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La Ilustración Liberal

Ideas en Libertad Digital

Contra la pared

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Estábamos mi mujer y yo en la Gare de Lyon esperando un TGV para Saint-Raphael, que traía, sin saberse por qué, como siempre, mucho retraso, y en la portada de Le Monde me topo con un artículo de Louis Gallois, presidente de la SNCF (la RENFE francesa), proclamando la excelencia y supremacía mundial de los ferrocarriles franceses. La cosa parecía una broma de mal gusto ya que ni esa ni otras veces los ferrocarriles funcionan o, en todo caso, no como funcionaban antaño. Los retrasos, los accidentes, las huelgas, convierten los viajes por tren en un bingo en el que siempre pierden los viajeros. Pese a mi ira, leí el "manifiesto" del señor Gallois, que constituye un aviso al nuevo gobierno para que no se atreva a tocar ese maravilloso "servicio público", y también, o sobre todo, a los ferroviarios y a sus sindicatos, para que todos unidos jamás vencidos se porten bien, todos solidarios con el patrón, representante del estado, y dejen de hacer huelga sin ton, ni son.

Llegados por fin a Saint-Raphael, con más de una hora de retraso, un taxi nos llevó a las bellas colinas de la cordillera de los moros (des Maures) a casa de nuestros amigos. Me costó 70 euros. Lo digo para precisar que, al pagar, pensé en la larguísima huelga de los médicos, quienes exigían 20 euros por consulta. No se trata de jerarquía de valores, ni de oficios, se trata de sentido común. Los médicos, convertidos en semifuncionarios pagados por el estado, trabajan mal y cobran pésimamente mientras que artesanos astutos e independientes, actuando por libre, pueden ganar cuatro veces más. Lo mismo ocurre con todo en Francia, pero no sólo en Francia.

Se habla de la reforma de la seguridad social y del sistema de pensiones, pero todos defienden el servicio público à la française, el mejor del mundo, dicen, como los ferrocarriles. Nadie declara que la seguridad social es un mamotreto ineficaz y que todos, bueno, de clase media baja para arriba, tienen que ser, además, socios de una mutua privada.

Todo el mundo en Francia, y no sólo en Francia, despotrica contra los fondos de pensiones, defendiendo a rajatabla el actual sistema estatal de pensiones que se sabe condenado, y nadie parece preguntarse por qué. Los dichosos fondos de pensiones "californianos", como se dice con desprecio en Francia, constituyen potencias capitalistas mundiales, mientras que los pensionistas europeos somos tan pobres, salvo los muy ricos, que tienen sus contratos privados con Compañías de Seguros.

Y así todo, e incluso en problemas mucho más graves, como es el de la inmigración. Se desconocen las cifras exactas, pero se considera que son unos cinco millones los musulmanes residentes en Francia, pero ocurre que la mayoría es de nacionalidad francesa y no es musulmana. Esta población, mal integrada, sufre un appartheid de hecho: poquísimos ejercen profesiones liberales, ni tienen el menor diputado, no están representados (no como "musulmanes" Dios nos libre, como ciudadanos franceses), en la Universidad, en la administración, etc. Esta situación de exclusión crea un malestar evidente (muy bien aprovechado por el islam fanático, que ha logrado convertir a Ben Laden en héroe popular) en los llamados "suburbios difíciles", y no por fe religiosa, sino precisamente por su radicalismo, y como rechazo a una sociedad que consideran que les trata injustamente.

En esta rebeldía hay mucha exageración e indicios de un peligroso fanatismo, pero eso no quita que la tan cacareada "integración" haya sido un fracaso. ¿Cuál es la respuesta de los diferentes gobiernos franceses, desde hace decenios? Es sencillamente suicida. Para apaciguar su supuesto islamismo, invitan a los más reaccionarios imanes para que ejerzan su influencia que esperan pacífica, lo cual es como si invitaras a tus asesinos a cenar en tu casa, o como si Mariano Rajoy y Pilar del Castillo, invitaran a etarras a organizar seminarios sobre coches-bomba, en la Complutense o en El Escorial.

