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Los pornógrafos de la España romántica

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Cuando me ocupé de "Los pornógrafos en la España ilustrada" (La Ilustración Liberal, nº 66) añadí, a modo de señuelo, que una incursión por el "infierno" de las bibliotecas revelaría que, concluida la etapa libertina y revolucionaria del siglo XVIII, los dos poetas románticos más célebres del siglo XIX español, José de Espronceda (1808-1842) y Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) dejarían sus nombres asociados a algunos de los escritos más obscenos y las imágenes más escabrosas de su tiempo.

¿Apócrifas?

El caso de Espronceda es muy curioso. Quien más hizo para negarle su condición de poeta licencioso fue el historiador José Cascales Baños (1866-1933), autor de un exhaustivo trabajo titulado El auténtico Espronceda pornográfico y el apócrifo en general. Cascales Muñoz empieza por desmitificar la que según él es la única, y muy breve obra poética de Espronceda que se puede tildar de procaz: "Poema o fragmento burlesco sobre Dido y Eneas". Afirma Cascales Muñoz:

Está escrito en broma, tan sin pretensiones literarias que ni las frases, ni las imágenes, ni la ilación de los periodos, pueden ser más endebles ni de peor gusto. Parece como si sus autores fuesen dos estudiantes ociosos que se habían propuesto pasar el rato insertando, alternativamente, y a capricho, desatinos y obscenidades, en competencia, para ver quién lo hacía peor.

Efectivamente, en los márgenes del original autógrafo, Espronceda y su compañero de travesura, Miguel de los Santos Álvarez, marcan de su puño y letra cuáles son sus respectivos versos. He aquí un fragmento, quizás el único inteligible, del poema:

Eneas, vuelto en sí, ve a un lado a Roma,
a Caripdis, a Scila, ve por otro,
y temiendo su potro,
una lágrima estúpida le asoma.
El fiero Tarantantalo le llama,
diciéndole que Dido está en la cama,
y Caripdis entonces, Scila, Roma,
el potro, todo Dios se va al carajo,
y sacando el vergajo,
acude, corre, se espavila, (sic)
y derrama más leche en un momento
que presta un usurero al cien por ciento.

Una vez salvado el honor de Espronceda y su amigo, Cascales Muñoz desmenuza los versos presuntamente apócrifos para identificar a sus verdaderos autores, pero a continuación los reproduce íntegros, en su totalidad, precedidos por una insólita "Advertencia":

Como serán muchos los lectores del estudio sobre El auténtico Espronceda pornográfico y el apócrifo en general que deseen conocer las (en su mayoría nauseabundas) poesías que se mencionan en el mismo, para que no se molesten en buscarlas, se les ofrecen aquí reunidas, por el orden en que han sido examinadas, pero como también es de suponer que no tengan el mal gusto de conservarlas en sus bibliotecas, para no exponerlas a que las lean sus hijos y se envenenen con la ponzoña que algunas destilan, se imprimen aquí reunidas, pero al final, con el objeto de que puedan arrancarlas y quemarlas, una vez que las examinen, a imitación del médico que analiza las llagas de los cuerpos corrompidos por los vicios sobre la mesa del anfiteatro, de la que pasan después al Cementerio.

Camilo José Cela no se dejó intimidar por el sermón del historiador y seleccionó abundantes fragmentos de las poesías que definió como atribuidas a Espronceda para incluirlas en su Diccionario secreto (Alianza Editorial, 1974).

Misógino furibundo

Cascales Muñoz atribuye el extenso poema "La mujer", con una invocación y cuatro cantos, a "un inspirado vate (…) a cambio de unas cuantas (muy pocas) pesetas". De lo que no cabe duda es de que el "inspirado vate", Espronceda u otro, era un misógino furibundo. Veamos algunos breves fragmentos que lo confirman. Comienza con una "Invocación a las musas":

Alejaos, oh musas del Parnaso,
id a joder en vuestras frescas grutas,
apresurad, apresurad el paso,
pues tenemos aquí sobradas putas,
sin ser yo Dante, o Camoens o Tasso,
me cago en vuestras cestas y en sus frutas;
id a joder que por mi cuenta obro,
y a cantar la mujer me basto y sobro.

