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¿Qué hacer?

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Saber que luchamos por la libertad para forjar nuestra vida de acuerdo con nuestras propias ideas es mucho, pero no bastante. No es suficiente para darnos las firmes creencias necesarias para luchar contra un enemigo que usa la propaganda como una de sus armas principales, no sólo en sus formas más ruidosas sino también en las más sutiles (Camino de servidumbre. Friedrich von Hayek)

Cada uno de nosotros lleva sobre sus espaldas el peso de parte de la sociedad, y nadie ha sido dispensado de su responsabilidad por los demás; nadie puede hallar una vía de escape para sí mismo si la sociedad se ve arrastrada a la destrucción.

Por consiguiente cada uno, por su propio interés, debe participar vigorosamente en la batalla intelectual.

Nadie puede permanecer indiferente; del resultado de esa lucha dependen los intereses de todos. (Ludwig von Mises)

El 25 de mayo de 2014 se celebraron elecciones al Parlamento Europeo. Los resultados fueron una auténtica sorpresa. Podemos, un partido casi desconocido, obtenía 1.245.948 votos (el 8% de total), y cinco escaños en el Parlamento.

Podemos había sido registrado como partido dos meses antes de las elecciones, exactamente el 11 de marzo de 2014. Muy poco antes de cerrarse el plazo para presentar las candidaturas, sus dirigentes habían decidido cambiar el logo de las papeletas por la imagen de su líder, Pablo Iglesias, para la mayoría un desconocido y, para unos pocos, ese profesor de la coleta que salía en la televisión.

El éxito de Podemos desató la curiosidad de los medios de comunicación y la alarma en los dos grandes partidos que se habían alternado en el poder desde la Transición. En los estantes de las librerías comenzaron a aparecer publicaciones sobre el nuevo partido que pretendían dar respuesta a las preguntas que esos días se hacían muchos españoles: ¿Quiénes son? ¿De dónde salen? ¿Qué proponen?

Poco a poco fuimos conociendo sus orígenes. Supimos que los líderes de Podemos eran profesores marxistas que llevaban mucho tiempo haciendo proselitismo en las aulas universitarias. Se supo también que habían sido asesorados, o eran asesores, de los líderes populistas de Venezuela, que tenían conexiones con el partido Syriza de Grecia y que habían preparado su salto a la política desde las televisiones y, sobre todo, a través de las redes sociales.

El PP, que dos años y medio antes había ganado las elecciones con un apoyo del 44,6% de la población, pensaba, o quería pensar, que aquello había sido excepcional, que la gente en las europeas no votaba como en las generales, que la trayectoria de Podemos sería tan corta que no llegarían vivos a las elecciones autonómicas de la siguiente primavera. Sin embargo, no solo llegaron vivos, sino que en junio de 2015 se hicieron con el gobierno de los Ayuntamientos de cinco de las grandes capitales españolas, Madrid, Barcelona, Valencia, Cádiz y La Coruña. Su triunfo se debió, en gran parte, a la habilidad de Pablo Iglesias para reunir pequeños partidos y colectivos con mensajes políticos diferentes pero con una base ideológica común. Todos ellos se declaraban anticapitalistas y anti neoliberales.

Muchos de esos colectivos se habían formado en las asambleas y manifestaciones del movimiento 15M que surgió tras la acampada de la Puerta del Sol de Madrid en mayo de 2011. Los llamados "indignados" del 15M clamaban contra la corrupción de "la casta", el sistema financiero ("los bancos nos roban") y los recortes en el gasto público y exigían una nueva forma de democracia ("¡Democracia real ya!").

Tras su fracaso en las elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015 en las que Podemos, que se presentaba como CatSIqueesPot, no llegó al 9% de los votos, parecía que Pablo Iglesias perdía fuerza y que en las generales no iba a suponer un peligro tan grande como se temía desde los dos grandes partidos. Sin embargo, las elecciones del 20 de diciembre de ese mismo año resultaron de nuevo una sorpresa. Podemos, con el 20,7% de los votos (5.189.463), obtuvo 69 escaños en el Parlamento y se convirtió en la tercera fuerza política en España.