Paralelamente, la "causa palestina" se ha convertido en un nuevo y pujante movimiento antisemita de izquierdas, con sus manifestaciones violentas a los gritos de "¡Israel nazi!" "¡Sharon Hitler!" "¡Mueran los judíos!", y al mismo tiempo ataques contra sinagogas, escuelas judías, etc. Y todo esto mientras que las autoridades europeas siguen afirmando que sus países no son antisemitas, que el antisemitismo no existe, y subvencionan a los terroristas palestinos (como sus delegados en Durban, no hace tanto) y el propio Koffi Anan se mostraba más que complaciente, cómplice, del derroche de historia antioccidental (yo diría más bien antidemocrática) y antisemita.

Cada día nos aporta nuevos ejemplos de intolerancia y de fanatismo, y todos los días asistimos a la cobardía de los gobiernos y de la prensa. El más reciente (pero no el último, me temo) ejemplo de este clima de odio es el proceso que varias organizaciones seudo antirracistas, el MRAP, la LICRA, "La liga de derechos humanos", han intentado contra Oriana Fallaci por su libro Rabia y Orgullo. Estas organizaciones, siendo progresistas y de izquierda, no podían quedarse al margen de la monumental estafa de la "defensa de la causa palestina" y de la guerra contra el sionismo e Israel, nuevo rostro del viejo antisemitismo popular. A mí me ha gustado el tono polémico, personal y apasionado de Oriana Fallaci, pero no exijo a nadie que piense lo mismo. Me indigna esta nueva manifestación de censura totalitaria que pretende prohibir un libro bajo el pretexto que sería "racista", pues no lo es. Fallaci odia el terrorismo islámico y sus líderes como Ben Laden. Yo también. Fallaci se indigna por el desprecio y malos tratos que sufren las mujeres en los países arabo-musulmanes, y no sólo en los "talibanes", y así es; no soporta que a tantas niñas recién nacidas se les corte el clítoris; y es efectivamente una barbaridad considerar que existe democracia verdadera en aquellos países islámicos, y lleva toda la razón.

Los racistas, en realidad, son todos aquellos que opinan que los pueblos de los países musulmanes, tan diversos por otra parte, son tan atrasados y analfabetos que no necesitan democracia, ni la merecen. Desde luego Fallaci no tiene pelos en la lengua, y si a mí eso me encanta, puede que irrite a otros. Pues que lo digan. Yo defiendo el derecho absoluto de Fallaci a decir lo que le de la realísima gana, y a los que no están de acuerdo, lo mismo. Pero, además, no se trata sólo de un libro, es el síntoma de una campaña mucho más profunda y peligrosa contra la democracia, la nuestra, la única. Y si de paso estas organizaciones "antirracistas" tan intolerantes reciben alguna subvención de Arabia Saudí, pues negocio redondo. Si nos descuidamos, dentro de poco, recordar que Jesucristo era judío va a resultar racista.

Número 12

La Escuela de Salamanca

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Reseñas

7
comentarios
1
todavia te quiero
nahuel

esto es para vos, ya sabras quien sos, pero aun te pide mi corazon espero volverte a ver. espero verte otra vez?

2
hola amigos
joel

hola quiero ver algo?

3
libertad
sebastian

¿Dónde termina tu libertad?. Donde comomienza la del otro?

4
jujuju
marina

que lindo dioosss!!?

5
miniman
leandro

sos lo mas grande que ai mini mini


te quiero mucho


yo


leo.c ja?

6
pablito
pablo

RiVeR lOcUrA y PaSiOn?

7
=)
Daniela

La Vida No Sera La Fiesta Q Todos Deseamos.. Pero Mientras Estemos.. DEBEMOS BAILAR!!!?