Menú

La Ilustración Liberal

  • Sin Publicidad
  • Acceso a Ideas
  • La ilustración liberal
  • Eventos
El rincón de los serviles

Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón

4

Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, gárgola de la vieja derecha española y mascarón de popa del nuevo separatismo vasco, ha depositado en la sábana prisaica su tradicional deyección separatista. Que este granuja práctico de la teoría constitucional al contado se declare "españolista acérrimo" prueba que ni muerto de miedo baja los precios. Ni los morales del "Premio Sabino Arana", incompatibles con la higiene intelectual y con la españolidad más modesta, ni los materiales que sin duda merece y le procuran. Es cierto que hasta los sujetos más viles son capaces de superarse, pero que todo un ponente constitucional, aunque sea de alquiler, defienda el separatismo de Ibarreche y la ETA como absolutamente respetuoso con el espíritu y la letra de la Constitución Española va más allá de la capacidad venenosa del crótalo y de la doméstica víbora cornuda. Tergiversar tan abyectamente una Constitución y apuñalar tan cobardemente a una Nación por las que los mejores vascos y españoles están jugándose la vida diariamente, sufriendo el terror en sus familias o padeciendo en su trabajo la inquina de los amigotes de Miñón no es una vileza al alcance de cualquiera. Bien es cierto que el rencor del predecesor de Aznar en la Presidencia de AP tampoco es un rencor cualquiera. Es la quintaesencia de la bilis pasada por el filtro de la envidia y luego por el tamiz del odio. Este Rodríguez de invierno, este Herrero de palo, este Miñón, ayer presidente del partido de Miguel Angel Blanco, hoy sirviente del de sus verdugos, es lo más parecido a los traidores del Círculo de Cambridge que ha producido la derecha y la universidad españolas. Claro que de Philby y Blunt a Herrero y Tussellone hay no poca diferencia.

Que la Constitución defina a España como "patria común e indivisible de todos los españoles" debería ahorrarnos cualquier argumento contra la melopea miñonesca. Ninguna constitución del mundo prevé con deleite minucioso su trituración. Pero el argumentario, es decir, la deyección de Miñón no opera sobre la lógica, sino sobre el odio a lo nacional que lo rechazó como jefe político y la exaltación de la violencia separatista que amenaza destruirlo. Y pocas veces se ha pretendido fundamentar el derecho en la fuerza desnuda y criminal como en esta frase: "Guste o no, la fuerza normativa de los hechos exige para Euskadi una fórmula de autogobierno singular y diferente de la actual, que no tiene por qué ser la independencia estatal, y la cuestión consiste en si se conseguirá con España o contra España." ¡La fuerza normativa de los hechos! A la presión del terrorismo etarra y a la rebeldía del gobierno autónomo les llama Herrero simplemente "hechos" y a la anulación de las libertades individuales y a la persecución de los españoles por el hecho de serlo les confiera Miñón nada menos que una facultad "normativa". Pues si esa es la fuente de derecho para el ponente, está claro lo que propone a quienes no se rindan: "hechos" más severos y "normativa" más apabullante. "Guste o no guste", dice este barbián del derecho retorcido. Querrá decir "legal o ilegal", puesto que en la fuerza deposita su esperanza. Y puede ahorrarnos esa hipocresía abyecta, ese viscoso subterfugio de "no tiene por qué ser la independencia estatal". ¡Para eso lo convoca Ibarreche! ¡Para reforzar España! ¡Farsante de Miñón!

La forma más triste de combatir el terror es lanzarse de cabeza a defenderlo, buscando el perdón de los criminales. Eso explica la última deyección de Miñón, a ver si se dan cuenta los enemigos de España de que Miguel Herrero, aunque sarcásticamente se titula "españolista acérrimo", es muy poco lo segundo y absolutamente nada lo primero. Pero esta filosofía nazi del Derecho, esta apología de la "normativa de los hechos" sin duda hace honor a todo un Premio Sabino Arana. Ahora, en compañía de Tussellone y Mayor Zaragoza, el Trío Calaveras de la Sabin Etxea está en condiciones de hacerse con el Premio Internacional de Derecho Ubu Amin Dadá. No merecen menos estas gárgolas.


Sobre el plan de Ibarretxe
Miguel Herrero de Miñón

El País, 3 de octubre de 2002

El diálogo tiene un requisito previo indispensable: tomar en el mejor de los sentidos la proposición del otro. En ello consiste la regla ignaciana en la que Laín insistiera a la hora de propugnar la pedagogía de la comprensión de la que España anda, aún, tan necesitada, y el escándalo que ha suscitado la reciente declaración del lehendakari Ibarretxe es buena muestra de ello. Porque, en efecto, puede estarse en total desacuerdo con el programa en ella contenido (solamente los dictadores de vocación anatematizan toda discrepancia); pero no es legítimo descalificarla desde el inicio, en nombre de aquello que debiera amparar, tanto la posición del lehendakari como la de sus adversarios, y que aquél asume como fundamento de su declaración: el propio bloque de constitucionalidad.