El Canto I lo dedica a "La soltera". Una estrofa:

Miente cuando te jura amor constante
(su helado corazón no se enamora),
miente cuando te dice eres mi amante,
miente cuando se ríe y cuando llora,
es de lujuria, sólo el anhelante
suspiro que exhalando está a toda hora;
jodiendo se resuelve esa contienda,
no hay más amor allí que la jodienda.

El Canto II, a "La Casada". Otra estrofa:

Pasan como relámpagos fugaces
del matrimonio los primeros días,
entre besos mentidos y falaces
preludio de futuras agonías,
y mientras tú en sus brazos te deshaces
de deleite, de amor y de alegrías,
ella sueña en parirte cada año
un muchacho, bien tuyo o de un extraño.

El Canto III, a "La viuda":

Sufra y padezca, y si en la noche oscura
siente un calor voraz e inusitado,
si no encuentra un mortal en su amargura
que la conduzca a su anterior estado,
si halla sólo su dicha y su ventura
en un hombre de pija bien dotado,
consoladores hay en este suelo
que a la que ayuna prestarán consuelo.

El Canto IV, a "La monja":

Y aquel que es el mejor de los teólogos,
quitándose el manteo y adminículos,
saca el hisopo con los dos homólogos,
que en lenguaje vulgar son los testículos,
y así como prescriben los fisiólogos,
sin cumplimientos torpes ni ridículos,
la tripa con sus órganos simpáticos
le llena de animales espermáticos.

Y el Canto IV, a "La mujer pública", única a la que reconoce méritos:

Y yo os digo, por más que os cause enojo,
que son tan necesarios los zorrones
como es la luz del sol a vuestros ojos,
el pan al cuerpo, el aire a los pulmones.
Pues si tenemos de joder antojos
y se llenan de leche los cojones,
y ellas no están, ¿en dónde, por mi vida,
nuestros carajos hallarán cabida?

Contenido blasfemo

La más sobresaliente de las composiciones recopiladas por Cascales Muñoz, y la que es más razonable atribuir a Espronceda por las afinidades que tiene con su estilo poético, es "La Creación", aunque el antólogo rechace esa autoría por su contenido blasfemo. Comienza así:

¡Genios de la jodienda bienhechora,
Espíritus sin fin de la impureza
Que al coño de la virgen dais ardores
Y al carajo del hombre fortaleza!
Sueños del adulterio protectores,
Vértigos que turbáis nuestras cabezas,
A todos os invoco y os alabo
Con la conciencia limpia y sucio el nabo.
Vamos a abrir al mundo en que vivimos
La peregrina crónica secreta,
Y los santos misterios que leímos
A trocar en cuestiones de bragueta.
Vamos a revelar lo que aprendimos
En nuestra alegre juventud inquieta,
Y a dar a la ficción y al disimulo,
A fuer de caballeros, por el culo.

Los protagonistas del Canto I son los dos únicos e inocentes habitantes del paraíso:

Jamás con vista fija
De Eva buscaba Adán las perfecciones
Ni ella miró su pija,
Que altiva se sentaba en sus cojones;
Sólo adornos ridículos
Llamaban a la raja y los testículos.

¡Dichosa edad! ¡Dichosa
Inocencia feliz! Tus goces bellos
Nos brindan deliciosa
La calma que respiran todos ellos;
Mas ¡ay!, que al fin perdida
Nos mostró los abismos de la vida.

¿Por qué los dos jodieron?
¿Por qué la puta de la vil serpiente
Las almas inflamó? Placer sintieron
Y en su entusiasmo ardiente
Tanto les deleitó la putería
Que pasaban jodiendo todo el día.

Dios, "con furia insana", pronuncia su sentencia contra los transgresores. En el Canto II, el poeta, después de pasar revista a los excesos sexuales de los descendientes de la primera pareja y a los altibajos de la creación, nos deja su testamento cachondo:

Creo inútil decir para consuelo
Que mientras llega tan fatal instante,
Si alguna joder quiere, pelo a pelo,
Puede en señal de reto echarme el guante;
Que yo, que por mirar no me desvelo
Lo que ha de suceder en adelante,
Quiero morir jodiendo por sorpresa
Y que me entierren con la picha tiesa.

