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No al impuesto de sucesiones

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A los periodistas les encanta reportar sucesos sorprendentes, como que un hombre muerda a un perro. El impuesto sucesorio pertenece a esa categoría de noticia cuando gente muy rica, como el padre de Bill Gates, se opone a su derogación definitiva. Como el impuesto sucesorio en Estados Unidos sólo afecta a los ricos, parece contradictorio que algunos ricos se opongan.

El problema es que la prensa suele asumir que el dinero es siempre el factor decisivo en todo lo que tiene que ver con la política. Cínicamente se cree que el Congreso votó a favor de la eliminación del impuesto sucesorio el año pasado porque los ricos cabildearon e hicieron grandes contribuciones a las campañas electorales y porque muchos congresistas son ricos también.

Ese es un análisis equivocado. Primero, no son las contribuciones electorales las que fomentan el debate y la oposición al impuesto sucesorio. La casi totalidad de las contribuciones políticas provienen de cabilderos que defienden intereses empresariales muy precisos. No les importan los impuestos sucesorios porque estos nada tienen que ver con las operaciones de las grandes compañías.

Segundo, la prensa no suele informar sobre el hecho de que la única razón por la cual el dinero es importante en la política es para conseguir votos. En otras palabras, los votos y no el dinero, es lo que importa en política. Por eso es que la ARRP, la asociación de personas retiradas, es el grupo cabildero más poderoso en Washington, aunque no hace contribuciones a las campañas electorales.

Si los periodistas que cubren las fuentes en Washington investigaran lo que realmente sucede en el Congreso, pronto descubrirían que quienes están empujando la eliminación definitiva del impuesto sucesorio son empresarios y agricultores medianos y pequeños. Estos no tienen grandes fortunas ni sus nombres aparecen entre la lista de los 400 más ricos de la revista Forbes. A la gente en esa lista no le interesa el impuesto sucesorio porque su dinero está colocado en complejos fidecomisos, en fundaciones y demás artificios legales diseñados específicamente para evitar los impuestos sucesorios que pagarían los herederos de las grandes fortunas.

Claro que esos artificios legales son muy costosos. Implican una complicada planificación, inmensos honorarios de abogados, pólizas millonarias de seguro de vida y la pérdida del control directo sobre muchos de los activos. Pero así elimina el impacto impositivo la gente como el Sr. Gates y, además, su hijo no necesita el dinero.

Quienes buscan la eliminación definitiva del impuesto sucesorio son aquellos que aspiran a que sus hijos puedan heredar la pequeña empresa familiar o la hacienda, lo cual no es posible con impuestos exorbitantes y los inmensos honorarios de abogados chupasangre.

A pesar de la demagogia de los grupos de izquierda, los ciudadanos comprenden instintivamente la injusticia fundamental de un impuesto a la muerte y por ello todas las encuestas muestran una mayoría de más de 70% a favor de su eliminación definitiva.

© AIPE Bruce Bartlett es economista y académico del National Center for Policy Analysis (NCPA).

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