La reacción de numerosos políticos y analistas llueve sobre mojado. Cuando en la pasada primavera las instituciones vascas se pronunciaron por la unilateralidad en la asunción de competencias y la superación del Estatuto se las acusó de romper con la legalidad; pero cuando, semanas después, se anunció que todo ello se sujetaría a los cauces legalmente previstos, los mismos acusadores tildaron tal actitud de cobarde retirada. El castizo 'se la ha envainado' fue la respuesta a una posible vía de entendimiento, coincidiendo así quienes invocan todo el día el consenso constitucional con los radicales de HB. ¿Participan, acaso, ambos de la estrategia, creo que leninista, de cuanto peor mejor?

Ahora Ibarretxe, alejándose de anteriores exabruptos y truculencias de su propio partido —lo cual no es fácil, como debiera saber todo el que milite o haya militado en un partido—, inicia una nueva andadura que, cualquiera que sea su intención final, se muestra respetuosa con la letra y el espíritu de la Constitución y del Estatuto. Sin duda para reformarlos, al menos este último, algo perfectamente lícito, puesto que el Estatuto y la misma Constitución contienen cláusulas de revisión que legitiman cualquier proyecto de reforma que se atenga a ellas, por radical que éste fuera. Ni la Constitución ni el Estatuto, se ha dicho hasta la saciedad a la hora de alabarlos, son 'pétreos', sino totalmente reformables, porque ambos se dan en una sociedad abierta.

Que la propuesta del lehendakari respeta la letra de la Constitución es evidente, puesto que declara expresamente que 'atenderá a la vía procedimental contemplada en las normas estatutarias y constitucionales vigentes. En particular, en la Comunidad Autónoma Vasca se seguirá el procedimiento legal de reforma contemplado en el artículo 46 del actual Estatuto de Autonomía'. Y otro tanto puede decirse del espíritu de la Constitución, aparte de que todo positivista, ¿hay todavía juristas que no lo sean?, sabe que, en las normas, no hay otro espíritu que el espíritu de la letra. Lo demás son juicios de intenciones.

Pero vayamos más allá. Una Constitución democrática, como la nuestra felizmente es, se basa en ciertos presupuestos indispensables, sin los cuales la letra de la Constitución es un cascarón vacío y a los que la propuesta del Gobierno vasco se atiene expresamente. En primer lugar, la decisión democrática: 'El respeto' decía el lehendakari, 'a las decisiones de los ciudadanos y ciudadanas de los diferentes ámbitos jurídico-políticos en los que actualmente se articula' (...) 'atendiendo', repetía ellehendakari, 'a la mayoría democrática de la sociedad vasca'; 'sólo a las navarras y a los navarros les corresponde decidir su propio futuro', afirmaba a la hora de propugnar el establecimiento de vínculos entre Euskadi y Navarra, que, por cierto, ya prevén los vigentes Estatuto Vasco de 1979 y Amejoramiento del Fuero Navarro de 1983. Si eso no es afirmar la supremacía del principio democrático, ¿cómo podría formularse éste mejor?

Sin duda, la democracia, para ser real, requiere un clima de paz y diálogo. Éste es el segundo gran presupuesto del constitucionalismo democrático, incompatible con la violencia terrorista y también con la criminalización de la discrepancia en razón no de sus medios, ilícitos cuando son violentos, sino de sus fines, incluido el independentismo. No bastan sólo los votos, sino que los votos han de emitirse en conocimiento y libertad. Por eso, el lehendakari afirma que la ratificación democrática de la reforma propuesta 'deberá producirse en las condiciones adecuadas para que la sociedad vasca se pueda expresar en libertad en un escenario sin violencia y sin exclusiones'. Y por ello el proceso de reforma se pretende iniciar con una amplia serie de consultas y encuentros políticos y sociales, de los que sería insensato autoexcluirse.

Pero hay un tercer requisito, sin el cual la decisión democrática formal carece de legitimidad material, la substantividad del cuerpo político que la adopta. 'El pueblo vasco es un pueblo con identidad propia', afirma el lehendakari. Probablemente, la mayoría de los vascos lo creen así y, en todo caso, no estaría mal el preguntárselo, y en el presupuesto de tal identidad se basa el vigente Estatuto tantas veces invocado (artículo 1 EA). ¿Va a negase ahora tal identidad?