Cascales Muñoz atribuyó a otros autores las poesías pornográficas de Espronceda que descubrió en el Cancionero de obras alegres impreso en Londres por W. H. Spirrtual (1875), que ya era de público conocimiento, porque deseaba conservar libre de mácula el nombre del autor que tanto admiraba. Eran otros tiempos. Tras su transcripción en Poesía licenciosa de José de Espronceda (Visor, 2011), se multiplicaron los estudios críticos que tienden a confirmar la autoría de los principales poemas, en solitario o a cuatro manos. Por ejemplo, Luis Antonio de Villena, opinó ("Espronceda, pornógrafo", El Mundo, 4/11/2011): "Una joyita divertida y lúbrica, que muestra la cara desenfadada del Romanticismo en su procacidad (…) hay mucho de esproncedismo en el tono general y la métrica neoclásica". Y Juan Carlos Sierra no titubeó en definir a Espronceda ("José de Espronceda, pornográfico y misógino", Blog Estado Crítico, 15/12/2011) como "deslenguado, blasfemo, soez, escatológico, pornográfico y fieramente misógino". Los esfuerzos de Muñoz Cascales por ocultar las facetas libertinas del poeta romántico fueron vanos.

Dos hermanos iconoclastas

Si la autoría de los poemas escabrosos atribuidos a José de Espronceda se prestó a controversias, no sucede lo mismo con las acuarelas pornográficas que Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) y su hermano Valeriano (1834-1870) firmaron con el seudónimo "Sem", que en dos oportunidades se transformó en "Semen", y que fueron agrupadas bajo el título de Los Borbones en pelota. Los estudios eruditos de Robert Pageart, Lee Fontanella y María Dolores Cabra Loredo que preceden a la edición de dichas acuarelas (Compañía Literaria, Madrid, 1996) disipan las dudas que otros investigadores intentaron proyectar sobre su autoría. Cuanto más, se reconoce la intervención de otra mano, la del artista Francisco Ortego Vereda, en la confección de estas obras.

Las 84 acuarelas que componen la colección se encuentran depositadas en la sección de Bellas Artes de la Biblioteca Nacional de Madrid, adonde llegaron en dos portafolios rotulados "serie político-satírica" y "serie político-satírica-escandalosa" respectivamente. Los personajes principales de la serie escandalosa son: la reina Isabel II; el rey consorte Francisco de Asís, casi siempre adornado con una monumental cornamenta; el amante favorito de la reina, Carlos Marfori y Callejas, sobrino de Ramón María Narváez; el padre Antonio María Claret, confesor de la reina; la milagrera sor Patrocinio, apodada la Monja de las Llagas; el primer ministro Luis González Bravo; el papa Pío IX; y una numerosa galería de políticos influyentes.

Lee Fontanella hace un balance elocuente:

Casi el 50 % de las acuarelas representan a la reina [Isabel II], lujuriosa casi siempre y en actos de libertinaje. En una de las más mordaces ella copula con un pollino en las caballerizas. (…) Francisco de Asís, rey consorte, es representado en un 30 %. En dos tercios de estas se le presenta extraordinariamente cornudo (…) sodomizado por el padre Claret; intentando castrarse en el fondo de una de las acuarelas y esperando a que la reina termine con otros favoritos que en cola esperan ansiosos. (…) Carlos Marfori y Calleja (…) figura en un 27 %, casi siempre como amante de Isabel II. La sexta parte presenta a un [ministro] González Bravo lujurioso. (…) Otra sexta parte pinta la figura de sor Patrocinio, en varias posturas y relaciones, incluso la del lesbianismo con la reina. Aparece la mayoría de las veces con Claret, otras con el rey consorte. En una ocasión aparece emparejada con González Bravo, en otra con Marfori. (…) No menos de un 25 % pintan al padre Antonio María Claret y Calvá (…) involucrado en cópula o alguna aberración sexual en palacio.

Por cierto, abundan las acuarelas que satirizan a personajes políticos de la época, sin connotaciones sexuales, y muchos críticos se sorprendieron al comprobar que Gustavo Adolfo Bécquer se encarnizaba con el ministro González Bravo y con Ramón María Narváez, que fueron sus protectores y lo designaron para cargos públicos, incluido, paradójicamente, ¡el de censor de libros!

