aún que jugaría hasta los cuarenta.

Siguiendo el concienzudo relato de Pasamontes, el Barça renunció a sus derechos en una reunión de Bernabéu y Martí Carreto en el restaurante Horcher, con una frase tan poco rimbombante que es probablemente cierta: Va, per vosté el pollastre! ("¡Va, para usted el pollo!"). A estas alturas del siglo XXI, nadie duda de que el hecho legal se produjo y que el Barcelona se equivocó. Pero el formidable rendimiento de Di Stéfano en el Madrid y la gloria alcanzada por este club, que acaso pudo alcanzar el Barça, han abonado interpretaciones conspirativas, políticas y maquiavélicas sólo explicables por el mucho tiempo transcurrido y por la implantación del victimismo ante Madrid como Pensamiento Único en la Cataluña contemporánea.

En los programas especiales del centenario del Barça, las interpretaciones de los testigos de época fueron básicamente dos: que el Barça no tuvo paciencia y jugó mal sus cartas o bien que las presiones políticas forzaron a renunciar al Barça y favorecieron al Madrid. Un racionalista diría que si la culpa fue del Barça no pudo ser del Gobierno, y al revés. Pero ¿quién dice que lo razonable y lo futbolero puedan coincidir? Es rarísimo que lo hagan. Baste decir que las supuestas presiones políticas tienen también dos interpretaciones distintas: una, que las autoridades del Régimen no querían que aquel club todopoderoso que ya tenía a Kubala tuviera tambien a Di Stéfano, marcando demasiada distancia con los demás clubes españoles; otra, que las autoridades franquistas, empezando por el propio Franco, por una supuesta y visceral animadversión a Cataluña, impidieron el fichaje del argentino mediante un atropello a la ley y a la razón, que asistían al Barça. Por supuesto, hoy nadie del Real Madrid ni del FC Barcelona, por razones opuestas, quiere recordar que Di Stéfano pudo y debió ser del Barça a los dos años de ser madridista. En Madrid se entiende su fichaje como el advenimiento natural de un destino glorioso ("En el principio, fue Di Stéfano") y en Barcelona se cultiva amorosamente el rencor de una fechoría política, tesis discutible, porque si las autoridades franquistas querían favorecer al Madrid a toda costa, ¿por qué permitieron que el Barcelona le quitase a Kubala y ganara todos los títulos mientras el Madrid yacía en la indigencia deportiva? ¿Cómo permitió que estuviera veinte años sin ganar una Liga y que la temporada anterior al fichaje de Di Stefano sólo evitara en el penúltimo partido tener que jugar la promoción para el descenso a Segunda División? En fin, para qué insistir. No es que lo racionalista y lo futbolero rara vez coincidan. Es que se repelen.

La impaciencia y la prepotencia

Yo creo que lo que realmente le pasó al Barcelona arrollador del "triplete" y el "doblete" con el fichaje fallido de Di Stéfano en septiembre de 1953 es lo mismo que le ha pasado al Madrid "galáctico" en Septiembre de 2003 con el fichaje fallido de un defensa central para cubrir el hueco de Fernando Hierro: que la impaciencia y la prepotencia coinciden casi siempre. Y que ambas rinden muy mal servicio a los clubes cuyos directivos las disfrutan, porque sus equipos finalmente las padecen. Sería increíble si no hubiera sido cierto que el Real Madrid fichó a bombo y platillo al argentino Milito y no pasó el reconocimiento médico, aunque a la semana siguiente fichó por el Zaragoza; que también intentó fichar discretamente a Stam y no lo consiguió porque ofrecía una temporada y el holandés quería dos; que manifestó públicamente su interés por el alemán Metzelder, sin concretar nada; que lo concretó todo para fichar al argentino Ayala, incluyendo la voluntad del jugador, que se mostró públicamente tan eufórico por irse al Madrid como un mes antes lo estaba por irse al Barça y como dos meses después volvería a estarlo por quedarse, previa ampliación y sustancial mejora de su contrato, en el Valencia, si bien tras cinco semanas de grave cuanto oportuna "lesión" psicológica. ¿Cómo es posible que el irresistible Real Madrid de las infinitas estrellas, al que se viene Beckham cobrando la mitad que Zidane y por el gusto de vestir de blanco, sea incapaz de fichar un central en tres meses, se la den una y otra vez con queso, hasta quedar en ridículo y con Raúl Bravo de súbito central titular? Pues es posible. Ha sido.

En fin, tropezones aparte, ¿qué es lo que hace realmente distinto al Madrid de Florentino? Lo mismo que al de Bernabéu: su vocación internacional. El empeño de una empresa familiar en 1953 por hacer del Real Madrid el mejor equipo de Europa. El de una sociedad relativamente anónima en 2003 por convertirse en el mejor club del mundo.

De Bernabéu a Florentino y viceversa

La gran diferencia entre el Barcelona y el Madrid de Bernabéu fue la apuesta que éste último hizo por la internacionalización del club a través de la Copa de Europa, aunque el fichaje de Di Stéfano y su rápido afianzamiento en la temporada 1953-54 le habían permitido ganar el primer título de Liga en muchísimos años. Lo normal hubiera sido que Bernabéu, tras construir el nuevo estadio de la Castellana para forjar las bases económicas de un gran club (setenta mil espectadores, ampliados luego a ciento veinte mil, muchos de pie aunque se comportaban mejor que los bárbaros sentados de hoy), se sentara a disfrutar de su éxito personal y de las "glorias deportivas" que exaltaba el himno del club, antes de ser sustituido por el de José María Cano y Plácido Domingo. Sin embargo, ese año de resurrección deportiva madridista, el 1954, fue también el de una curiosa anécdota protagonizada por un club hoy casi olvidado, el Wolverhampton, campeón de la liga inglesa, que ese año derrotó al Spartak de Moscú y a un conjunto que entonces maravillaba a Europa: el Honved húngaro de Puskas, Kocsis y Czibor, cuyas estrellas habían de recalar pocas años después, tras la rebelión húngara de 1956, la masacre soviética y la huída en bloque de su selección, precisamente en el Madrid (el goleador Puskas) y el Barça (el delantero centro Kocsis y el extremo izquierdo Czibor).

