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Sobre imperios y contraimperios

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Se entiende por globalización un proceso en el que los gobiernos eliminan trabas al movimiento de personas, bienes y servicios a través de las fronteras. Se trata de convertir en realidad la metáfora de "la aldea global". Si esto es así, debemos declarar que el mundo estaba más globalizado desde el Congreso de Viena hasta la Primera Guerra Mundial. En ese período de cien años (1814 a 1914) no existía tal cosa como el pasaporte, los aranceles eran mínimos y no se producían manifestaciones de racismo y xenofobia que hoy lamentablemente se observan en el planeta. En realidad, la parte de globalización que hoy tiene lugar es a pesar de los gobiernos y debido, principalmente, a la revolución tecnológica, especialmente en el área de telecomunicaciones, lo cual permite a las personas que se salten las rigideces de las fronteras.

En todo caso, la globalización, como apertura y libertad, intenta poner de manifiesto las grandes ventajas del intercambio irrestricto entre personas ubicadas en distintas partes del orbe. Resulta tragicómico, pero es cierto, que en pleno siglo XXI debe insistirse en que es mejor comprar a precios más baratos y de buena calidad que adquirir bienes y servicios más caros y de peor factura. Después de más de dos siglos desde que Adam Smith planteó el debate en 1776 seguimos discutiendo las ventajas del librecambio al que los gobiernos ponen todo tipo de obstáculos. Todavía hay acomplejados que sostienen que la globalización afectará la "identidad nacional" sin percibir que el contacto con otras culturas y puntos de vista enriquece a las personas y que el aislacionismo y la autarquía resultan siempre empobrecedores. Las fusiones y adquisiciones ocurridas en procesos abiertos son debido a las ventajas de la economía de escala y para evitar superposiciones. En este contexto, se confunde concentración de capital con cantidad de administradores ya que los conglomerados pertenecen a cientos de miles y, a veces, millones de accionistas.

Recientemente apareció un libro escrito por los profesores Michael Hardt y Antonio Negri titulado Empire, editado originalmente por la Harvard University Press y que en algunos países (por ejemplo, la Argentina) es un best-seller. Se trata de dos comunistas que proponen convertir el proceso de globalización en un sistema colectivista. Declaran abiertamente que "la propiedad privada de los medios de producción es sólo una obsolescencia pútrida y tiránica" (pág. 371 de la edición castellana de Paidós).

No son antiglobalización, proponen un Gulag global. A lo que denominan el imperio del capitalismo en el proceso de globalización, le contraponen la necesidad de redireccionar las cosas para introducir un contraimperio comunista. Reiteran todas las conocidas falacias y lugares comunes respecto de la posición crítica del capitalismo, incorporando neologismos como el "derecho" al salario social a nivel planetario y el "derecho" a la reapropiación de los medios de producción por parte de la multitud. No parecen haberse anoticiado de la "tragedia de los comunes" ya que sostienen que lo bueno es lo común, expresado en la propiedad colectiva de los medios de producción. Revelan un desconocimiento palmario del mercado laboral al insistir en la tristemente célebre teoría de la explotación como si los ingresos en los diversos países y en los distintos lugares no dependieran de las tasas de inversión per cápita y como si dependieran de la voluntad del gobernante. En este sentido, sugieren el establecimiento de un sindicato único a nivel mundial para "ejercer la resistencia en la fábrica y en la sociedad contra la explotación capitalista" y así establecer un "contrapoder capaz de desestructurar el poder del capitalismo".

En resumen, parece que Hardt y a Negri no consideran aún suficiente los embates del poder político a las vidas, propiedades y libertades de las personas, ya que recomiendan el establecimiento de un régimen en el que no tenga sentido la justicia según la clásica definición de Ulpiano de "dar a cada uno lo suyo" puesto que "lo suyo" deja así de existir, eliminando simultáneamente la posibilidad de asignar los siempre escasos factores productivos a las necesidades más urgentes que demanda la gente. A los embates que constantemente recibe la libertad por parte de las prepotencias gubernamentales, los autores de este libro proponen acelerar el ritmo en dirección a una mayor regulación y asfixia de las personas.

© AIPE Alberto Benegas Lynch (h) es vicepresidente-investigador Senior de la Fundación Friedrich A. von Hayek de Argentina.

Número 12

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