El PP había ganado las elecciones pero no consiguió una mayoría suficiente y, ante la imposibilidad de investir a un candidato como presidente del gobierno, seis meses más tarde, el 26J, hubo que volver a las urnas. Pablo Iglesias decidió repetir la estrategia de sumar voluntades, que tan buen resultado le había dado en ciudades como Madrid y Barcelona, y se presentó en alianza con la Izquierda Unida de Alberto Garzón, que el 20D, con el nombre de Unidad Popular en Común, había obtenido 923.133 votos.

Tanto los de Iglesias como los de Garzón debieron pensar que aunque se perdieran algunos electores no sería difícil superar los 5,5 millones de votos que había obtenido el PSOE. Pablo Iglesias, a pesar de que su fe en el determinismo histórico le había hecho creerse que había llegado su hora de tomar al asalto los cielos del poder, sufrió un gran batacazo electoral. No solo no sumó uno solo de los votos de Alberto Garzón sino que perdió parte de los suyos. El 26 de junio de 2016, la alianza de Iglesias y Garzón obtuvo 5.049.734 de votos, casi 140.00 menos de los que Iglesias había conseguido en solitario seis meses antes. A pesar de que era evidente que la alianza con el viejo comunismo de Anguita le había pasado factura, Pablo Iglesias, en el más puro estilo leninista, en la primera reunión que tuvo con la directiva de su partido para analizar sus malos resultados, dejó claro que sobre esa alianza no estaba dispuesto a aceptar crítica alguna.

En mayo de 2012, en un debate de La Tuerca, Pablo Iglesias llamaba a los suyos a la "prudencia", a no mostrar sus cartas antes de tiempo, a ocultar sus intenciones para ganar partidarios. Tened en cuenta, les decía, que Lenin en 1917 no dijo "comunismo", dijo "paz y pan", porque si bien es cierto que "hay que desnudarse para follar, para ligar hay que vestirse". Si no ha olvidado lo que dijo entonces, Pablo Iglesias debe de ser consciente de que ha metido la pata desnudándose demasiado pronto. Se había creído que el pueblo ya estaba preparado para aceptar la verdad. Y esa verdad, como dijo Anguita, es que el partido Unidos Podemos es el nuevo comunismo, el comunismo del siglo XXI, pero, sin duda, el comunismo de siempre.

Tras el batacazo de Pablo Iglesias ya se empieza a oír que Podemos ha tocado techo y que empieza su declive político. No se puede ser demasiado optimista. Gracias a las explicaciones dadas por Anguita, todo el mundo ha podido enterarse de que Pablo Iglesias es tan socialdemócrata como decía serlo Lenin pero, aun así, Podemos sigue teniendo cinco millones de votos.

Por otra parte, no sabemos dónde ha ido el millón de votos que Iglesias pensaba sumar con su nuevo socio ni mucho menos dónde iría en el caso de que hubiera unas terceras elecciones. Desde luego no ha sido al PSOE ni tampoco a Ciudadanos, pues ambos partidos han visto reducido su electorado. Si se comparan los números de votos obtenidos en ambos procesos electorales se observa que casi un millón de votos de la izquierda ha desaparecido1.

Para Pablo Iglesias la política es un "juego de tronos". Se marcó un primer objetivo, ser la única izquierda a la izquierda del PSOE, y ya lo ha conseguido. El paso siguiente era sustituir al PSOE como "casa común de la izquierda". Su error ha sido querer juntar esos dos pasos en uno. Como en el juego del escondite inglés, en las batallas políticas, si das un paso demasiado grande y te pillan, has de volver al punto de partida y empezar de nuevo el camino hacia la meta. Sencillamente el problema de Iglesias es que ha descubierto sus cartas demasiado pronto y mucha de esa gente que él creía suya le ha pillado la trampa. Si no se aburre de jugar a las guerras, se replegará, buscará nuevos disfraces y volverá al ataque. La lucha por la hegemonía de esa nueva izquierda que representa Podemos no ha hecho más que comenzar.