El Daily Mail tituló entonces en portada: "El Wolverhampton es el campeón del mundo de clubs", y eso decidió a Gabriel Hanot, creador del diario francés L´ Equipe, a poner en marcha la Copa de Europa, que cambió radicalmente el fútbol profesional. Era un proyecto que venían acariciando ya de antes, pero que el nacionalismo francés, herido por la soberbia inglesa, disparó de una manera muy distinta a la acostumbrada. Hasta entonces, el fútbol internacional se desarrollaba casi exclusivamente a través de las selecciones nacionales. Lo que había nacido espontáneamente en la sociedad civil y dentro de la sociedad civil por excelencia, la británica, desde la que se extendió rápida y anárquicamente a todo el mundo, había ido siendo absorbido por el poder político, los Gobiernos y los Estados. Fue así, sin discusión, hasta la Segunda Guerra Mundial y en la complicada posguerra europea, con la Guerra Fría y frente al escaparate del falso amateurismo de los países comunistas, la UEFA —creada en 1945— preparaba una copa de selecciones nacionales europeas y los clubes no encontraban la fórmula que permitiera un desarrollo acorde con su potencialidad, con los nuevos estadios y con las grandes masas de aficionados que acudían al campo o seguían los partidos a través de la radio.

Siguiendo el relato de la apasionante peripecia presidencial de Bernabéu en el ya citado libro de Pasamontes, el madridista, que era gran amigo del periodista francés, apoyó entusiásticamente el proyecto de la Copa de Europa, mientras el Barcelona, a través de su nuevo presidente Miró Sans, uno de los más grandes de la historia del club, se opuso resueltamente, pero con razones serias y que hoy nos resultan actualísimas: recargaría demasiado el calendario de los clubes, obligados a jugar la Liga, la Copa y la nueva Copa de Europa (sólo el campeón de cada país, pero el Barça seguía pensando como tal, pese a Di Stéfano), haría más dura la temporada para las estrellas y habría más lesiones, de forma que rechazó la Copa de Europa de Campeones de Liga y, como única alternativa, propuso que se desarrollase en verano. Era una forma de rechazarla. Y como ha venido sucediendo desde casi siempre, el presidente de la Federación Catalana Agustí Pujol respaldó a Miró Sans, mientras el de la Federación Española apoyaba a Bernabéu.

Pero la burocracia de la UEFA no se rindió y preparó un sabotaje en toda regla. Durante una década (1945-1955) había sido incapaz de realizar la Copa de Europa de Selecciones Nacionales, incluidas o no las de los países sometidos al yugo soviético. Pero ante la amenaza del sector privado –en ese caso, de los grandes clubes de fútbol– hasta los burócratas desplegaron una actividad frenética y crearon otra copa europea de clubes para boicotear la expectación creada por la de Hanot y sus amigos. Buscando quizás el soporte del dinero público a través de los Ayuntamientos le pusieron el peregrino nombre de Copa de Ciudades en Feria, abreviadamente conocido como Copa de Ferias, aunque lo correcto hubiera sido el nombre que ahora tiene: Copa de la UEFA. Fue y sigue siendo un torneo de consolación, aunque la actual Liga de Campeones o Champions League ha absorbido tantos clubes importantes que ese año no han ganado su Liga (De España e Italia suelen jugar cuatro; de Alemania e Inglaterra, al menos tres) que su destino parece el de absorber la Recopa y crear una especie de Segunda División.

Desde el principio, la Copa de Europa galvanizó la atención europea y del mundo, porque cada año jugaban los mejores equipos —a menudo, lógicamente, los mismos— y el sistema de eliminatoria a doble partido garantizaba la emoción en cada encuentro. La temporada 1955-56 fue la primera y la primera que conquistó el Real Madrid. Ahí se forjó la leyenda: conquistó las cinco primeras de forma consecutiva, coronando un ciclo grandioso, asociado para siempre a Di Stéfano, con uno de los mejores partidos de la historia del fútbol: el que ganó por 7-3 al Eintracht de Francfort. Aquel Madrid ya no era sólo el de Di Stéfano: Santamaría, Puskas, Kopa o Rial, entre los extranjeros, y Gento o Del Sol entre los nacionales eran estrellas de proyección internacional.

Del Madrid de las Cinco Copas se ha escrito tanto que difícilmente puede añadirse nada bueno que sea nuevo y corremos el peligro de buscar, por prurito de originalidad, algo nuevo que no sea bueno. Baste señalar algo que conviene a este ensayo: la constelación de figuras —avaladas por los títulos, de 1956 a 1960— del Real Madrid de Bernabéu no ha sido igualada desde entonces por ningún club del mundo... hasta el Real Madrid de Florentino Pérez, de 1999 a 2003. El palmarés es prácticamente imposible de igualar. El prestigio internacional lo ha sido ya. Sin embargo, dentro del curioso paralelismo entre los presidentes del Cincuentenario y el del Centenario, y del ejemplo que sin duda Bernabéu ha supuesto para Florentino, entre aquel Madrid y éste hay tantas semejanzas como diferencias, aproximadamente las mismas que entre el fútbol de entonces y el actual. El mérito de ambos es haber avizorado el futuro desde el presente, haberse adelantado a todos con una mezcla de audacia, inteligencia y, por qué no decirlo, suerte.

Florentino llega para evitar la quiebra... y fastidiar al Barça. La llegada de Florentino a la Presidencia del Madrid se pareció a la de Bernabéu en dos aspectos cruciales: la necesidad de sanear financieramente al club para no ser el rival pobre del FC Barcelona en el fútbol español y el deseo de quitarle a su futbolista más deseado: Di Stéfano con Bernabéu y Figo con Florentino. En ambos casos, conseguir que el jugador saliera del Barcelona para entrar en el Madrid exigió un arrojo de kamikaze y una discreción de agente secreto. Y aunque ya hemos reseñado la novela del fichaje del argentino, fue mucho más difícil la del astro portugués. Porque el Barça del 53 ya tenía a Kubala, y el Kubala de 1998 que fichó Florentino era, precisamente, Luis Figo. Aunque económicamente estaba en quiebra y su gestión oscilaba entre lo desatroso y lo bochornoso, el Madrid de Lorenzo Sanz había vuelto a ganar la Copa de Europa por dos veces y nadie esperaba que Florentino, que ya había fracasado antes en su asedio a la Casa Blanca, pudiese derrotar a Sanz, a la Séptima y a la Octava.

