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La Ilustración Liberal

Reseñas

Defensa de lo privado

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Defensa de lo privado, del profesor de sociología Wolfgang Sofsky, tiene varios méritos y un problema. Empezando por los méritos, el primero es que plantea una cuestión crucial pero que pasa inadvertida: la constante y creciente invasión por parte de diversas organizaciones, desde el Estado hasta las más variadas compañías y asociaciones, de nuestra vida privada. El arranque del libro está plenamente logrado: como si de una novela futurista y distópica se tratara (pienso en 1984, Fahrenheit 451 o Un mundo feliz), el autor nos presenta las distintas acciones en la vida de una persona y cómo todo, cada paso, cada movimiento, va dejando huellas, es registrado. Lo malo es que uno se reconoce en muchos de esos gestos, y también reconoce el modo de registrarlos. Vamos, que pronto uno toma conciencia de que no se trata de una ficción futurista, sino de su propia vida, lo cual resulta francamente preocupante. Quizás ésta, la preocupación, sea un primer paso para solucionar la cuestión y quebrar la fatalidad que nos está llevando por este camino.

El segundo acierto de Sofsky es su defensa abierta y explícita de la privacidad, el terreno íntimo y propio en el que no está justificada la menor injerencia. En un mundo donde la mentalidad socialista está mucho más extendida de lo que pudiera parecer a primera vista, esta reivindicación de lo privado como garantía y pilar de la verdadera libertad es de agradecer. Aquí, la noción de lo privado como el castillo de cada persona, de reminiscencias chestertonianas, me parece acertadísima y muy actual. Por otro lado, la intuición de que las políticas prohibitivas del Estado no consiguen sino expandir el aparato estatal es una de esas verdades que están ante nuestros ojos y que sólo esperan a que extraigamos las conclusiones que de ellas se derivan.

La argumentación de estos puntos, a través de una serie de capítulos en los que Sofsky nos ofrece un curioso recorrido histórico, muy a menudo erudito, se puede leer con interés, aunque en ocasiones no logra librarse de sus prejuicios antirreligiosos, y en concreto anticristianos, lo que lastra algunas de sus páginas. De aquí quiero rescatar su apología de la cortesía como esencial para la misma libertad, su crítica de los impuestos ("se basan en la idea de que todo el mundo puede vivir a costa de los demás") o su denuncia de la lucha por la igualdad como camino directo a la tiranía. En la parte negativa, me detengo en la pobre y manida exposición acerca de la imposibilidad de la existencia de Dios debido al mal que existe en el mundo (¡precisamente por parte de un teórico defensor de la libertad!).

Pero hablábamos de un problema; y es que Sofsky tiene una concepción del poder y de su relación con el individuo de matriz anarquista. Así, sostiene que "todo poder pretende ampliar su zona de dominio" y que "apenas los subordinados renuncian a la resistencia, el poder cristaliza en dominio". El poder sólo se nos presenta bajo la faz de un poder totalitario. No negamos la existencia de este tipo de poder, pero no se puede obviar que han existido y pueden existir otros poderes (y aquí habría que volver a la clásica distinción entre poder y autoridad, algo que Sofsky nunca intenta). Al no poder concebir un poder que no tenga pulsiones totalitarias, en vez de intentar ordenar el poder, el autor opta por hacer un llamamiento a una especie de resistencia individual que, al mismo tiempo, se ve obligado a reconocer tiene escasísimas probabilidades de éxito. Una cierta desesperanza, pues, se trasluce en toda su obra, pues las amenazas son tan grandes, según su propio relato, que la solución se antoja limitada y, en última instancia, ineficaz.

En definitiva, estamos ante un libro interesante y muy sugerente, que pone sobre la mesa una tendencia que no debiéramos aceptar sin más y sobre cuyas consecuencias haríamos bien en reflexionar detenidamente. Plantea el problema, advierte de su gravedad y señala el camino para evitarlo, pero Sofsky no es capaz de darnos los medios para avanzar por ese camino. Tomen lo bueno y no desesperen, otro poder es posible (aunque no sea nada fácil; cada día menos).

© Fundación Burke

Wolfgang Sofsky, Defensa de lo privado, Pre-Textos, Valencia, 2010, 220 páginas.

Número 45-46

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