Sobre Podemos, Carlos Rodríguez Braun escribió que detectar su "escalofriante totalitarismo" no necesitaba pesquisas detectivescas. Si Rodríguez Braun tuviera razón habría que pensar que hay cinco millones de españoles que o bien son demasiado ingenuos o bien no sienten escalofrío alguno ante la posibilidad de un gobierno totalitario. Y es que una de las cosas que el avance de Podemos ha puesto de manifiesto es la indefensión ideológica de los españoles ante un proyecto totalitario cuando este viene disfrazado de todo tipo de falacias y buenas intenciones.

El año próximo se cumplirá un siglo de la revolución bolchevique. El marxismo, cuya derrota celebramos quizás con excesiva ingenuidad el día que cayó el Muro de Berlín, y que había quedado reducido a una materia de investigación y estudio en algunas universidades, ha reaparecido en la escena política española y europea ante la sorpresa y la incredulidad de muchos ciudadanos.

Cuestiones que se daban por resueltas y debates que parecían zanjados están hoy sobre la mesa de las discusiones políticas. Cuando algunos pensábamos que la que llamamos democracia liberal estaba bien asentada y que serviría de modelo para los países de Europa del Este, hete aquí que el propio concepto de democracia está siendo cuestionado. Hoy el término democracia necesita calificativos. Hoy se habla de democracia liberal, representativa o parlamentaria, pero también se habla de democracia real, radical, participativa o directa.

¿Qué hacer?

La pregunta que se hizo Lenin hace más de cien años es hoy la que muchos nos planteamos ante esta confusión política que se ha creado y el miedo a que renazcan fantasmas del pasado. ¿Qué podemos hacer para combatir unas ideas que solo han llevado pobreza, esclavitud y desdicha allá donde se han aplicado? ¿Cómo se puede explicar a la gente que ese populismo de izquierdas que dicen defender los de Pablo Iglesias, ese socialismo del siglo XXI, es, sencillamente, una estrategia para resucitar políticamente la fracasada ideología marxista en el mundo de hoy?

Es un hecho que las ideas liberales no están de moda pero, aun así, no se puede dejar morir el tímido despertar de un pensamiento liberal que los totalitarismos del siglo XX habían enterrado. Como decía Hayek, no es suficiente saber que defendemos la libertad, hay que estar absolutamente convencidos de que luchamos por una causa que es justa y también "solidaria". En contra de lo que quieren hacer creer los anti liberales, nuestra defensa de la libertad individual nada tiene que ver con la postura egoísta de quien pretende vivir ajeno a los problemas de los demás; lo que los liberales defendemos es una organización social que permita a cada cual el mayor grado de libertad posible para hacer de su vida lo que quiera, que es cosa bien distinta.

Cuando las cosas se ponen difíciles, cuando parece que la sociedad camina hacia la destrucción, como decía von Mises, todos y cada uno de nosotros tenemos la obligación de participar en la batalla intelectual, por la sencilla razón de que el asunto no es solo de los políticos, de los periodistas o de los intelectuales, el asunto nos concierne a todos. Y dar la batalla intelectual significa leer, pensar, hablar, escribir, en definitiva, estudiar y trabajar para desenmascarar las falacias de unos optimistas sin escrúpulos, vendedores de sueños irrealizables, que pretenden construir un nuevo pueblo regenerando al hombre.

En el año 2007, diez años después de la publicación del Manual del perfecto idiota latinoamericano, sus autores, Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, escribieron El regreso del idiota. Dos libros imprescindibles para conocer el origen del populismo de América Latina. En ambos libros los autores incluían una relación de diez títulos con los que el lector podría reconocer y rebatir las tonterías del "perfecto idiota".