Lo hizo de una manera literalmente increíble: anunciando el fichaje de Figo, el mejor jugador del Barça, si salía elegido. Es cierto que lo había atado con un contrato cuyas condiciones no se han conocido nunca pero debían de ser feroces. Sin embargo, como estaba supeditado a ganar las elecciones y nadie creía en su victoria, Figo firmó, con la idea de aprovechar a Florentino para mejorar su sueldo en el Barça. Pero mediante una explotación habilísima y sin muchos escrúpulos de las debilidades de las peñas y los compromisarios del club, que incluían desde regalitos y banquetes a tardes gratuitas para toda la familia en el Parque de Atracciones, Florentino venció con cierta claridad y por sorpresa a Lorenzo Sanz. Luego, las interpretaciones fueron muchas, y acaso la más verosímil era que el socio madridista era consciente de que la crisis económica del club había llegado a una situación límite y sólo alguien con mucho dinero y mucha influencia política podría conseguir la soñada y nunca conseguida recalificación urbanística de los terrenos de la Ciudad Deportiva, otra fabulosa herencia de Bernabéu, pagar las inmensas deudas y crear un Real Madrid para el siglo XXI.

A Florentino no le costó mucho conseguir lo primero: se rodeó en su directiva de millonarios con aldabas políticas, como Juan Abelló y Fernando Fernández Tapias, "Fefé", cultivó las amistades políticas con el PP, desde Aznar a Manzano y Gallardón, mimó al gran padrino mediático de la Izquierda, el plutócrata Jesús de Polanco, y consiguió, tras la recalificación, un proyecto con cuatro torres, cada una de ellas para pagar un cuarto de la deuda y fichar a una gran estrella. Tras el golpe psicológico y de talón de Luis Figo, llegó el fichaje astronómico de Zidane; tras el desembarco del astro francés avecindado en Italia, llegó Ronaldo, ex-jugador del Barça y renacido milagrosamente de sus cenizas deportivas en el Mundial de Corea; y tras Ronaldo, llegó el único que faltaba: David Beckham. Con Figo, ganó la Liga; con Zidane, la novena copa de Europa y la Copa Intercontinental; con Ronaldo, la Supercopa de Europa y otra vez la Liga, con Beckham... quizás nada, pero es el candidato favorito para ganarlo todo. Y está haciendo el fútbol más brillante, más espectacular y más anonadante que se ha visto en España, en Europa y tal vez en el mundo desde tiempos de Di Stéfano.

Las críticas al "star system" del Madrid de hoy reproducen, poco corregidas y bastante ampliadas, las que se hicieron al Madrid de ayer. Pero si a algo se parecen las contrataciones de Florentino es a las de Bernabéu. Amén de Di Stéfano, los Santamaría, Didí, Rial, Puskas, Kopa, Gento, Del Sol y no pocos grandes futbolistas forjados en la "cantera" del Madrid son apenas inferiores a los actuales "Zidanes y Pavones", brillante fórmula de Valdano para resumir la promesa de Florentino: cuidar la cantera y fichar cada año a un "crack" internacional. Unir a los Casillas, Raúl, Guti, Pavón o Portillo, nacidos en Madrid, los Roberto Carlos, Zidane, Figo, Ronaldo o Beckham, nacidos en todas partes, es el modelo de todos los grandes clubes del siglo XX, empezando por el mejor de ellos que, según la FIFA y sin discusión de nadie, es el Real Madrid. Pero es también el del Barcelona, el Manchester, el Bayern de Munich, el Milán o la Juventus.

¿Qué es entonces lo que ha cambiado en el fútbol? ¿Y qué cambia este Real Madrid? Un mundo más global, un fútbol más universal A mi juicio, lo que ha cambiado es el mundo, hoy más comunicado, relacionado, "globalizado" que nunca. Ha cambiado el fútbol europeo, que como ya anunció Bernabéu en una de sus últimas entrevistas, ha sido anegado por una verdadera oleada de futbolistas africanos y asiáticos, tan buenos y más baratos que los suramericanos. Y ha cambiado el negocio, que ya no se limita a vender entradas ( lo que implantó el actual "star system", el fichaje cada temporada de estrellas foráneas en todos los clubes) sino que lo vende todo. Desde los derechos de televisión hasta las camisetas: todo. El modelo de baloncesto profesional de la NBA, siempre añorado por los clubes europeos, aún no se ha impuesto a la burocracia de la UEFA y padece a la de la FIFA, pero el modelo de sociedad anónima para los clubes y el sistema de financiación de las estrellas, mitad contrato deportivo y mitad contrato publicitario paralelo, se ha impuesto de forma aplastante y, sin duda, irreversible.

La gestión empresarial del Milán de Berlusconi o el Barcelona de Núñez fue superada por la capacidad comercializadora del Manchester de Ferguson, el imperio del marketing cuyo rey era y es David Beckham. Y la llegada de Beckham al Madrid sólo prueba que Florentino ha logrado sintetizar y desarrollar lo que estos y otros clubes, siempre en la estela del Madrid de Bernabéu, han ido creando en los últimos tiempos. No vienen al Madrid porque pague más sino porque en él ganan más dinero. Y porque el dinero no sólo se gana en el campo sino en la televisión. Una buena imagen vale por veinticinco goles, pero si además de tener una buena imagen se juega bien, se meten goles y se ganan títulos, mejor para todos.

La gran pregunta es: ¿podrá seguir permitiéndose el Madrid de Florentino los fichajes que lo han convertido en "galáctico"? ¿Es este Real Madrid necesariamente efímero o puede consolidar una estructura económica y deportiva que dure bastantes años? Don Santiago Bernabéu no lo hubiera dudado y, de hecho, no lo dudó: hay que ambicionarlo todo, apostar fuerte para ganar. Florentino sigue haciéndolo, pero según muchos es más fácil ganar la Décima Copa de Europa que conseguir que le cuadren las cuentas. En la temporada 2003-2004 hay casi tantas razones para predecir la gloria como para avistar la catástrofe. Claro que ¿quién no firmaría perderlo casi todo después de ganar tanto?

