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La Ilustración Liberal

X Jornadas Liberales Iberoamericanas

Diez años de un proyecto liberal

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Hace diez años, aprovechando la generosidad casi pródiga de un alcalde de Benidorm llamado Eduardo Zaplana, que degenerando ha llegado a Ministro de Trabajo pero que entonces consolaba con el arriscado periodista de ABC Enrique de Diego sus cuitas de joven y ya antiguo liberal ucedeo, es decir, intransitivo y amortizado, se convocaron las I Jornadas Liberales Iberoamericanas. Fue un agavillamiento indiscriminado de figuras académicas y periodísticas de esta ideología, de jóvenes y maduros aspirantes a figurar en la política sin abandonar los negocios y de ilustres viajeros americanos de ideología heroicamente liberal, aunque no siempre distinguibles de los traficantes de influencias y las aldabas gubernamentales, instituciones humanas harto imprecisas pero muy precisas y muy bien remuneradas en época de privatizaciones como aquella, cuando era orégano hasta el Monte de Piedad.

Corrían los tiempos del felipismo atroz y la socialdemocracia tambaleante, porque en el mundo real ya había caído el Muro y la Unión Soviética se acababa de hundir en su propia ciénaga. La más vasta empresa criminal de la historia humana, el comunismo, caía con estrépito demostrando lo moralmente justo, políticamente acertado y económicamente bien fundado de las críticas que el liberalismo le hiciera, desde sus orígenes hasta sus postrimerías. Eran días de gloria y de euforia para los escasos liberales que en España y América habíamos sostenido esas ideas y principios. Era también, o eso creíamos, el momento adecuado para acometer una empresa intelectual y moral de la máxima importancia: actualizar y propagar las ideas liberales para que ocuparan el lugar de referencia en los medios educativos y de comunicación que el socialismo disfrutaba en obsceno monopolio. Era la ocasión, veíamos. Era nuestra obligación, decíamos.

Los avatares de estas Jornadas y de sus participantes ilustran a la perfección la realidad contradictoria, débil y divertida (cuando no resulta demasiado grotesca) del liberalismo hispano: para muchos, vocación convertida en religión; para otros, profesión disfrazada de devoción. En teoría, las ideas liberales no son impedimento para los negocios, antes al contrario. En la práctica, es muy difícil ganarse la vida serpeando en los interminables pasillos polvorientos del Estado Providencia y mantener enhiesta e impoluta la doctrina de la libre competencia. Es prácticamente imposible buscar con minuciosa pasión la dádiva del Poder y criticar apasionadamente al Poder y sus dádivas. ¿Quiere esto decir que los que fletan grandes conferencias, congresos, fundaciones, abluciones, degluciones y reuniones transatlánticas no son liberales? En absoluto. Lo son. Pero a sus horas y sólo en la medida que sus negocios y el Gobierno lo permiten. En estos días en que nuestro primer proveedor de fondos, Eduardo Zaplana, triunfa como líder sindical sobre los escombros de las reformas liberales del Gobierno español, es posible que veamos al mismísimo Aznar concediendo graciosamente el monopolio del liberalismo hispano a la parte de aquella gavilla liberal de Benidorm, tan ilustre como simpática, que ha sabido conciliar el disfrute del poder y del privilegio con la doctrina dominical del mercado, suministrada en píldoras para réprobos y neófitos. Es el famoso liberalismo egipcio, avizorado por los grandes artistas del bajo Nilo en los altorrelives faraónicos: una mano delante y boca arriba y otra mano detrás pero nunca boca abajo. Forma a la vez aristocrática y popular de explicar la oferta y la demanda, evitando sabiamente el peligro de la destrucción creadora de los mercados. Los gobernantes y los empresarios prefieren a los liberales "constructivos". No les faltarán.

Una nueva generación liberal

Estos años de Jornadas Liberales han tenido, al menos para los españoles que viajamos mucho menos que nuestros amigos americanos (efecto de la estabilidad monetaria y del temible arraigo profesional) muchos efectos positivos. En primer lugar, nos han permitido conocer de primera mano, año tras año, la durísima lucha por la libertad de algunos pueblos sistemática y abyectamente marginados de la información internacional. Es el caso de Cuba, pero también de Colombia. Mucho de lo que en medios españoles se ha publicado estos años contra el castrismo o contra el pastranismo viene de asiduos frecuentadores de estas tenidas liberales. Algo parecido ha sucedido con Venezuela y, en lo que a disparates económicos se refiere, de Argentina. El ejemplo moral es inseparable de la información y origen de una opinión creíble e informada. Lo que en Albarracín nos han contado nuestros amigos liberales americanos ha pasado de una u otra forma al papel, a la radio y a Internet. No hemos podido cambiar en España -tampoco ha cambiado mucho en América, pese a la clamorosa identificación del "perfecto idiota latinoamericano"- la perspectiva izquierdista y liberticida de la información sobre Iberoamérica, porque en estos años de gobierno de Derecha las cosas han ido como con la Izquierda. No el trato personal pero sí en el ideológico, que es el que importa. Más urbanidad ministerial y mucha palmadita en la espalda, pero a la hora de la verdad, que es la de la política informativa en los grandes medios audiovisuales, estamos como hace años e incluso peor, porque ya no tenemos esperanzas de cambio con otro Gobierno y porque la manipulación y el engaño, una vez conocidos los crímenes y la ruina de todo el socialismo real, sin excepción, están aún menos justificados que en tiempos de la guerra y la posguerra frías. Pero ahí siguen.