Pues bien, me voy a permitir copiar la idea de estos grandes conocedores de la política latinoamericana y magníficos escritores, y seleccionar diez títulos de entre los libros que, llevada del deseo de comprender qué es lo que realmente pretende la nueva izquierda podemita, he leído o revisado en los últimos meses.

Diez libros seleccionados

Podemos. Deconstruyendo a Pablo Iglesias, Construir pueblo y El engaño populista son tres libros actuales que hablan de Podemos, su ideología, sus objetivos y su estrategia política.

El manifiesto comunista de Marx y ¿Qué hacer? de Lenin son los "panfletos" más famosos del marxismo-leninismo, que, sin duda, han leído los dirigentes de Podemos.

Recuerdos de la Revolución de 1848, de Tocqueville, y La Ley, de Bastiat,son dos libros escritos en el mismo momento histórico que el Manifiesto de Marx y ofrecen una visión liberal de los problemas políticos que se plantearon en los meses anteriores y posteriores al estallido revolucionario del 23 de febrero de 1848 en Francia. Pablo Iglesias se ha referido muchas veces a este periodo de la historia.

Rebelión en la granja, de Orwell, y El regreso del idiota son una muestra de cómo, en todo tiempo, han existido autores dispuestos a dar la batalla intelectual contra los vendedores de peligrosas quimeras irrealizables.

El último de los libros seleccionados, El fin del Homo sovieticus, de Svetlana Alexiévich, es un documento escalofriante sobre lo que queda hoy del "hombre nuevo" creado por el régimen comunista en la Unión Soviética.

1. Podemos. Deconstruyendo a Pablo Iglesias
(John Müller y nueve autores más. Deusto, junio 2014)

Pocos días después de las elecciones europeas del 25 de mayo de 2014 se publicó este libro "de urgencia" en el que el periodista John Müller y nueve autores más trataron de dar respuesta a las preguntas que entonces se hicieron muchos ciudadanos: "¿Quiénes son? ¿Cuál es su historia? ¿Cuál es su ideología? ¿Qué se proponen? ¿Sus propuestas económicas son viables? ¿Qué relación tienen con el chavismo venezolano?"

El libro no intentaba ser un tratado sobre Podemos sino simplemente dar unas pinceladas de su historia, de su ideología y de su proyecto político. Leerlo hoy de nuevo, cuando Podemos se ha convertido en un partido realmente peligroso para nuestra democracia, permite recordar ciertos datos, como por ejemplo, las relaciones de sus dirigentes con el chavismo o el carácter ruinoso de sus propuestas económicas, de las que hoy los colaboradores de Pablo Iglesias evitan hablar.

2. Construir pueblo. Hegemonía y radicalización de la democracia
(Iñigo Errejón y Chantal Mouffe. Icaria, mayo 2015)

Se trata de un libro de conversaciones entre uno de los principales dirigentes de Podemos, Iñigo Errejón, y la viuda del gran defensor del populismo latinoamericano, Ernesto Laclau. Los autores hablan de Gramsci y su concepto de hegemonía, de las "identidades colectivas" como principio básico del populismo, de "radicalizar la democracia" y demás características ideológicas de lo que Hugo Chávez bautizó como "socialismo del siglo XXI".

Solo el título del libro, Construir pueblo, dice ya mucho sobre el carácter totalitario del proyecto político de Podemos. Cuando Pablo Iglesias hablaba de "asaltar el cielo", la mayoría entendió que quería tomar el poder por asalto. Eso es demasiado simple, los líderes de Podemos han llegado a la política con un propósito mucho más ambicioso. Están imbuidos de un espíritu redentor. No solo quieren cambiar la organización de la sociedad, quieren construir un pueblo, crear un hombre nuevo.

2. El engaño populista. Por qué se arruinan nuestros países y cómo rescatarlos.
(Axel Kaiser y Gloria Álvarez. Deusto, 2016)

En este libro dos jóvenes liberales, Gloria Álvarez y Axel Kaiser, ofrecen amplia información sobre los orígenes del populismo chavista y sus relaciones con cierta izquierda europea, explican con claridad por qué este populismo supone un peligro para las democracias liberales y dan algunas recetas para defenderse de sus trampas y engaños.