Las cuentas de Florentino

Según la revista World Soccer, el Real Madrid tiene el presupuesto más alto de todos los clubes de fútbol del mundo, superior en un 20% al del Manchester United, que hasta ahora estaba considerado como el club más rico, mejor gestionado y con mayores ingresos por nuevos conceptos comerciales. Cuando el Madrid ficha a Beckham no sólo se lleva la estrella de su gran rival deportivo sino que manda un mensaje de solvencia al mundo financiero, a las marcas deportivas, a las empresas de intermediación y a todo lo que signifique dinero. Cuando Ferguson dice que no se puede competir con la voracidad compradora del Madrid y que su gasto en los últimos grandes fichajes ha sido de unos 75 millones de euros por los 245 del Madrid, reconoce aparentemente su inferioridad financiera pero envía a esos mismos sectores que financian el fútbol otro mensaje sibilino: el Madrid está gastando demasiado. ¿Pero cuánto es "demasiado"? Un empresario ortodoxo, por ejemplo Florentino Pérez de ACS, diría que gastar un euro más de lo que se ingresa es demasiado. Pero el presidente del Real Madrid diría que está de acuerdo con Florentino y que, por supuesto, no está gastando lo que no tiene, sino invirtiendo responsablemente en el futuro. ¿Cuál es la verdad?

El informe de 'Dinero'

En Septiembre de 2003, coincidiendo con el inicio de la "Liga de Beckham", la revista Dinero concedió los honores de portada a un amplio informe sobre las cuentas del "Real Madrid of Spain", concebido como lo que es: una empresa española de proyección internacional que explora nuevos mercados y ha puesto en marcha un concepto del fútbol-espectáculo mucho más agresivo de lo conocido hasta ahora. Pese al esfuerzo sintetizador de Fernando Barciela, los cuadros de ingresos y gastos no aclaran demasiado. Es tan enorme la magnitud de los ingresos del Club por la venta de los terrenos de la Ciudad Deportiva y tan grandes los gastos de cancelación de la deuda, amortización de grandes fichajes, construcción de la nueva Ciudad Deportiva, remodelación del estadio Santiago Bernabéu y expansión internacional del club a modo de franquicia que sólo un iluso podría creer que las cuentas están claras, en un sentido o en otro. Sólo podemos proceder por deducción y aproximación.

La fuente principal que maneja Dinero es "Contabilidad y Auditoría en el Deporte", de José Antonio Gay, quizás el máximo experto en la materia, al menos en España, y que es el primero que se cura en salud advirtiendo de que la opacidad es lo habitual en las cuentas del fútbol y que el Madrid no es una excepción a esa regla. Bien es cierto que su volumen hace más difícil el camuflaje de los gastos y que Florentino ha tenido a gala presentar unos balances anuales suficientemente aseados y profesionales como para no levantar sospechas o espantar padrinos, patrocinadores y futuros socios.

Por citar los dos últimos años, 2001 y 2002 al 30 de Junio (que son los de la entronización del Madrid "galáctico" con la conquista de la Novena copa de Europa en Glasgow), los ingresos de explotación, en millones de euros, fueron de 137,90 y 152,18, mientras los gastos de explotación ascendían a 224,44 y 471,35. Las cuentas de explotación deportiva en 2002 elevaban los ingresos deportivos a 94,68 millones de euros y a 30,89 los que se debían directamente a socios y abonados, mientras que los gastos de personal y jugadores ascendían a 137,24 millones, las amortizaciones de jugadores a 282,95 y otros gastos a 50,8 millones de euros. Siempre según Gay, citado por Dinero, los ingresos totales de la temporada 2001-2002 ascendieron a 532,51, de ellos 376, 51 en concepto de ingresos extraordinarios, mientras en la 2002-2003 bajaron a 293,44, bien que los ingresos extraordinarios fueron menores, 116´0 millones. Los gastos ascendieron, respectivamente, a 521,05 millones en 2001-2002 y a 212´88 en 2002-2003. Aparentemente, de un año a otro, se ha pasado del ligero déficit al claro superávit.

Sin embargo, la complejidad de las cuentas en una empresa de esta envergadura y el carácter a largo plazo tanto de los gastos (sobre todo en las "estrellas") como de los ingresos e inversiones en infraestructura deportiva no nos permiten los suficientes elementos de juicio como para decir que Florentino es una mezcla de Midas y Tío Gilito o el avalista de las cuentas de la Lechera. Quizás lo único que puede acercarnos a ver lo que el Madrid tiene de diferente es comparar su presupuesto por temporada con el de los demás clubes de la Primera División española. Con respecto a su gran rival, el Barcelona, el presupuesto del Madrid en la temporada 2001-2002 fue de 200,5 millones y en la 2002-2003 de 293, por 154 y 170,7 del Barça. El Valencia presupuestó 72,3 y 90; el Deportivo de la Coruña, 57 y 75; la Real Sociedad, justo en mitad de la tabla de gastos, 31 y 36; y el más modesto, el Recreativo de Huelva, 3’3 millones en Segunda División, cuando ascendió a Primera, y 18 en la siguiente, cuando descendió. Esa es la auténtica magnitud del Madrid: lo que lo separa de los demás clubes de fútbol españoles y de casi todos los extranjeros (Manchester, Chelsea, Juve o Milán se acercan más a sus cifras, pero sin alcanzarlas).

Los ingresos que nunca pudo soñar Bernabéu

Esa diferencia presupuestaria corresponde a las diferencias en su financiación, al capítulo de ingresos que otros clubes no han sabido, querido o podido alcanzar. En ese sentido, el informe de Dinero es particularmente valioso, porque al margen de los ingresos de taquilla y por derechos de retransmisión televisiva, comunes a todos los clubes, señala los siguientes:

  • Contrato con ASD (Asia Sports Development) por un mínimo de 22 y un máximo de 40 millones de euros por gestionar partidos amistosos en Asia, imagen y publicidad del club y creación de escuelas de fútbol, la primera en Shanghai.
  • Por los cuatro partidos amistosos en la gira asiática de presentación de Beckham, cobró 8 millones de euros.
  • Acuerdo con Pegaso México similar al de ASD para crear otra escuela de fútbol y gestionar imagen del club: 6 millones. Previsión de tiendas por el sistema de franquicia con el nombre Área Real Madrid.
  • Titulización o venta del 15 % de los derechos de marketing a Caja Madrid (sin cifra).
  • Asunción de la mitad de los derechos de imagen de las "estrellas" fichadas, previa recompra de todos los derechos de explotación de imagen por 36 millones (sin cifra).
  • Palcos: los recompró por 16 millones, pero en 2001 ganó 1,5 millones y 9 en 2002, previéndose un aumento espectacular con la remodelación del Bernabéu.
  • Patrocinio de Siemens IC Mobile: 12 millones anuales por tres temporadas.
  • Otros patrocinios: Adidas, Pepsi, Mahou, Rexona, Electrolux, Viceroy: 20 millones.
  • Camisetas: es el símbolo de los nuevos ingresos atípicos y Dinero no ofrece cifras globales. Sin embargo, cuenta que a 78 euros la camiseta, vendió en un solo día camisetas con el número 23 de Beckham por valor de 625.000 euros. Calcula que llegará en la temporada al millón de camisetas. Ronaldo, Raúl, Zidane, Roberto Carlos, Figo y Casillas eran, hasta Beckham, los jugadores más comerciales. Sólo Figo, en los cuatro años que lleva en el club, ha vendido 300.000 camisetas. Hay muchos más objetos de mercadeo, algunos tradicionales (llaveros, bolígrafos, insignias, bufandas, mecheros) y otros nuevos (jarras, muñecos, juguetes, teléfonos), pero la lista se haría interminable.

Sin embargo, lo que arroja este vistazo a las cuentas del Real Madrid es que las partidas con que cuenta o piensa contar Florentino no pudo ni soñarlas Bernabéu. Muchas, no las podrá alcanzar nunca ningún club de fútbol del mundo. Esta es la ventaja que les lleva ya a todos el Real Madrid. Pero otros sí pueden hacerlo. El mercado es abierto y está naciendo. Todos pueden aspirar a lo mismo y tal vez conseguirlo. Dependerá de dos cosas: la suerte deportiva del club y la evolución del fútbol como fenómeno global. Ambas merecen capítulo aparte.

Una crisis de legitimidad permanente

El despido de Hierro y Del Bosque provocó las primeras críticas generalizadas a Florentino, más entre periodistas que entre aficionados y quizás por la notoria incapacidad del club para explicar su comportamiento más que por el hecho en sí de no renovar el contrato a un central que vivía su ocaso bajo los pitos del Bernabéu y a un entrenador que junto a una sabia mano izquierda para apacentar estrellas futbolísticas había mostrado también un indudable debilidad ante los jefes del vestuario, Hierro y Raúl. El defensa había provocado, según opinión generalizada, el temporal ostracismo de Casillas en beneficio de César, cuando nada justificaba que el jovencísimo héroe de Glasgow, ídolo de la chiquillería y orgullo de la cantera, cediese la titularidad. Luego la recuperó y Del Bosque ya no volvió a "rotar" a los jugadores, costumbre que en Madrid se circunscribe a tres o cuatro puestos del equipo, no más. Casillas, Salgado, Roberto Carlos, Beckham, Figo, Raúl, Zidane y Ronaldo juegan si están en condiciones de hacerlo. Los seis últimos, sin discusión. Por eso lo de Casillas fue tan injusto.

Pero la clave, a mi juicio, estuvo en que al producirse la rebelión abierta del vestuario contra la directiva, el entrenador no respaldó al Club sino que, de forma algo más que tácita, apareció frente a Valdano y Florentino y junto a Hierro y Raúl en lo que fue un acto de disciplina intolerable en cualquier club pero mucho más en el Real Madrid. Que a Del Bosque querían echarlo tras la eliminatoria de la Copa de Europa era bastante evidente y él no se privó de anunciar que veía o intuía difícil la renovación. Que Del Bosque no merecía quedarse después de su comportamiento en la crisis es igualmente claro. Lo de Hierro lo adivinó todo el mundo. Lo de Del Bosque, aunque se deducía fácilmente de los acontecimientos (el entrenador nunca obligó a los jugadores a cumplir sus compromisos con el club y con la afición) no se atrevió a explicarlo el Madrid, y cuando lo hizo, fue contraproducente. En rueda de prensa, un director general dijo que el estilo de Del Bosque era anticuado, a lo que de inmediato respondió Valdano diciendo que el que decidía acerca del estilo de juego y de entrenamiento era él. Como acto de autoridad, muy tardío. Y como forma de atajar una estupidez, insuficiente.

La hostilidad de la Prensa

Probablemente en ese minuto lamentable de una penosísima rueda de prensa se decidió la hostilidad de buena parte de la prensa deportiva hacia Florentino y Valdano. Meses después, el buen juego de Beckham y dos soberbias exhibiciones "galácticas" ante el Valladolid y el Olympique de Marsella, acallaron las críticas, pero los argumentos siguen ahí, en la calle y en la grada, en las redacciones y en la barra del bar. Del Bosque se ha convertido en el símbolo de la cantera, en el hombre bueno de la casa maltratado por los nuevos ricos, españoles o extranjeros. Vicente es la esposa legítima, preterida por la amante, "la otra", más joven, más guapa y con más mundo, pero nunca de fiar y, a la postre, muchísimo peor. Por otra parte, ¿no era la política de Florentino, según Valdano, la de "Zidanes y Pavones"? ¿Qué mayor "pavón" que Del Bosque?

A mi juicio, en la crisis Florentino hizo lo único que podía hacer. Está, o debería estar, fuera de duda que si hubiera que elegir entre la cantera y las estrellas (elección innecesaria y absurda, pero en esos términos se produjo y se mantiene el debate) lo esencial del Real Madrid son las estrellas, nunca la cantera. Todos los grandes clubes, los medianos y muchísimos pequeños de todo el mundo tienen su "cantera". Todos los grandes producen muchos y buenos futbolistas cada temporada y periódicamente, de forma irregular, se producen "quintas" o promociones brillantísimas. Pero una cosa es forjar grandes jugadores y otra mantener el nivel de juego del primer club del mundo.

