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Una biografía excepcional

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Resulta seguramente una osadía exigir a un autor que va ya por el centenar de libros publicados que se supere cada vez que entrega uno nuevo a las prensas. Afortunadamente no hace falta hacerlo con César Vidal porque se encarga él mismo de la tarea con tanta meticulosidad como entusiasmo, y buena prueba de ello es su Lincoln que acaba de aparecer avalado, además, con el premio Las Luces. Si es merecido el galardón, el verdadero premio al esfuerzo del historiador y novelista es, sobre todo, el de los lectores.

No he leído toda la obra de César Vidal -entre otras cosas porque escribe a más velocidad de la de mi lectura-, pero son ya muchos sus libros con los que he disfrutado y aprendido. De todos ellos, Lincoln me parece el mejor.

Tiene muchas virtudes esta biografía de uno de los más famosos presidentes norteamericanos y no es desde luego la menor el estilo literario de Vidal.

Que haya sonoros nombres que compartan o hayan compartido sillones en las Academias de la Lengua y de la Historia me parece un modo de disimular, y mal, que el ensayismo español contemporáneo, y la producción biográfica e histórica, tiene, en general, poco que ver con la buena literatura. Saber mucho de algo, en el caso de que realmente se sepa, no lleva implícito saber contarlo y merece la pena destacar la simbiosis de una cosa y la otra cuando se produce. Lincoln es un libro muy bien escrito, con un ritmo envidiable y un estilo personal elegante en el que la eficacia del historiador no queda empobrecida por la dejadez literaria y la grandiosidad de algunos de los rasgos de la vida del biografiado no hace nunca caer en la tentación de una orquestación exagerada de las palabras.

Sin duda se debe a este acierto, acreditado en tantos libros anteriores, el hecho de que César Vidal consiga presentarnos a Lincoln no como un icono frío y distante de los avatares de la historia de los Estados Unidos, sino como un hombre de carne y hueso. A lo largo de las páginas de esta biografía se puede seguir la vida del personaje. Aún más, se puede acompañarle. Si no se le puede "ver", salvo en las pocas fotografías que acompañan al texto, se puede, leyéndolo, saber cómo se movía, cómo eran previsiblemente sus gestos , cómo reaccionaba ante los grandes acontecimientos de la política y las pequeñas cuitas de la vida diaria, qué principios regían su existencia, cuándo dudaba y cuándo se mostraba firme y convencido, aunque tuviera que oponerse por ello a todo lo que le rodeaba. No cae sobre Lincoln la maldición de Chesterton acerca de aquellos textos sobre un personaje ante los que el lector, al terminarlos, no sabe cómo camina.

Y el hombre que ha elegido Vidal para su investigación y su libro resulta apasionante. Apasionante en su versión pública -el gran demócrata antiesclavista que muere asesinado- y en su versión privada, en la que la amargura de muchas circunstancias, casi constantes, fue siempre acompañada de un afán de lucha y de superación hercúleo. Y en la mezcla de una y otra: una religiosidad profunda que no resta un ápice de interés y responsabilidad personal en su trayectoria civil y política, y una familia que está en el vértice de muchos dolores y complicaciones. El biógrafo parece saberlo todo sobre Lincoln, pero el lector, que no necesita todos los datos, consigue conocerle.

Esta biografía, además, contiene una enseñanza que considero de vital importancia en toda circunstancia y, en concreto, en la que vive España hoy.

Y no se trata sólo de la vida ejemplar de Lincoln, sino también, y fundamentalmente, de su papel político en la guerra de secesión. La unidad que buscaba -asunto en el que se compendian sus éxitos y sus derrotas, su propia muerte- tenía un contenido, no era una cuestión meramente formal. La secesión, en definitiva, suponía la esclavitud, el rechazo a su concepción de que todos los hombres eran iguales y poseedores de derechos inalienables, y la destrucción de la democracia. La causa de Lincoln era la causa de la libertad.


César Vidal Lincoln Acento Editorial, Madrid, 2002

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