Según los autores, el origen del socialismo del siglo XXI hay que buscarlo en el Foro de Sao Paulo de 1990, celebrado poco después de la caída del Muro. Aquel encuentro reunió a gran número de partidos políticos y organizaciones de izquierda de Latinoamérica. Acabada la URSS, en el mundo occidental solo Cuba ofrecía un modelo en el que mirarse los partidos marxistas. El objetivo que entonces se propusieron los participantes en el Foro fue revivir el comunismo en América Latina y proyectarlo a Europa tras el fin de la guerra fría. Ocho años más tarde, Hugo Chávez se convertía en presidente de Venezuela.

Puede ser interesante seguir la pista a algunos de los europeos que, según los autores, influyeron en el presidente Chávez, como por ejemplo, Ignacio Ramonet, director de Le Monde diplomatique, el estadounidense Noam Chomsky o el español Juan Carlos Monedero.

(Una amplia reseña de este libro fue publicada en Libertad Digital).

3. El manifiesto comunista
(Karl Marx. Friedrich Engels. 1848)

En los años treinta del siglo XIX artesanos alemanes emigrados a Francia o a Inglaterra que se consideraban víctimas de la industrialización constituyeron una organización anticapitalista llamada La Liga de los Justos. La Liga tenía sus núcleos principales en Londres, París y Ginebra y su principal objetivo era el fin del dominio de la burguesía, la toma del poder por el proletariado, la liquidación de la vieja sociedad burguesa y la fundación de una nueva sociedad sin clases y sin propiedad privada.

Marx, que vivía exiliado en Bruselas, se incorporó a la Liga en 1846 poco antes de que ésta pasara a llamarse Liga Comunista. La situación social en Europa hacía prever un pronto estallido revolucionario. El comité de la Liga en Londres encargó a Marx y a Engels, considerados los teóricos del comunismo, la redacción de un panfleto anticapitalista que, a modo de manifiesto, debía ser traducido a varios idiomas y divulgado por las principales ciudades europeas. El 23 de febrero de 1848 estalló en Francia la revolución. El Manifiesto no llegó a tiempo. Dos días después del estallido de la Revolución fue publicado en Alemania.

El Manifiesto es el panfleto político de mayor éxito en la historia de la humanidad. En España, la primera edición fue una traducción del francés publicada en 1872. En la II República, entre 1935 y 1937, hubo quince ediciones del Manifiesto. Resultamuy notable que siga estando de actualidad. En la Feria del Libro de Madrid de 2012, el libro más vendido fue una edición ilustrada del Manifiesto Comunista.

4. ¿Qué hacer?
(Lenin. 1902)

El primer partido marxista ruso fue fundado en 1883 por Gueorgui Plejánov y un grupo de exiliados rusos en Europa Occidental con el objetivo de estudiar la posible aplicación en Rusia de las ideas de Marx. Ese grupo dio origen al Partido Obrero Social Demócrata Ruso (POSDR) que celebró su primer congreso en 1898.

Ante la diversidad ideológica que se había puesto de manifiesto en ese primer congreso, Lenin, que vivía entonces deportado en Siberia, concibió la idea de crear un periódico que fuera el órgano de transmisión del pensamiento socialista revolucionario ruso (es decir, del suyo propio) y que unificara los distintos grupos constituidos en otros países europeos. El periódico, con el nombre de Iskra (La Chispa), empezó a publicarse en 1900, cuando finalmente Lenin pudo reunirse con otros exiliados rusos en Europa.

La falta de repercusión de su revista llevó a Lenin a escribir, en forma de panfleto, ¿Qué hacer?, Problemas candentes de nuestro movimiento. El libro de Lenin se publicó en Stuttgart a finales de marzo de 1902.

