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Contra el libre comercio

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En mayo del año pasado, el presidente George W. Bush expresó solemnemente: 'La apertura al comercio no es sólo una oportunidad económica; es un imperativo moral'. ¡Bravo, Mr. Bush! ¡Así se habla! Pero creo que sería mucho mejor aún si pusiera en práctica lo que dice, ya que me temo que le está sucediendo como al padre Gatica, que predica pero no practica. Tan sólo el mes pasado, el presidente norteamericano sancionó una ley que autoriza 190.000 millones de dólares en subsidios a los agricultores estadounidenses en los próximos 10 años. Eso es vergonzoso, pero también peligroso, porque, además de ser una ley terriblemente injusta con los agricultores de los países menos desarrollados, pone en peligro la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que el mismo presidente norteamericano promueve. El ALCA está supuesto a ser en el 2005 un gran bloque de libre comercio que se extendería desde Alaska hasta la Tierra del Fuego.

Los que creemos en la libertad, creemos también en el libre comercio porque es bueno para todos, especialmente para los países más pobres. Ahí está México para demostrarlo. Hace dos décadas era el exportador número 25 en el mundo y ahora es el séptimo, gracias al Tratado de Libe Comercio que firmó con Estados Unidos y Canadá en 1993. Por eso estamos a favor del ALCA y en contra de los subsidios a la agricultura que impiden que los productos agrícolas de nuestros países puedan entrar en Estados Unidos a precios competitivos. Curiosamente, la izquierda populista latinoamericana también critica la ley agrícola estadounidense, pero su posición es inconsistente y paranoica. Es inconsistente porque de forma simultánea se opone al ALCA -;la expresión máxima del sistema de libre mercado, o capitalista, que tanto detesta-;, y es paranoica porque, si la recién aprobada ley agrícola pone al ALCA en peligro, tendría necesariamente que aplaudirla.

La ley referida atenta contra el ALCA porque países como Brasil, por ejemplo, que han desarrollado una agricultura moderna y competitiva, no estarían dispuestos a ingresar si sus productos agrícolas no pueden tener acceso al mercado estadounidense. Y eso no es todo, porque Estados Unidos ha tomado este año otras medidas que amenazan la creación del ALCA. La protección arancelaria que recientemente se le dio a la industria del acero es una de ellas. Se supone que Bush cree en el libre comercio, pero le ha faltado coraje para enfrentarse a los poderosos grupos de interés y de presión que giran en torno a la agricultura y a ciertos sectores industriales.

Pero no sólo el ALCA peligra. Mike Moore, director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC) -organización que trata de reducir y eliminar las barreras al comercio mundial- dijo en México el mes pasado que la actual ronda de negociaciones que se inició el año 2001 en Qatar y que debe concluir en el 2005 está en peligro si no se resuelve el asunto de los subsidios agrícolas. Al respecto, hay que estar claros que no sólo Estados Unidos hace uso de ellos, sino también la Unión Europea y Japón.

El proteccionismo -del cual los subsidios son solamente una de sus tantas expresiones- ha existido siempre como una formidable barrera al desarrollo. La prestigiosa revista inglesa The Economist fue fundada en 1843 para luchar en contra de las leyes que protegían a los productores ingleses de maíz. En la actualidad sigue siendo una gran defensora del libre comercio. Los empresarios -contrario a lo que algunos creen- no son necesariamente defensores de la libertad de comercio. Con frecuencia sucede todo lo contrario. Muchos de ellos, una vez que han logrado un nicho de mercado, cabildean y presionan a sus gobiernos para que los protejan de la competencia extranjera.

Pero el mundo sólo puede progresar si es libre, y sólo puede ser libre si hay libertad de comercio. Lamentablemente, en la actualidad se siente por todas partes un marcado incremento de las tendencias proteccionistas. Ya no sólo es Estados Unidos el que hace uso de legislación antidumping para frenar la competencia y el libre comercio. Muchos otros países están haciendo lo mismo, poniendo en peligro los avances logrados hasta ahora. Es sumamente importante, por lo tanto, retomar, explicar y defender los argumentos en pro del libre comercio y evitar caer en la tentación proteccionista que fomenta la miseria.

© AIPE Jorge Salaverry es corresponsal de AIPE y miembro del consejo editorial del diario La Prensa.

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