Versos vitriólicos

Si bien quien pintó la mayoría de las acuarelas fue Valeriano Bécquer, tal vez con la intervención ocasional de Francisco Ortego Vereda, Gustavo Adolfo Bécquer también colaboró en su confección, y todo hace suponer que fue el autor de los versos vitriólicos que las acompañan. Por ejemplo, la acuarela que muestra a la reina fornicando con un asno lleva como pie:

Por probar de todo…
de tirarse un pollino encontró el modo.

Cuando el favorito Marfori aparece sentado en el trono, con la reina empalada sobre sus rodillas y empuñando el pene de su primer ministro Luis González Bravo, el pie reza:

Sentada está en su poltrona,
con chulo, cetro y corona.

Otras ilustraciones: Marfori está en el lecho con la reina en sus brazos, mientras Pío IX, flanqueado por Luis González Bravo y el rey consorte, derrama incienso sobre la pareja. El pie reza:

Pío nono, agradecido, a los dones de Isabel,
la da bula para que pueda joder,

Marfori tiene el pene erguido frente a la vulva de Isabel II desnuda, y esta recita, parafraseando los versos del Tenorio:

¡Carlos, Carlos, yo lo espero
de tu hidalgo corazón
mételo sin dilación
que yo por joder me muero!

(El texto del Tenorio reza: "¡Don Juan! ¡Don Juan! Yo lo imploro / de tu hidalga compasión / o arráncame el corazón, / o ámame, porque te adoro.)

Una escena de lesbianismo entre Isabel II y sor Patrocinio, la monja de las llagas. Al pie se lee:

¿Quién quiere sebo?

Por último, es importante destacar que, como señala el estudioso Jean-Louis Guereña, "es durante el sexenio democrático (1868-1874, después de la revolución que puso fin a la monarquía de Isabel II) cuando parece comenzar una producción de obras eróticas -de textos o imágenes- gracias al debilitamiento, por no decir la desaparición temporaria, de la censura de impresos y de sus oficinas". Aquellos fueron los años en que los hermanos Bécquer, que habrían de fallecer con tres meses de diferencia en 1870, pintaron sus acuarelas, en las que corporizaron una actitud inconformista que ya se había vislumbrado en sus ilustraciones para la revista Gil Blas, firmadas también con el seudónimo "Sem".

En su estudio preliminar a la edición de 1996 de Los Borbones en pelota, María Dolores Cabra Loredo informa que el seudónimo "Sem" era compartido por una "orquesta" de ilustradores, entre los que sobresalían los hermanos Bécquer, y afirma que "las acuarelas tienen algo de terrible, una oscuridad guardada en el alma, un veneno del que el ser humano debe liberarse si no quiere caer en la sinrazón. El hecho es que poseer la facultad de poder expresarse ante otros significa deshacerse de esa comezón que amenaza al espíritu. Los directores de la orquesta Sem y sus más fieles intérpretes pudieron plasmar aquellas imágenes y liberarse de los demonios encendidos que llevaban dentro".

En cuanto a las fuentes de inspiración artística de los acuarelistas, el mismo estudio revela gráficamente las similitudes que existían entre sus obras y algunos grabados franceses licenciosos de los siglos XVII y XVIII, y también con las primeras fotografías pornográficas del siglo XIX.

Mortífero volksgeist nacionalista

A primera vista, no hay nada más inverosímil que la presunción de que los románticos pudieron ser creadores de pornografía: dos mundos emocional y estéticamente antagónicos. Entre los que, sin embargo, existe un vínculo: la rebelión contra las normas convencionales. Lo explica Luis Antonio de Villena en su artículo arriba citado:

Sabemos de antiguo que a muchos de nuestros románticos (en su mayoría inconformes y rebeldes como marcaba la hora) les gustó ir contra la censura y contra la moralina dominante, escribiendo -en broma, para solaz, por cachondeo, para escandalizar- poemas eróticos (o mejor pornográficos) que circulaban anónimos, clandestinos y con fechas falsas.

Hoy los continuadores de aquellos románticos marchan por otros derroteros. Lamentablemente, en lugar de abrazar la vertiente estética del romanticismo que se manifiesta en el libertinaje desprejuiciado, abrazan su vertiente política que degenera en el irracionalismo del mortífero volksgeist nacionalista, huevo de la serpiente nazi y de sus clones.

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