Qué hacer, se preguntaba Lenin, para evitar las tentaciones burocráticas y pequeñoburguesas de algunos dirigentes socialdemócratas. Qué hacer para extender la conciencia política y revolucionaria a amplios sectores de la población. Qué hacer para crear un partido fuerte que diera respuesta a las inquietudes revolucionarias cada vez más extendidas en la sociedad rusa. Qué hacer para extenderse sin traicionar el espíritu revolucionario del movimiento.

Lenin lo tenía muy claro. No podía haber términos medios. La ideología o es burguesa o es socialista, y "todo lo que sea rebajar la ideología socialista, equivale a fortalecer la ideología burguesa". Lo que había que hacer era acabar con los disidentes y poner fin a la "crítica interna" que estos exigían. En 1903 se celebró el II Congreso del POSDR que terminó con la fractura entre partidarios y detractores de Lenin, fractura que generó la posterior escisión del partido en bolcheviques y mencheviques.

¿Qué hacer? es el más famoso panfleto político de Lenin. Sin duda lo conocen bien Pablo Iglesias y los demás dirigentes de Podemos y podrán sacar conclusiones sobre cómo ha de actuar el líder de un partido leninista cuando comienzan las críticas internas.

5. Recuerdos de la Revolución de 1848
(Alexis de Tocqueville)

Desde la revolución de julio de 1830, en la que Luis Felipe de Orleans sustituyó en el trono a Carlos X, y hasta la revolución de 1848, Francia fue una monarquía constitucional. En ese periodo, que se conoce como la monarquía de julio, Alexis de Tocqueville fue elegido tres veces diputado en la Asamblea Nacional, en 1839, en 1842 y en 1846.

A pesar de ser miembro de la Asamblea y de que en sus discursos parlamentarios acostumbraba a decir que un gran desastre se avecinaba, el 23 de febrero de 1848 el estallido de la revolución le pilló por sorpresa. Las revueltas callejeras de los tres días siguientes provocaron la abdicación del rey Luis Felipe y la proclamación de la II República. Tocqueville, según explica en su libro de recuerdos, decidió continuar en la política por puro sentido del deber. El 10 de diciembre de 1848 fue elegido Presidente de la República un sobrino de Napoleón, Luis Napoleón Bonaparte. El 2 de diciembre de 1851, Luis Napoleón dio un golpe de Estado para asumir nuevos poderes, y, un año más tarde, se hizo coronar Emperador dando fin a la Segunda República Francesa. Tocqueville abandonó entonces definitivamente la vida política.

En marzo de 1850 Tocqueville cayó enfermo, era el primer episodio de la tuberculosis que unos años después, en 1859, acabaría con su vida. Para reestablecerse de la enfermedad se retiró a su propiedad de Tocqueville y comenzó a escribir los recuerdos de su vida parlamentaria en los meses previos y posteriores al estallido revolucionario del 48. Unos recuerdos que, aunque nunca pensó publicar, salieron a la luz en 1893.

Tocqueville aprovecha la narración minuciosa de su vida parlamentaria para mostrar su pensamiento político y reflexionar sobre sí mismo, las gentes que le rodeaban y los acontecimientos de aquellos meses. Las reflexiones de uno delos grandes ideólogos del liberalismo sobre una revolución que estalló en Francia pero que pronto se extendería a una buena parte de Europa son sin duda una fuente fructífera de ideas para combatir las intenciones revolucionarias de Podemos.

6. La Ley
(Frédéric Bastiat. 1850)

Frédéric Bastiat (1801-1850) nació en Bayona en el seno de una familia de comerciantes acomodados. Huérfano desde los diez años, su delicada salud le impidió recibir una educación continuada. Su formación como economista fue más bien la de un autodidacta. Escribió varios ensayos en los que desarrolló un talento especial para desmitificar los sofismas económicos de los socialistas.

Bastiat fue diputado en la Asamblea Nacional en los primeros años de la Segunda República. En su actividad parlamentaria, frente a quienes propugnaban el contrato social y la planificación estatal como instrumentos para alcanzar el mayor bien común, defendió con entusiasmo el derecho a la vida, a la propiedad y a la libertad.