Entre Hierro y Beckham o entre éste y Makelele no cabe discusión, siempre desde el punto de vista del tipo de Club en que se ha convertido el Real Madrid. Entre Raúl y el fichaje de cada año, tampoco, aunque al madrileño le cueste meses recuperarse de cada aterrizaje estelar. Sin embargo, en plena resaca de la crisis Hierro-Del Bosque se produjo una serie de fracasos de la dirección deportiva del club (incapacidad de fichar a un central de garantías, la sustitución de Del Bosque por el más gris Queiroz) que produjeron la impresión de que Florentino sabía ser duro con las insubordinaciones domésticas pero era poco exigente con los errores de cálculo, que los errores que le perdonaba a Valdano (el de Milito muy señaladamente) no se lo había perdonado a Del Bosque. Y que el dinero que había para cosas tan brillantes como el fichaje de Beckham no lo había para cosas tan necesarias como fichar a Ayala o mantener a Makelele.

¿Cómo se explica esa contradicción entre el dinero que sobra para marcar goles y el que falta para que no los marque el contrario? ¿Cómo se entiende que se refuerce el ataque con Beckham mientras el centro de la defensa lo forman Pavón y Raúl Bravo? ¿Cómo puede mantenerse tan distinto trato a los zidanes y a los pavones, si, al final, los partidos los ganan o los pierden juntos? ¿Por qué todo es volcarse hacia fuera sin hacer caso a los de dentro? ¿Cómo se explica el absurdo proceder de Florentino en el "verano asiático" del 2003?

El dinero, única explicación

Probablemente, por dinero. La gente más cercana a Florentino está convencida de que si el Madrid ha vendido todos los jugadores que ha podido, ha cedido los que no ha podido vender y, con la excepción de Beckham, ha cerrado a cal y canto la puerta a nuevos fichajes, si no ha comprado a cualquier precio un central ni ha aceptado el órdago de Makelele es porque las cuentas se podían desequilibrar peligrosamente. Y como Florentino está decidido a seguir cuatro años más (de irse, tal vez hubiera sido menos estricto) no quiere arrostrar la posibilidad de un fracaso deportivo, siempre posible, y además la entrada en pérdidas, hipótesis ésta rechazada por él mismo y sustentada en el saneamiento financiero del club tras vender la Ciudad Deportiva. No salían los números y Florentino estaba dispuesto a superar una rebelión de futbolistas nacionales en el vestuario pero no un motín de los agentes nacionales o extranjeros de "zidanes", de "pavones" y de la llamada "clase media", los Solari, Salgado y demás.

Claro que, si el marcador no acompaña, los socios se rebelarán y todo se lo reprocharán a Florentino en clave de legitimidad, siguiendo el guión de la "reacción castiza" en el caso Hierro-Del Bosque. Quizás, mientras el Real Madrid no sea una sociedad anónima y la aprobación de la gestión dependa tan directamente del referéndum de los socios, es imposible que nadie, ni siquiera Florentino, pueda resolverla. Lo cual, probablemente, es lo único que no hubiera disgustado a Bernabéu.

El fútbol, escuela de liberalismo popular

Si la aventura del Real Madrid puede ser apasionante contemplando al pasado, lo es mucho más mirando al presente. El fútbol como espectáculo puede no haber cambiado tanto como se cree desde los tiempos de Di Stéfano a los de Zidane, pero lo que sí ha cambiado radicalmente, cumpliendo por otra parte las previsiones de Bernabéu, es su carácter global, con la entrada masiva de África y Asia en la realidad y el escaparate de este deporte. La diferencia esencial con respecto a lo que podía haber sucedido hace cincuenta años es que su incorporación actual se hace a través de clubes y no sólo de selecciones nacionales y que la realidad que perciben los jóvenes aficionados no es sólo la de un deporte sino la de un mercado. Acaso el más libre que existe y aquel en el que se observan con mayor claridad las reglas y principios del liberalismo popular.

Un muchacho de Camerún que trabaja en el campo difícilmente podrá pensar en mejorar su situación personal, económica y social mediante la exportación a Europa de los productos que cultiva, por la sencilla razón de que Europa lo impide con sus barreras arancelarias y subvenciones agrícolas. En cambio, sabe perfectamente que Samuel Eto’o juega en España y que Geremi fue campeón de Europa con el Real Madrid y ahora está jugando, y triunfando, en Inglaterra o, para ser exactos, en la Premier League. Un niño chino puede no saber que su padre trabaja para una multinacional que exporta a Occidente copias fraudulentas de relojes, camisetas o electrodomésticos. Es posible que sea igualmente pirata la camiseta de Beckham con el 23 a la espalda que usa para jugar al fútbol y que, en realidad, no se quita ni para dormir. Pero ese niño chino, coreano, birmano o tailandés ha visto que su ídolo está en el Real Madrid con gente de toda raza y procedencia geográfica, que juega con un argelino-francés llamado Zidane, con dos brasileños llamados Ronaldo y Roberto Carlos, que son negros, y otros que son blancos, aunque unos muy rubios como el inglés Beckham o los españoles Salgado y Casillas y otros muy morenos, como el portugués Figo o el español Raúl. Lo más probable es que ese niño chino, birmano, coreano o japonés sueñe con ser el primer asiático titular del Real Madrid. Y lo extraordinario es que, si realmente es un gran futbolista, puede serlo.

Ese carácter de fábrica de sueños, ese "sueño madridista" que, al modo del american dream, ilusiona hoy a centenares de millones de niños de todo el mundo es una de las grandes maravillas del Madrid "galáctico". Pero ese sueño jamás se habría producido sin la mercadotecnia, sin los anuncios de televisión, sin esa política de imagen que equipara las estrellas de fútbol con los grandes cantantes o los conjuntos legendarios de música "pop". Ir a un partido del Real Madrid en Asia o en Villarreal es como ir a un concierto de los Rolling Stones en Singapur o en Benidorm. Con una diferencia: el fútbol es menos previsible que el rock y los Zidane, Ronaldo, Beckham y compañía no pueden llevar ensayado el mismo partido desde hace treinta años. Jagger puede seguir encantando a la gente con Satisfaction; Raúl no puede meter dos veces el mismo gol ni repetir la misma jugada. Mientras el público agradece la repetición, la defensa del equipo contrario no lo permitiría. Al menos, no muy fácilmente.

