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Chile: el legado de Allende

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Quien era hace unos años figura emergente de la izquierda chilena, Ricardo Lagos, manifestaba que, 'por cierto', una de las tareas que consideraba tener por delante era la de completar el legado inconcluso del presidente Salvador Allende. Como lo único que le faltó hacer a este último fue dejar al país completamente destruido, el propósito parecía claro.

Alguien podría argumentar que, elegido presidente de la República, Ricardo Lagos no ha sido expedito en cumplir su meta porque ha elegido una vía moderada y gradual para completar el legado de Salvador Allende. Con todo, debe comprenderse que esta vía, tal vez gramsciana, implica una labor de zapa persistente sobre las bases del edificio social, que después caerá por sí solo, por entero destruido.

El método consiste en alterar completamente los incentivos que conducen a fortalecer a la sociedad y, sobre la base de esto último, cimentar su progreso, y en hacerlos operar a la inversa, para que empujen hacia la destrucción.

La sociedad depende del trabajo de sus habitantes. El continuador de Allende se ha propuesto debilitar los incentivos para trabajar. Ha gravado con más impuestos, trabas y regulaciones a los que emprenden iniciativas de producción. Ha encarecido la contratación de trabajadores mediante diversos artificios. Naturalmente, menos personas emprenden y menos personas son contratadas. Se trabaja menos.

El respeto a la ley y al orden es otra base del edificio social. Hace unos días leímos que el fundo Alaska, ocupado por la fuerza a una empresa privada, fue comprado por el Estado para ser distribuido a los autores del despojo, pero dejando fuera del reparto a la única comunidad indígena que no actuó violentamente. Se premia el atropello a la ley y se castiga el respeto a ella.

Los delincuentes han sido favorecidos en todas las formas: perdones a terroristas, rebajas de condenas, prohibición de detener a los sospechosos. La mano dura se ejerce contra agentes de seguridad o uniformados que combatieron con exceso de dureza al delito. Todo el que atropella la ley se siente impune y, muchas veces, mediante la violencia obtiene algo que el respeto a la ley no le franquea. Otro incentivo perverso.

El crédito es una herramienta básica para el progreso económico. Los deudores cumplidores tienen acceso a crédito barato. Había un sistema de información (Dicom) para saber quiénes eran incumplidores. Por ley se ha vedado esa información. Luego, el crédito se hará más caro para todos: la falta de información implica mayor riesgo. Habrá menos crédito, menos inversión y menos crecimiento. Otro incentivo perverso.

Hay un sistema privado de salud que se autofinancia y presta buena atención a sus usuarios, y un sistema público desfinanciado y que atiende mal. Se ha perseguido al primero con saña, no obstante lo cual, gracias a su eficiencia, sigue vivo y, después de transitorias pérdidas tras sucesivos golpes, se vuelve a levantar y a generar excedentes. A pesar de todos los esfuerzos, no lo han podido matar. Al sistema público ineficiente se lo llena de plata, que pierde indefinidamente. Otro incentivo perverso: castigo a la eficiencia, premio al despilfarro.

La enumeración podría seguir. Lagos, es verdad, se va a demorar más de lo previsto en completar el legado de Allende, pero nadie puede desconocer que en todos los ámbitos está dando los pasos necesarios para cumplirlo.

© AIPE Hermógenes Pérez de Arce es analista político chileno.

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Reseñas

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comentarios
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Otro punto de vista
Ricardo Silva

Lo unico que tengo que decir es que no me parece el punto de vista que tiene sobre allende el autor, me parece que lagos no es quien esta hecho para continuar el legado de Allende, sino que hasta ahora solamente ha beneficiado a la empresa privada con politicas economicas Liberales y en beneficio de unos pocos.?