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La Ilustración Liberal

El Once de Septiembre en Libertad Digital

España y el Once de Septiembre

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Enseñar la lección
Por Ignacio Villa

Nadie duda, a estas alturas, que los atentados vividos en los Estados Unidos marcan un antes y un después en la historia contemporánea. Un atentado que marcará el futuro en unas dimensiones todavía difíciles de calcular. Aunque, junto a estos análisis a largo plazo, surgen también otras cuestiones, más inmediatas, pero también importantes. Nos referimos a la colaboración internacional en la lucha contra el terrorismo. Los recientes atentados plantean, sin dilaciones, la necesidad de una cooperación internacional para luchar contra el terrorismo, que al fin y al cabo, es el mayor negocio sangriento de nuestro tiempo.

Todos los Gobiernos libres y democráticos han recibido un claro toque de atención para que se dejen de lado las medias tintas y las palabras poco claras. El terrorismo necesita una voluntad clara y eficaz de todos los países, no puede haber espacio para el doble lenguaje. Con este planteamiento, España está llamada a asumir un liderazgo internacional.

España es uno de los países democráticos que con más salvajismo ha sufrido y está sufriendo los golpes de los terroristas. Por ello, el Gobierno español deberá ser un punto de referencia para el resto de Europa, deberá ser un interlocutor claro de sus socios europeos. España, golpeada desde hace décadas por la banda terrorista ETA, deberá liderar en Europa la lucha contra el terrorismo internacional. España conoce bien la ambigüedad con la que en ocasiones se han portado los Gobiernos europeos con el terrorismo etarra.

No descubrimos nada si recordamos que no todos los miembros de la Unión Europea han sido claros con esta grave cuestión. Por lo tanto, ahora el Gobierno tiene la oportunidad de demostrar y recordar dónde está el camino y las señales para marcar el futuro. España conoce bien las soluciones: trabajar con una plena colaboración y con una nítida cooperación internacional. Esa es la solución. En definitiva, actuar con la coherencia que los principios democráticos exigen a los Gobiernos.

Con la Presidencia de la Unión Europea en puertas, nuestro país tiene una oportunidad única para protagonizar este liderazgo. España se convierte en el interlocutor más valido de Europa para coordinar y dirigir las bases de una verdadera estrategia que sirva para asentar una certera lucha contra el terrorismo internacional. España deberá enseñar la lección.


El enemigo en casa
Por Julia Escobar

La concentración en la Puerta del Sol ha sido una vergüenza. No sólo por la tibieza de las palabras oficiales de repulsa, sino por la escasa aunque mayoritariamente hostil respuesta popular: No sé cuántas personas estábamos allí concentradas, pero se podía circular perfectamente y había más gente en las calles comerciales aledañas que en la propia plaza y, lo que es peor, la mayoría no fue a solidarizarse con las víctimas, ni a llorarlas, sino a expresar su odio por las mismas y por el país que ha sufrido la primera agresión bélica de envergadura, realizada por ejército organizado de terroristas al servicio de ciertos regímenes de determinados países a los que no pueden servir a cara descubierta por razones obvias. Un ejército que lleva operando muchos años, para empezar en sus propios territorios y contra su propia gente, porque no hay que olvidar las miles de víctimas musulmanas de Argelia, Sudán, Egipto, Irán, Afganistán, Líbano y pare usted de contar.

Los kamikazes españoles que enarbolaban banderitas supuestamente de paz, algunos por la barbarie de la ignorancia y muchos a sabiendas y por pura maldad, están firmemente convencidos de que el verdadero culpable de todos esos atentados -incluidos los de las torres gemelas- es el presidente Bush, del mismo modo que están convencidos de que es el gobierno español, con su resistencia al "diálogo", el culpable de que ETA siga matando. Lo más indignante es que los que estábamos allí de buena fe hicimos el caldo gordo, con nuestra sola presencia, a esa gentuza que si no eran mayoría al menos se hacían más visibles por la perfecta organización de sus huestes que repartían carteles pacifistas como los perversos reparten caramelos en un parvulario; carteles que expresaban su repulsa a todo, menos a los atentados del martes 11, que se condolían de la posible guerra, pero no de los miles de muertos americanos, que hablaban de víctimas, pero no de las que habíamos ido a llorar.

Mentiría si dijera que todos se dejaron engañar: muchos protestaron por la presencia de esos talibanes con piel de oveja que predicaban la paz mundial, pero, como siempre ocurre en estos casos, ellos gritaban más fuerte. Unos pocos americanos miraban desolados a su alrededor; algunos se marcharon no sin haber preguntado si la manifestación era a favor o en contra y una joven pareja, de origen hispano, ocultaba atemorizada y al borde de las lágrimas, un cartel que rezaba más o menos así: "España llora a las víctimas del pueblo americano ". ¿España? Lo dudo.


Empezar por casa
Por Enrique de Diego

Dice Aznar que estamos ante el reto ineludible de defender los valores de la Libertad. Y dice bien. En Ceuta y Melilla no está sucediendo eso. La quema y los ataques a iglesias cristianas, así como la profanación del cementerio judío, han recibido la respuesta papanatas y postmoderna que es propia de la ideología barata del antioccidentalismo con complejos de culpa. Los medios de comunicación han minimizado la cuestión. Ni columnistas ni editorialistas han prestado la más mínima atención. No se han producido las condenas habituales de los partidos, y mucho menos se ha dejado ver esa catarata de siglas contrarias a la xenofobia y el racismo. A buen seguro, la respuesta hubiera sido distinta si los ataques hubieran sido contra mezquitas. Hay una doble vara de medir que demuestra la debilidad actual de la adhesión a los valores occidentales de libertad.

La Delegación del Gobierno ha hecho una interpretación minimalista, entre la gamberrada y el riesgo contra la convivencia, no en términos de delito o de terrorismo. La reunión con los ulemas o mulás de las mezquitas es para nota, pues resulta difícil entender la representatividad de tales señores en una democracia. No me imagino al Delegado de Madrid reuniéndose con los párrocos. Tal reunión es entender las cuestiones en términos de comunidades, y la idea occidental de libertad personal es contradictoria con la existencia de comunidades yuxtapuestas, encerradas en sí mismas.

Aznar está dispuesto a defender los valores de la Libertad en Afganistán, pero flaquea en casa, en Ceuta y Melilla, donde se viene actuando con las altas dosis de estupidez que presiden estas patrañas multiculturalistas de la postmodernidad. En Ceuta y Melilla está en riesgo la Libertad, como lo está en el País Vasco.

Número 10

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