Economía aplicada

Pero el niño chino que sueña con jugar en el Real Madrid o el joven aficionado que sigue semana a semana y comenta día a día el juego de su equipo no ven sólo la gloria. También hacen un curso permanente de economía global y de empresa. Lo que no les permite saber la exportación de maíz, sí lo hace el fichaje de un delantero centro. A estas alturas, cualquier criatura aquejada de "futbolitis" sabe todo lo que hay que saber de los derechos de formación del joven jugador que se convierten en tantos por ciento del posible contrato; por ejemplo, en el fallido cambio de Eto’o por Ayala. No se le oculta que para un ejecutivo puede ser bueno cambiar de aires por una temporada, que a Raúl Bravo le fue bien jugar todos los domingos cedido en un modesto equipo inglés para volver al Madrid más rodado y que Morientes ha hecho una apuesta relativamente arriesgada yéndose por un año al Mónaco en vez de fichar en firme, aunque sea a la baja. También sabe que el mercado puede cambiar mucho, muchísimo de una temporada a otra. Que Beckham le ha costado al Madrid la mitad que Zidane e incluso que Figo, aunque no valga menos, porque el mercado está mucho más barato que hace tres años.

Claro que también sabe que Beckham puede aceptar una ficha más baja porque la proyección exterior del Madrid le permitirá doblar sus tarifas como hombre-anuncio, amén de favorecer el éxito de ventas de su autobiografía rosácea My Side y de asegurar una publicidad para el próximo disco de su esposa, Victoria Adams, que ninguna otra "ex-Spice girl" podría soñar. Sabe que, en materia de imagen, el club va al 50% con sus jugadores, y que de 76 euros que cuesta una camiseta, el club puede ingresar limpios sesenta, que, deducida la parte del jugador, serán treinta netos. Puede que esa sea la única operación aritmética que haya hecho por gusto y no por deberes. Y es posible que después de estudiar diez años no consiga decir una palabra en inglés, pero en cuanto a gestión del club, no habrá anglicismo que se le resista: desde el "manager", el "marketing", el "merchandising", el "cash flow" o simplemente el "cash" que maneja Florentino hasta el "look" de Guti comparado con Beckham o lo "fashion" que suele ir Figo, no en balde su señora es modelo.

Escuela multirracial y culto a la excelencia

Pero no todo son frivolidades, por otra parte relativas. El fútbol de clubes y en especial el del club por excelencia que es el Madrid es también una escuela de valores y de civismo moderno. El culto al talento, al esfuerzo, a la constancia, a la excelencia iguala al futbolista de modestísimo origen social nacido en cualquier arrabal del Tercer Mundo y que empezó dándole patadas a una bola de trapos en un desmonte de la selva con el muchacho venido al mundo en una familia de clase media y que además del afecto y los cuidados materiales de su entorno ha tenido las categorías infantiles y juveniles del Real Madrid –o del Atlético de Madrid, véase Raúl, o de otro club– como escuela de fútbol. La diferencia de clase no supone nada cuando dos futbolistas se enfrentan en el campo. Podría pensarse que luchará más el que viene de una favela brasileña que el que viene del Barrio de Salamanca y del Madrid B, pero eso no es necesariamente así. La feroz competencia en las categorías inferiores del Madrid obliga a los jóvenes a un talante de exigencia y competitividad. Y si un niñato con apenas veinte años puede convertirse en millonario y en imbécil, no dependerá de su origen social, o no sólo, sino de sus valores y de su carácter. En el Madrid sólo triunfan los que son capaces de sacrificarse por su profesión, y el ejemplo es Raúl. No basta el talento para que el Bernabéu adopte un jugador: la actitud en el campo y la entrega al equipo son todavía más importantes, como lo prueba el caso de Guti, de Michel Salgado o, por supuesto, de Beckham. El socio del Madrid es caprichoso. El futbolista del Madrid debe ser virtuoso. Es una de las herencias de Bernabéu.

Y sin necesidad de hacer grandes discursos ni de pedir gigantescas sumas de dinero público para promover la coexistencia de distintas razas y religiones, el Madrid es una escuela viviente, un gigantesco escaparate infinitamente iluminado de las buenas relaciones que puede haber entre un musulmán como Zidane y un católico como Raúl, entre un blanco anglosajón como Beckham y un negro suramericano como Ronaldo, entre un chico de barrio madrileño como Casillas y un muchacho venido de provincias como Salgado o Helguera. Todos, grandes y pequeños, fuertes y frágiles, guapos y feos, listos y tontos hacen cada día juntos la historia y alimentan el mito del Real Madrid. Todos han tenido su oportunidad, han sabido aprovecharla y siguen haciéndolo cada día, cada partido, cada temporada. Todos hablan un mismo idioma, con una gramática extremadamente simple y al tiempo sutilmente compleja, que es el del fútbol. Vienen de cualquier país, de cualquier raza, cultura, religión, clase social, lengua o costumbres. Son la materia real de un mundo que quizás sólo en el fútbol es realmente global. Van, tras unos años electrizantes de fama, gloria y fortuna, al limbo de los ídolos olvidados, para dar paso a otros, y a otros y a otros, unidos en una extraña orden de caballería que es la de la camiseta y el escudo del club. Todos viven a través de esos colores su vida, su ambición, su codicia, su anhelo; y, al hacerlo, alimentan también la vida, la ambición y la esperanza de cientos y cientos de millones de personas en todo el mundo. Esa es la gloria y el mito y el oro y el humo del Real Madrid del siglo XXI, esa fábrica de sueños.

Número 17

Ideas en Libertad Digital

Reseñas

6
comentarios
1
RARISIMO
Miguel Patiño Bottino

La verdad, el artículo es magnífico, pero al margen de ello
sigo sin entender cómo los españoles o los madrileños,
mejor dicho, se pueden emocionar con un equipo que está
compuesto por extranjeros. Es como si argentinos,
uruguayos, brasileños, colombianos o peruanos se
emocionaran tuvieran los millones de dólares que tiene el
RM y se lo gastaran no en retener a sus máximas figuras,
sino en contratar a europeos de primer nivel.
Probablemente será el equipo más rico del mundo, pero me
parece una payasada esto de ser supercampeón perenne
sólo porque cuentan con los mejores del mundo. Aun así,
Boca Juniors les ganó una final Intercontinental, con un
equipo bastante más modesto en términos de dinero, pero
gigante en calidad, garra y empuje... El fútbol en Europa no
ha perdido su encanto (lo demuestran los llenos de bandera
en los estadios), pero ese romanticismo necesario en el
más hermoso de los deportes hace que en Sudamérica sea
más valioso y heroico que en España, Italia, Alemania o
Inglaterra. La verdad, no sería hincha de Real Madrid por
vergüenza ajena. Es de una opulencia abusiva y arrogante
tener dinero y gastarlo en fichajes de ese tipo. Es una
vocación no deportiva sino de romper el equilibrio del
mercado. ¿Beckham? Un buen jugador, pero de ninguna
manera un jugador desequilibrante ni un monstruo. En fin,
cada loco con su tema y cada quien es hincha de quien
quiere. A mí, repito, el Real me da risa y no me entusiasma
para nada.?