Su actividad como político y como escritor fue muy breve pues murió víctima de la tuberculosis en 1850. Unos meses antes se había publicado el más famoso de sus ensayos, La Ley. Bastiat fue muy conocido en España en los años cincuenta y sesenta del siglo XIX. Echegaray hablaba en sus memorias del libro de Bastiat, Armonías económicas, como uno de los más leídos entonces por los economistas españoles defensores del libre cambio.

Sobre las leyes, Bastiat decía que debían servir para proteger los derechos naturales de los individuos (la vida, la propiedad y la libertad) y no para crear constantemente nuevos derechos, como, según él, hacían los socialistas. En La Ley Bastiat ataca a los socialistas porque confunden el gobierno con la sociedad:

Por eso cada vez que nos oponemos a que el gobierno haga una cosa, los socialistas piensan que no queremos que tal cosa se haga. Nosotros rechazamos la instrucción del Estado, y ellos dicen: no queréis la instrucción. Rechazamos una religión de Estado, y dicen: no queréis religión. Rechazamos la igualación por medio del Estado, dicen: no queréis la igualdad.

En círculos liberales se considera a Bastiat el mejor divulgador del liberalismo de todos los tiempos. Hayek dijo de él que solo la muerte le impidió llegar a ser un teórico de gran relieve. En "La Ley" el lector encontrará argumentos para desmontar muchas de las falacias que los socialistas (los de todos los partidos, como decía Hayek) continúan defendiendo hoy.

8. Rebelión en la granja
(George Orwell. 1945)

Orwell escribió este libroantes de que finalizara la Segunda Guerra Mundial. De forma novelada, Rebelión en la granja era una crítica tan inclemente de la revolución bolchevique y de su deriva estalinista que resultó demasiado incorrecta políticamente para ser bien recibida por los intelectuales británicos de aquellos años. De ahí que el libro fuera rechazado hasta por cuatro editoriales antes de ser publicado en agosto de 1945, con la guerra ya terminada.

En esta novela de Orwell, los animales de la granja de los Jones preparan una sublevación para expulsar a los dueños y hacerse con la propiedad. Una vez tomado el poder, los cerdos se hacen con el dominio de las bestias rebeldes y, poco a poco, van convirtiendo su revolución en un régimen totalitario.

En 1971, en los archivos de la editorial que publicó el libro, aparecieron unos papeles que se identificaron como un prólogo que Orwell había querido añadir pero que fue rechazado por la editorial. Aquel prólogo, Contra la libertad de prensa, es un ataque directo al "servilismo con el que la mayor parte de la intelligentsia británica se ha tragado y repetido los tópicos de la propaganda rusa desde 1941". A partir de 1971 todas las ediciones incluyeron este texto como prólogo.

Si la novela es una magnífica alegoría de cómo un utopía degenera en un régimen totalitario, el prólogo es quizás la mejor descripción que se ha hecho de la corrección política. Es decir, cómo en una sociedad libre acaba por imponerse un pensamiento único si la gente calla y la prensa se autocensura.

9. El regreso del idiota
(Plinio Apuleyo Mendoza. Carlos Alberto Montaner. Álvaro Vargas Llosa. 2007)

Los mismos autores del Manual del perfecto idiota latinoamericano, publicado en 1996, diez años después tomaron de nuevo la pluma para cargar contra la proliferación en el continente latinoamericano de una nueva generación de "idiotas" que han cambiado a Fidel por Chávez pero que siguen venerando al Che Guevara. Una generación que, según los autores, utiliza nuevos maquillajes pero que sigue repitiendo los mismos dogmas: los pobres lo son porque los ricos los explotan, el libre mercado es más peligroso que el terrorismo, el neoliberalismo es el lobo feroz, la globalización es la causa de la pobreza en el mundo mientras que el Estado representa el bien común y garantiza la justicia social. Dogmas que hoy, pasada otra década, no son solo epidemia en América Latina, lo son ya en todo el mundo occidental.