Los que creen, de tanto citar a Habermas y su peculiar forma de patriotismo, que en una sociedad pluralista el único consenso constitucional posible es un consenso procedimental, no pueden negar las dos primeras tesis. El consenso y la lealtad a la Constitución es sólo formal, y no se refiere sino a los procedimientos de adopción de decisiones en ella establecidos, no a las decisiones mismas, y tal ha sido la doctrina sentada por el propio Tribunal Constitucional. Los que creen, además, que la Constitución se sustenta en la cohesión de un cuerpo político no pueden negar la tercera, el derecho 'a ser' de una parte de ese cuerpo que se considera a sí misma cuerpo substantivo.

Lo demás son tecnicismos o nominalismos, siempre discutibles y negociables, y para ello habría de servir el largo camino que anuncia el lehendakari. En cuanto a los primeros, cómo se organice la Administración de justicia debería ser una cuestión de eficacia, de la que toda ella no anda sobrada. Cómo se gestione la Seguridad Social es tema de actuarios. La práctica comparada fino-sueca, austro-italiana o flamenco-neerlandesa ofrece guías útiles para articular las relaciones vascas transpirenaicas que el propio lehendakari reconoce compatibles con la pertenencia a dos Estados diferentes. Y el protagonismo europeo de Euskadi, algo que también preocupaba hace meses al presidente de Galicia, se discute en la Convención Europea.

Y la soberanía, piedra de escándalo para unos y otros, es hoy, pese al artículo 1 CE, un mero 'nomen' y no una categoría dogmática de imposible división y coparticipación. Si no tenemos empacho de compartirla con país tan lejano como Dinamarca en el seno de la UE, ¿no es farisaico escandalizarse de la cosoberanía con Euskadi en un Estado complejo? Si así se establece mediante una relación paccionada -ya incoada en Navarra- y unilateralmente inderogable, ¿no es eso la mejor garantía tanto del autogobierno como de la integración voluntaria?

Guste o no, la fuerza normativa de los hechos exige para Euskadi una fórmula de autogobierno singular y diferente de la actual, que no tiene por qué ser la independencia estatal, y la cuestión consiste en si se conseguirá con España o contra España. Como españolista acérrimo que soy, deseo lo primero. Y ello no se consigue mediante la confrontación, sino con el diálogo y la negociación. No sé si ése es el propósito del lehendakari Ibarretxe; pero debiera ser el de los estadistas españoles, si España tuviera estadistas... en el poder. Ésta sería su hora de demostrarlo.

Número 13-14

X Jornadas Liberales Iberoamericanas

Mesa redonda sobre inmigración

Intelectuales

Varia

Ideas en Libertad Digital

Reseñas

El rincón de los serviles

4
comentarios
1
acérrimo anti-español
GLAUCO

Como se dice por estos pagos, "me quedo con las patas colgando" despues de haber leído, el artículo periodístico de uno de los padres (que en este caso seguro que era el putativo). Se queda corte el redactor del rincón de los serviles, a la hora de la calificación del personaje, pues no se puede caer más bajo desde el punto de vista intelectual y moral, de lo que lo ha hecho Miguel H.y R.M, antaño vigía de occidente y martillo de herejes. Hay que ver, lo que llega a hacer uno, para que le llamen MIKEL. esto no tiene arreglo.?

2
sin título
Vicente

Quizas sea interesante valorar la cantidad de exabruptos y descalificaciones existentes en el artículo de Miguel Herrero y en el que le pretende contestar, me parece impropio de un "liberal" el ser tan vulgar. ?

3
que asco
Andreas

Los posicionamientos de Miguel Herrero son propios de alguien que cree en una España que se acepta tal y como es. Y esto es una España diversa. De hecho, la única posible si aspiramos a que sea un espacio de convivencia y no de enfrentamientos.

Pero el poder no tiene piedad, y sabe que una España así comportaría una disminución de su actual influencia.

Continuaremos soñando con una hermosa Suiza mediterránea, con mil banderas y ejemplo de convivencia, y sufriendo a esta Gran Prostituta que es el poder real de España desde hace siglos, refugiada en su barrio de Salamanca y que jamás ha dudado en bombardear a su propio pueblo cuando creen que ese poder peligra.

Continúen atizando a vascos y catalanes, porque ya solo les queda eso para mantener unida por la fuerza a esa amalgama de preciosos y sometidos países. ?

4
¿Quién lo ha escrito?
Luis Fuertes

No quiero comentar el artículo, sólo tengo curiosidad por saber quién lo ha escrito.

Gracias?