2
DINERO Y PODER
JOSE MANUEL

El deporte, también ya como tantas cosas y desde hace un tiempo, se ha mercantilizado hasta considerar a los futbolistas pura mercancía. La esencia de la competición en igualdad de condiciones ha quedado desvirtuada por el advenimiento de la empresa global al futbol total solo en aquellas oportunidades de negocio rentables, como a los grandes clubs de la historia como el Madrid, megaclub de connotaciones extradeportivas fuertes. ?

3
copa de europa
carlos

La copa intercontinental, no es comparable, el único título que vale es la copa de europa es el mito, es la copa que persigue cualquier jugador nazca en américa o en europa, en áfrica o en asia, es el cielo del fútbol. El real madrid lo que consigue es demostra como una civilización, la madrileña al principio ahora de carácter mundial, dueña de su club que es capaz de organizar el mejor club del mundo mezclando la tradición y la modernidad y emprendiendo un sueño que atrae a los mejores jugadores y aficionados del mundo. Aquí no importa el origen del jugador, ni su nombre, sólo importa la camiseta del real madrid y todo el que quiera venir a hacerla más grande está invitado. Es un mito, es un sueño, te pones la camiseta y ya no eres jamás un jugador de fútbol sino un jugador del real madrid, de por vida, para siempre. Aquí no se defiende una raza o un origen sino unos valores, unos principios y unos colores. Se busca dar ejemplo en competitividad, organización, entrega, historia, capacidad de atracción y todo ello lleno de respeto por un escudo que nadie quiere manchar y todos quieren llevar con orgullo. Nadie es nuestro dueño, ningún "magnate" argentino o ruso o italiano o español el club es de sus socios y simpatizantes, votamos como en cualquier país a nuestro presidente. El real madrid busca dar ejemplo a través de un juego. Es un sueño y os animo a vivirlo, asumirlo e imitarlo en lo cotidiano de cada uno. Si el mundo se jugara su supervivencia a un partido de fútbol enviaría al real madrid, sin dudarlo.?

4
DISCREPO
Miguel Patiño Bottino

Si el mundo se jugara su supervivencia en un partido
de fútbiol creo que mandaría no al Real Madrid, sino a
Brasil. Saludos.?

5
21/04/06
yasmina

Creo que el Real Madrid a demostrado que son los mejores pero deberian ayudarce mas por que e visto partidos donde beckan,roberto carlos y unos mas no hacen nada los que si merecen que se guegan al vida por ganar son ciciño
casilla y otro ?

6
Contesción a unos cuantos topicazos
Luis Felipe

Contesto con bastante retraso, así que me imagino que estás palabras no llegarán a su destinatario. Como son contestación a algunos topicazos, tal vez sirvan como replica para algunos otros.

Dice Miguel que no entiende como nadie se puede emocioanar con un equipo de extranjeros. Se nota que o bien conoce Madrid solo por los mapas, o que la odia con todas sus fuerzas. Aquí no existe el concepto del extraño. Su pongo que es algo difícil de entender para los que se inventaron el término charnego, godo, maketo, etc. Roberto Carlos es uno de los nuestros, madrileño. No tiene discusión. Para ser madrileño no hay que exhibir genealogía ni genética. Madrid no es un proyecto de la raza, sino del sentimiento. Me dan pena las ciudades en las que vive gente como tú, por que a la larga se quedan chiquitas a fuerza de jugar con la endogamía.

Es bien hipócrita hablar de la fuerza del dinero. En el fútbol los clubes abusan del que pueden. El Madrid ficha jugadores de otros clubes, y estos lo hacen de terceros. Ni siquiera existe ya eso que se llamaba cantera. En la actualidad se fichan jugadores de 12, 13 y 14 años.

Si va a ser imprescindible pedir disculpas por ganar más veces de las que se pierde va a resultar que es cierto eso que dicen, que el mundo está regido por la tiranía de los mediocres, que odian todo lo que es mejor que ellos y gastan la mayor parte de sus energías en odiarlo y destruirlo en vez de beneficiarse de sus logros o de su belleza.

No me extraña que odies la opulencia, eres un tipo realmente mediocre. ¿Que perdimos con el Joca? Hemos perdido con tantos. Yo vi en vivo y en directo a Maradona meterse con el balón en la portería una tarde radiante de fúbol en el Bernabeu vistiendo la camiseta del Barcelona. Y vi a la Quinta dle Buitre destrozarse en los acantilados del PSV una noche en que demostraron que eran mejores. He visto muchas cosas. También a Zidane marcar el gol del siglo aprovechando un regalo del cielo, a Mijatovic convertir es caos en orden para darnos la Séptima Copa de Europa,a Butragueño regatear sin balón como si el fútbol fuese "otra cosa". No todos eran españoles, pero desde luego que todos eran madrileños. ¿Como lo vas a entender si estás reñido con la belleza?

Y contesto a otro topicazo que aquí no se ha planteado pero que siempre se saca a colación cunado se habla del Madrid. Vale, se ganaron muchas ligas por que le molabamos a Franco. Pero, ¿quien explica tantas copas de Europa cuando a España ni siquiera se la admitía en las Naciones Unidas ?

Los que critican al Madrid suelen ser cerebros, además de envidiosos, bastante perezosos. Un día la UEFA dijo: basta, y evitó que nos llevasemos la sexta (a la larga ya se sabe lo futil de este empeño). Preparó una encerrona. Por casualidades de la vida el partido que se le impidió ganar fue una semifinal con el Barcelona. Si, claro, la historia la cuentan siempre de otra manera. Ya digo, mera pereza.?