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Copio el título de un libro del gran poeta belga Henri Michaux, aunque nada tenga que ver con George W. Bush, ni con el discurso esperanzador que acaba de pronunciar sobre “el estado de la Unión”. Vivimos en sociedades robotizadas en las que basta decir “Bush” para que la gente vomite, se desmaye o se ponga a disparar. Hay otros nombres y otras palabras que producen semejantes efectos: Sharon, Blair, Aznar; mundialización, capitalismo, liberalismo, nuclear y guerra, pongamos.

Pues echando un vistazo al “estado del mundo” actual, cualquier verdadero demócrata debe reconocer que menos mal que Bush existe, y más generalmente los USA, porque si no las cosas irían aún peor. Mucho peor. Trataré brevemente de dos problemas candentes, empezando por el de Irak. ¿Qué no se habrá dicho sobre la agresión imperialista yanqui contra un país inocente y pacífico y su bondadoso padrecito de los pueblos, tan parecido a Fidel Castro que hasta se ha dejado crecer la barba?

La traición de parte importante de Europa: gobiernos, medios, opinión pública, más “muniquesa” que nunca, ha intentado convertir el vicio en virtud, y el oportunismo cobarde en defensa de la paz. Y como los USA, pese a todas las dificultades, que son muchas y sangrientas, se han empecinado en proseguir por la senda establecida desde el comienzo: intervención militar, victoria, reconstrucción económica y democratización del país, retirada de las tropas aliadas, sus adversarios, negando esta realidad, se han limitado a jalear las dificultades, a aplaudir a los “resistentes”, los “insurgentes”, evitando siempre nombrarles por lo que son: terroristas.

Y no sólo se han mofado de las elecciones, sino que las han considerado peligrosísimas y hasta ¡antidemocráticas! Pues gracias a los propios iraquíes, desde luego, pero también al apoyo fundamental de los USA dichas elecciones, teniendo en cuenta las circunstancias, han tenido lugar, y constituyen un éxito para la democracia y para la política norteamericana. ¿Existe una acción más totalitaria y antidemocrática que la de intentar impedir el desarrollo de unas elecciones mediante el terror? Desde luego que no.

Pero para la prensa progre, El País, Le Monde, etcétera, esas acciones terroristas no fueron sino acciones de resistencia contra la ocupación . Muchos, y de lo más sesudo, declararon que la guerra contra el terrorismo no pasaba por Irak, y esto, que siempre fue falso, se ha convertido en broma pesada, porque el terrorismo islámico internacional ha concentrado en Irak sus tropas, y una victoria aliada definitiva en Irak sería una gran derrota para la internacional del crimen islámico.

Cada día me siento más orgulloso por haber escrito, para Libertad Digital, mi artículo titulado ‘¡Shalom, Sharon!’, pero ciertos amigos llegaron a preguntarme si, después del hígado, el corazón, la vista y el páncreas, no habría enfermado mi cerebro. Y mis enemigos lo resumían con un: “¡Cada día más facha!”. Tan cierto es que, aparte nuestro puñado de justos, en España y en el extranjero, Sharon aparece como el arquetipo del “monstruo criminal”. Los autoproclamados amigos de Israel, como Vargas Llosa o Edgar Morin (son muchos más), tratan a Sharon de “peor enemigo de Israel”, y a su Gobierno de energúmeno, cuando no sencillamente de criminales. Muchos en los salones de la izquierda manufacturada y manicurada suspiraban: “Ay, si gobernaran los laboristas, otro gallo nos cantara...”, sin tener para nada en cuenta la historia reciente de Israel, cuando laboristas en el poder también guerreaban y se defendían militarmente contra las agresiones árabes y el terrorismo palestino.

Pues bien, Simón Peres, político tolerado por nuestros intransigentes “amigos de Israel”, se ha convertido en el número dos del Gobierno de unidad nacional organizado por el “energúmeno” de Sharon, y los “criminales de guerra” israelíes se disponen a negociar ¡una vez más! con la Autoridad palestina. No se les cae la cara de vergüenza; incluso proclaman que Sharon “se ha visto obligado a...” No será por los artículos de los ya citados, ni por los de Carlos Fuentes o José Saramago y demás mequetrefes.

Dos hechos, entre otros, han contado en esta evolución: la retirada de Gaza, decidida por Sharon pese a una fuerte oposición en su propio partido, el Likud, y la muerte de Arafat. La retirada de Gaza, que inquieta, duele, indigna a los “colonos” instalados allí desde hace años, no constituye, a todas luces, un acto de guerra, sino de paz; y si Sharon, no encontrando suficientes apoyos en su propio campo, para lograr lo que considera justo y necesario se ha aliado con los laboristas para lograrlo, esto demuestra habilidad política, y no fanatismo.

La muerte de Arafat y los cambios producidos, con la elección de Abbas al frente de la OLP y de la Autoridad palestina, han despertado grandes ilusiones por doquier. Tal vez demasiadas. Debo reconocer, sin embargo, que el nuevo presidente palestino no se ha limitado a los discursos, sino que ha enviado tropas, en principio afines, para limitar y, en la medida de lo posible, evitar los ataques terroristas contra Israel, punto clave de una negociación positiva. Lo que ha logrado en este sentido, aunque sea poco, rompe significativamente con la política de Arafat. Eso no quita que Hamas, la Yihad Islámica y otros grupos terroristas palestinos, subvencionados por la UE y por varios países árabes, aún no se han desarmado, aún no han aceptado la paz, y no es nada seguro que Abbas pueda con ellos.

Para activar nuestra misericordia los altavoces de la progresía claman que el pueblo palestino vive miserablemente. Es posible, pero ¿no se han fijado que todos, hasta los niños, van armados, y saben lo que cuestan dichas armas? Claro que no las pagan los niños, ni siquiera sus padres; las pagan la Comisión europea, cuando la presidía Romano Prodi, los gobiernos saudí, sirio, iraní, y bastantes más. ¿Van a abandonar su objetivo de destruir Israel y aceptar la paz? Lo dudo.

(4-II-05)

Número 23

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