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El escocés inquieto

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Cuenta la académica argentina Alicia Jurado que, cuando escribió su biografía sobre William Henry Hudson, el autor de La tierra purpúrea (una novela que se ambienta en el Uruguay y que leyó doce veces el coronel Lawrence de Arabia) y del hermoso libro de recuerdos Allá lejos y hace tiempo, debió estudiar una serie de escritores que tuvieron directa vinculación con Hudson. De ellos, el que más la atrajo fue Robert Cunninghame Graham. Y también escribió sobre él. El resultado es El escocés errante, en cuyas páginas se acerca a la vida aventurera de este hombre talentoso y singular, con el propósito de "hacer justicia a un escritor que conoció profundamente a la Argentina y la ha reflejado, con fidelísima pluma, en relatos que son testimonio de una época desaparecida y clara prueba de su cariño por esta tierra".

Miembro de una familia noble escocesa, Robert Cunninghame Graham nació en 1852 y murió, por azar, en Buenos Aires, en 1936. Fue un viajero incansable. Hacia 1870, llegó a Buenos Aires. Hizo dos viajes a caballo al Paraguay; allí conoció las misiones jesuíticas en ruinas y sobre ellas escribió La Arcadia perdida.

Se estableció en la Argentina en una estancia en Sauce Chico. Saqueado por los indios más de una vez, salvó su vida y volvió, empobrecido, a Europa. En París se casó con Gabrielle. Se marcharon a Texas y México, donde no les fue bien. En Inglaterra una vez más, se instaló en Glasgow, donde frecuentó a Hudson, Conrad, Oscar Wilde, William Morris y Bernard Shaw. Los dos últimos, lo estimularon a militar en política; como don Roberto era un tribuno destacado, en 1887, obtuvo una banca en el Parlamento. Luego luchó por un parlamento en Escocia; fue fundador, con Keith Hardie, del Partido Laborista Escocés. Se alejó de la política. Enviudó. Volvió a recorrer el mundo.

Durante la Primera Guerra Mundial, con la misión de comprar caballos para su Gobierno, volvió a la Argentina. Y retornó en 1936 para conocer dos célebres caballos criollos, "Mancha" y "Gato", propiedad de un entrañable amigo suyo. Ese año, octogenario, murió en Buenos Aires y los dos caballitos criollos acompañaron el cortejo fúnebre. Enterrado en Escocia, en su tumba, además de las fechas de nacimiento y muerte, se estampó el dibujo de su marca de hacienda entrerriana.

Dandy, resero gaucho, guía de carretas en Texas, maestro de esgrima en México, don Roberto (como le decían habitualmente) conoció las dos Américas y África del Norte. Sentía atracción por el peligro y por las causas perdidas. Fue también un diestro jinete y un narrador amenísimo, irónico y punzante, y entre otros libros, escribió Los caballos de la conquista y La conquista del Río de la Plata. Pero, de todos modos, como observó Sir John Lavery, "la obra maestra de Cunninghame Graham fue él mismo".

Alicia Jurado, El escocés errante, Emecé, Buenos Aires.

Número 12

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