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Con la verdad

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La otra tarde asistí a la presentación del libro de Federico Jiménez Losantos (FJL), en cuya portada se lee Con Aznar y contra Aznar y donde se reúnen algunos artículos y ensayos que el autor ha venido publicando desde 1987 hasta nuestros días. FJL en su libro hace crónica del devenir político de España de los últimos 15 años y la escribe con firme propósito de no mentir, con deliberada intención de contar las cosas como las ve y, a su juicio, son. Hoy no es fácil encontrar a quienes, con la pluma en la mano, cumplen con el deber de levantar acta del tiempo en que vivimos, sin desfigurar la verdad. Lo que se impone es barrerla y hasta enterrarla. La grandeza de quien escribe reside en no mojar la pluma en tinta de calamar y en negarse a aplaudir a los que, de un modo u otro, mandan.

En sus palabras de presentación, Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, afirmó que "sólo los lacayos o los sicarios están al 100% con un gobernante y al 100% contra los que se oponen a él". Esto me recuerda que en España hace tiempo que se piensa que a los intelectuales -incluyo a todos los que quieran ser incluidos en esta categoría- puede reducírseles al silencio, que es fácil implicarlos en el amoral tejemaneje de la política y que hasta los hay que pueden comprarse y venderse como mercancía de saldo.

FJL, en su libro, con los pies sobre la tierra, ve la situación actual con ojos amargos, escépticos, e ilusionados también. Al hacer cómputo de sus "pros y sus contras Aznar", se alarma ante la incomprensión de algunos y se sorprende ante el calificativo de imprudente e impolítica actitud. Y es que decir lo que uno piensa -más si se denuncia la verdad- fue siempre incorrecto e ingrato menester. Sin embargo, ¿qué otra cosa que poner el dedo en la llaga compete al intelectual?

Para el prudente Séneca, el hombre más poderoso es aquel que es dueño de sí mismo. El intelectual de cuerpo entero -sea del tipo que sea- no debe perseguir el poder, ni la gloria, ni el dinero; lo único que busca es no traicionar los inabdicables dictados de su conciencia. No hay intelectual -léase, escritor, profesor, juez, periodista, abogado- más comprometido que aquel que se jura fidelidad a sí mismo. La fidelidad al que nos paga, o al que nos amenaza, es un gesto que no merece mayor respeto que la obediencia del perrito manso y lametón. Afortunadamente, la historia, con su juicio final e implacable, sabe siempre distinguir al hombre serio, del pobre títere que pone su pluma y su palabra al servicio del mejor postor.

En el libro de FJL, que yo hubiera subtitulado "Las tripas de la política vistas al microscopio de la inteligencia" y cuya lectura recomiendo, se dicen cosas muy duras en contra de algunos políticos, circunstancia que, por la verdad que encierra, los lectores y también algunos políticos, agradecemos mientras un temblor nos recorre todo el cuerpo:

- ¿Es cierto que dice que como la cosa no cambie, al final todos comeremos en la mano del grupo Prisa?

- Sí; pero peor aún; dice que lo que el gran jefe de ese clan nos dará serán las sobras de la democracia.

En las palabras de presentación, FJL nos anticipó que el título de su libro asombraría a muchos y haría sonreír a muchos más. Yo creo que, lo mismo que no hay siglas gratuitas ni apellidos inocentes, tampoco hay títulos por casualidad y que, a poco que se escarbe, debajo del rótulo puede encontrarse la verdad. Con Aznar y contra Aznar es el acta notarial de un tiempo de esperanzas y frustraciones habitado por corazones ilusionados. Las páginas que FJL nos pone delante son aleccionadoras e ignoro si para espantarnos o para deleitarnos; quizá cumplan las dos funciones al mismo tiempo.

Como lector y oyente, creo que FJL es hombre capaz de dejarse la vida a cambio de un fajo de cuartillas o de un micrófono donde pueda contar, en absoluta libertad, su verdad, aunque a veces no sea más que una minúscula verdad. Ya lo decía Luis Herrero en la presentación del libro: "Federico es un periodista asilvestrado que gusta galopar por las praderas de la libertad". Eso es todo lo que le importa.

Por cierto. En el acto de presentación de libro fue llamativa la ausencia de políticos y altos cargos del gobierno, hecho que destacaron los presentadores y el autor del texto. A mí, ante esa circunstancia se me ocurre si acaso, en determinados trances, no es bueno huir de mucha compañía y buscar la soledad, con la familia y los amigos. A la cabeza me viene aquello que decía Miguel de Cervantes: "¡Venturoso aquél a quien el cielo da un pedazo de pan, sin que le quede la obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!" Como Miguel de Cervantes, Federico Jiménez Losantos también sabe que el poder casi siempre es triste.

Federico Jiménez Losantos Con Aznar y contra Aznar La Esfera de los Libros. 464 págs., 17 euros

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