El libro termina con una lista de "diez libros que quitarán la idiotez": "Camino de servidumbre" de Friedrich von Hayek, "La sociedad abierta y sus enemigos" de Karl Popper, "La acción humana" de Ludwig von Mises, "El conocimiento inútil" de J. François Revel, "Libertad para elegir" de Milton Friedman, "El cero y el infinito" de Arthur Koestler, "Del buen salvaje al buen revolucionario" de Carlos Rangel, "El nacimiento del mundo occidental: una nueva historia económica" de Douglass North y Robert Paul Thomas, "Capital humano" de Gary Becker y "La rebelión de Atlas" de Ayn Rand. Libros que siguen siendo útiles para armarse ideológicamente contra los tópicos estúpidos que se escuchan a diario en España.

10. El fin del 'Homo sovieticus'
(Svetlana Alexiévich. Acantilado, 2014)

En este libro la escritora ucraniana, Premio Nobel de Literatura 2015, Svetlana Alexiévich, entrevista a decenas de habitantes de la antigua Unión Soviética que, años después de su disolución, intentan explicarse qué ha sido del hombre nuevo que nació, creció y vivió con y para el comunismo soviético. "El comunismo se propuso la insensatez de transformar al hombre ‘antiguo’, al viejo Adán. Y lo consiguió. Tal vez fuera su único logro. En setenta y pocos años, el laboratorio del marxismo-leninismo creó un singular tipo de hombre: el Homo sovieticus", nos dice la autora.

El libro lo forman más de seiscientas páginas en las que aparecen hombres y mujeres de distintas generaciones, víctimas unas y verdugos otras del terror estalinista, que habían vivido inconsciente y cómodamente en la esclavitud, y que, de la noche a la mañana, se encontraron con su propia conciencia, con la verdad sobre su pasado y con la obligación de organizar su futuro. Casi todas ellas recibieron con esperanza la noticia del fin del comunismo. Y cuando la libertad llegó, ¡qué desilusión!, resultó ser la rehabilitación de "los sueños pequeñoburgueses que nos habían enseñado a despreciar", resultó ser el amor al dinero, el consumo, el capitalismo.

Eran muchos los que ansiaban la desclasificación de los archivos, pero, cuando los periódicos empezaron a publicar su contenido, el horror, la vergüenza y el sentimiento de culpa se apoderaron de ellos, y, entonces, desearon haber mantenido eternamente su inocencia.

Muchos vieron en la verdad a un enemigo. Lo mismo que hicieron después con la libertad. (…) Nos parecía que la libertad era algo sencillo. Pero no pasaría mucho tiempo antes de que nos abrumara su peso, porque nadie nos había enseñado a vivir en libertad. Solo nos habían enseñado a morir por ella.

Dos generaciones, la de quienes han nacido en la extinta Unión Soviética y la de sus hijos, contestan a la pregunta de Alexiévich ¿qué es para ti la libertad? Los más viejos responden que la libertad es la ausencia de miedo, mientras que, para los jóvenes, la libertad es disfrutar de una vida normal. Para la nueva generación, dice Alexiévich, "la libertad es llevar una vida en la que uno no tenga que preocuparse por la libertad. La libertad es normalidad".

No es posible que este libro deje impasible a nadie. No es posible que nadie, después de leer el testimonio directo de tantas personas cuyas vidas han sido destrozadas para siempre, siga escuchando a los vendedores de utopías, a quienes llegan a la política con discursos redentores, con promesas irrealizables, con la intención de cambiar el mundo, de crear un hombre y pueblo nuevo.


1 Número de votos

Elecciones

PP

Cs

PSOE

Podemos

IU

2015 (20D)

7.215.530

3.500.446

5.530.693

5.189.333

923.105

2016 (26J)

7.906.185

3.123.769

5.424.709

Unidos Podemos

5.049.734

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