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Unión aduanera, lo bueno y lo malo

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Hace días los presidentes de Centro América se comprometieron a formar la Unión Aduanera. Ahora la pregunta es si la decisión es la mejor. Ello consiste en ampliar el área de libre comercio, eliminando las aduanas entre los países centroamericanos, estableciendo una barrera alrededor del área en vez de alrededor de cada nación. Así hicieron los países de la Unión Europea, que en conjunto generan 21% de la producción mundial (PMB). Desde 1788 existe también en Estados Unidos un mercado común, el cual alcanza el 30% del PMB. Dado el gran tamaño de esas economías, la competencia interna es grande y por ello las barreras a las importaciones causan menos daño. Centroamérica, en cambio, es un área pequeña, pues apenas produce el 0,17% del PMB. Mientras más pequeña es la zona de libre comercio, más grave es el daño.

¿Será la unión aduanera un paso hacia el libre comercio? Por un lado efectivamente se expande el área de libre comercio, lo cual trae beneficios porque aumenta un poco la competencia y por ello la producción y la asignación de recursos serán más eficientes. Con precios más bajos y mayor eficiencia aumentará el poder adquisitivo de la población. Así habrá más espacio para nuevas industrias y mayor volumen para las existentes.

Pero hay que tomar en cuenta también los costos. No me refiero a los costos que algunos sufrirán debido a mayor competencia, pues ese costo no se puede evitar sin frenar el progreso y sin sacrificar la libertad de competir que tanto beneficio trae a la comunidad. Me refiero a que cuando por tratado se adopta una política que después se considera errada, ya es casi imposible corregirla. Tratándose de una ley interna, la corrección sería un acto soberano independiente, pero bajo un tratado se requiere el consenso de todos los participantes y con el tiempo proliferan los grupos de intereses creados, por lo que será cada vez más alto el costo político de corregir los errores. Para bien o para mal, el tratado deja la política esculpida en piedra y eso sucede en Europa y EEUU, donde los intereses creados ya son políticamente tan fuertes que impiden la eliminación de barreras a importaciones como las agrícolas, aunque el daño sea mucho mayor que el beneficio. Eso lo previeron los países que optaron por quedarse afuera de la Unión Europea.

Es un viejo truco convencer a los gobiernos a adoptar políticas que se ponen de moda a través de tratados, pues así eliminan la voluntad soberana y se impone permanencia a las medidas. Hay que ser cauteloso con tratados que pretenden, por ejemplo, homologar legislación. No se necesitan tratados para homologar lo bueno y descartar lo malo. Sólo se necesitan para homologar lo malo porque en ausencia de compromisos lo bueno se generaliza y lo malo se descarta. Si la mala política se adopta por tratado, el daño se generaliza y se elimina hasta la posibilidad de comparar, para ver lo que resulta y lo que no sirve.

Si la Unión Aduanera establece una sola tarifa estrictamente fiscal, esta debería ser baja para que los costos sociales sean menores y no se incentive la corrupción. De lo contrario, el resultado lejos de ser óptimo causará sacrificios recíprocos, subsidiándose entre todos las deficiencias económicas. Lo mejor sería eliminar totalmente las aduanas, unilateralmente, dando así el buen ejemplo al mundo entero y beneficiando de inmediato a nuestros pobres.

© AIPE Manuel F. Ayau Cordón es ingeniero y empresario guatemalteco, fundador de la Universidad Francisco Marroquín, y fue presidente de la Sociedad Mont Pelerin.

Número 12

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