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La Ilustración Liberal

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Retrato magistral de un hombre del destino

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Hace aproximadamente un año un importante diario de tirada nacional concedía a Winston Churchill la consideración de personaje más importante del siglo XX. La distinción era de dudosa justicia, aunque debe reconocerse que las alternativas más justificadas pasaban por personajes realmente siniestros que no dejaban nada bien parada a la especie humana. Con todo, no puede negarse que Churchill es uno de los políticos más relevantes del siglo pasado y que espeluzna pensar lo que hubiera sido del mundo sin su tenaz resistencia frente al nazismo.

A pesar de su importancia, Churchill no ha contado -a diferencia de Hitler o Lenin- con muchas biografías. Magnífica es la todavía inacabada de Martin Gilbert, que además de contar con una profusión de fuentes extraordinaria se extiende ya a varios millares de páginas, y también pueden mencionarse como lecturas recomendables la de Henry Pelling, que cuestiona muchos de los tópicos existentes, o las propias memorias de Churchill. En el terreno de las biografías más breves -y asequibles- hasta ahora destacaban la de Edgar Black y, especialmente, la de Alan Moorehead. Con todo, creo no exagerar si afirmo que la mejor biografía corta de Churchill es, hoy por hoy, precisamente la debida a Haffner.

Confieso que Haffner ha resultado para mi un hallazgo. Alemán exiliado del III Reich a pesar de no ser judío, emigró a Gran Bretaña donde trabajó como periodista para The Observer. En 1954, regresó a Alemania y en la década siguiente escribió la presente biografía. Lejos de ser un relato mitificado o de un panfleto desmitificador, el libro constituye una aproximación realmente clara, exacta y equilibrada a la figura de Churchill. Influido extraordinariamente por una madre norteamericana -de ahí su simpatía por el país de las barras y las estrellas- Churchill se adaptó mal al sistema educativo -el relato de cómo aprendió a declinar latín es realmente delicioso- pero demostró desde muy joven un talento extraordinario para el periodismo y la literatura.

Héroe de la guerra de los boers, que pusieron precio a su cabeza, no tardó en sumergirse en la lucha política. Ministro del Almirantazgo durante la primera guerra mundial, su gestión fue desastrosa -el desastre de Gallípoli fue buena muestra de ello- pero ha de reconocerse que fue de los pocos que comprendió el peligro que significaba el triunfo de los bolcheviques en Rusia. Sin embargo, concluida la contienda mundial y tras manifestar su oposición a personajes como Gandhi -al que seguramente comprendió mejor que la mayoría de sus correligionarios- nadie creía que Churchill pudiera volver a ser algo en la política. La llegada del nazismo le sorprendió, desde luego, sexagenario pero muy lúcido. El británico comprendía el impulso nacional del nazismo y también su rechazo del bolchevismo pero aborrecía su antisemitismo y, sobre todo, entendió a la perfección el pelaje de un sujeto como Hitler.

A diferencia de los partidarios de la política del apaciguamiento -extraordinariamente bien descrita y razonada por Haffner- Churchill supo desde el principio con quien Europa se jugaba los cuartos. Quizá aquella política hubiera tenido sentido con alguien como Bismarck o el kaiser, con Hitler desde luego era un suicidio y el tiempo se encargó de demostrarlo. Así tras ser el primer parlamentario abucheado de la historia británica (por su defensa del matrimonio del duque de Windsor con una norteamericana divorciada) pasó a convertirse en el hombre del destino entre el verano de 1940 y el de 1941. Su apuesta contra Hitler implicaba el riesgo de que el imperio británico dejara de existir -como sucedió- pero también tuvo como consecuencia directa que Gran Bretaña se viera libre de la vergüenza de haber cedido ante el nazismo y que Europa se salvara de un dominio germánico cuyas últimas consecuencias hubieran resultado escalofriantes.

A pesar de lo elevado de la apuesta, hasta mediados de 1943, hubiérase dicho que Churchill iba a salir airoso en su proyecto de desembarcar en el sur de Europa e impedir que la URSS se apoderara de medio continente. La alianza entre Stalin y Roosevelt impediría ese desenlace y entregaría media Europa al comunismo lo que significó la derrota de Churchill, de Gran Bretaña y de Occidente. Había sido el hombre excepcional para una época excepcional y tras la guerra los electores buscaron a otro para dirigir Gran Bretaña.

Sería en adelante premio Nobel de literatura -fue uno de los mejores estilistas del inglés contemporáneo- excelente analista de la realidad y, sobre todo, enfant terrible del partido conservador. Todo ello -y mucho más- queda magníficamente reflejado en este libro, donde además abundan los retratos breves y conseguidos como los de Chamberlain, Baldwin o Stafford Cripps, todos ellos dotados de una exactitud y una concisión admirables. Una última cuestión. En el pasado, cuando al autor de estas líneas le pedían que recomendara una biografía breve de Churchill se inclinaba por la de Moorehead; a partir de ahora recomendará la de Haffner.

Sebastian Haffner, Winston Churchill. Una biografía, Barcelona, Destino, 261 páginas.

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