Esa constatación de nuestra soledad y también de que el Poder político no se emplea, al menos en España e Iberoamérica, en cambiar las cosas a favor de las ideas liberales, nos llevó sin embargo a dos proyectos, La Ilustración Liberal y, sobre todo, Libertad Digital, que puede decirse que nacieron al calor de Albarracín (calor metafórico en estos días de Octubre) y que ya casi podemos decir que se han hecho mayores, porque en ellos ya no escribimos los de siempre, los de hace diez años en Benidorm. Esa fue la idea que me llevó y nos llevó a algunos de los aquí presentes a llevarnos estas Jornadas Liberales del generoso pero inconstante patronazgo político de Zaplana al mucho más discreto, casi silente y todavía más generoso de Ibercaja y de la Fundación Santa María de Albarracín, nuestra morada, posada y fonda desde hace siete años. Aquí hemos podido reunirnos sólo para hablar, discutir y comentar lo que pasa en el mundo y en nuestro mundo más cercano sin más propósito que el placer intelectual de hacerlo. Y el de instruir a una nueva generación de liberales no sólo en nuestras ideas y principios sino también en esa forma impagable de comunicación que es la palabra viva, el magisterio personal y la posibilidad de debatir en pie de igualdad sobre todo o casi todo.

Ese ha sido, es ya, el éxito de estas Jornadas Liberales de Albarracín, el que nos permite hablar de un proyecto liberal que hoy cumple diez años y mirar el futuro con menos desesperanza que el pasado.

En el estilo testamentario que los aniversarios redondos imponen, yo quiero saludar aquí, por segundo o tercer año consecutivo, a jóvenes como Jesús Gómez Ruiz, el estupendo editorialista de Libertad Digital, o a Guillermo Dupuy, que editorializa también implacablemente contra los medios antiliberales del resto del mundo en la "Revista de Prensa" diaria de nuestro periódico, una publicación sin precedentes en España y en lengua española donde todos los liberales honrados pueden leer lo que pasa en el mundo desde una perspectiva coherentemente liberal y comentarlo en nuestra lengua o traducido a ella sin tener que pagar e incluso cobrando modestísimas pero puntuales sumas, hecho milagroso con menos precedentes todavía.

Junto a los editorialistas, hay una docena, casi dos, de periodistas e intelectuales (algunos economistas y profesores universitarios, otros de las profesiones más variadas) que han "roto a escribir" en nuestro periódico y que, permitidme la confesión personal, me proporcionan cada día una satisfacción impagable, o por lo menos no impagada, que en estos tiempos ya es mucho. Eso de levantarse y asomarse a Internet a ver qué pasa y a ver cómo lo comentan, satirizan, destripan, puntualizan y elucidan nuestros jóvenes liberales en nuestro periódico es como que te despierte un hijo pequeño o como supongo debe ser que te despierte un nieto: una satisfacción que sólo se consigue tras una onerosa y entusiasta inversión pero que, cuando lo ves en pie, te compensa de todas las noches en blanco y hasta de las hipotecas. Si los verdaderos garantes cotidianos de la supervivencia de Libertad Digital, que son Javier Rubio en la dirección y Alberto Recarte en la Presidencia y en la Cartera de Economía (en la teórica y en la práctica, donde ya no bastan aunque tampoco sobren Mises ni Hayek), continúan, como estoy seguro de que harán, haciendo lo mismo que estos dos años y medio, calculo y espero que dentro de unos pocos años más el periódico ganará dinero y que estos jóvenes tan bien preparados, todavía mejor entrenados y con la ambición que corresponde a los organismos vivos, empezarán a pensar en homenajearnos y jubilarnos.

Ese será el día de nuestro triunfo, y nos retiraremos a Albarracín a celebrarlo.

Número 13-14

X Jornadas Liberales Iberoamericanas

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